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El escrache a los “monjes negros”

Las palabras de Ricardo Quintela han golpeado en el corazón de los ultra, pro y hasta anti de cualquier proyecto político. Como un viejo zorro de la política, el intendente le habla a la gente, como así también, y últimamente en la mayoría de los casos, a la dirigencia justicialista y hasta opositora.

Al asegurar que las empresas estatales SAPEM son “un monumento a la corrupción” y le pone énfasis que “cuatro o cinco vivos se han beneficiado”, da un mensaje político para que se escuche en la Legislatura, la caja de resonancia del bederismo, como en las demás intendencias, que hasta ahora le han avalado todo al Gobernador.

No lo dice, pero en política se interpreta que detrás de las operaciones de las SAPEM hay “monjes negros”, que han existido y seguramente existirán, pero hoy tienen un protagonismo importante, aunque lejos de la cuestión mediática.

Los “monjes negros” son aquellos que compran, venden, arman, desarman, impulsan y bajan iniciativas oficiales, y los ejemplos sombran con contactos empresariales para hacer compras del Estado, pero en la foto oficial no están.

Así en la proliferación de la conformación de las SAPEM se han incorporado a las políticas gubernamentales muchos críticos de café, pero que son empleados con suculentos sueldos, que salen de lo que ellos se oponen públicamente.

Por eso, los “monjes negros” se han puesto muy nerviosos, ya que sus nombres están en los decretos publicados (no todos) en el Boletín Oficial, que hasta los propios legisladores se desayunan con los apellidos.

Hay caras de asombro que podrían terminar en alguna historieta, ya que –salvo algunas excepciones- son quienes no han levantado las mismas banderas en sus respectivos departamentos.

Por lo cual, las empresas del Estado se encuentran en todos lados, a través de los cerdos, pollos, vacas, alfalfa, tomate, melón, vinos, entre otras tantas.

Es decir que las SAPEM no son solo Luis Beder Herrera, él las impulsa y las avala, y por una cuestión de tiempo es imposible hacerle un control; o sea son los integrantes del directorio quienes llevan adelante el proyecto, con perfil bajo y lejos de la defensa del proyecto político que tomó fuerza en el 2007 que derrocó al malo de Ángel Maza.

Eso ha generado un caldo de cultivo que Quintela ha empezado a explotar y que ha llevado a reuniones formales e informales del oficialismo, ya que ven que son los únicos que han levantado los escudos a las críticas a la gestión gubernamental, cuando otros disfrutan de las mieles del poder, aunque hayan estado en la vereda opuesta.

De esa forma, los diputados en la intimidad disfrutan del escrache de los “monjes negros” a la hora de leer los decretos, por el cual se han conformado las SAPEM debido que una de las premisas de esos “monjes negros” (no políticos) es caminar por los subsuelos, por los sótanos del poder y solo hacerse ver una vez por mes en la finca La Seis para pedir alguna aprobación.

Y el discurso quintelista sigue su curso en el año de posicionamiento cuando en el 2013 se renueva el 50 por ciento de la Legislatura, un ámbito de “control” del Poder Ejecutivo, hoy muy lejos de eso. Y además están en juego dos bancas de diputados nacionales.

Si se toma palabras oficiales del secretario Legal y Técnico de la Gobernación, Alberto Paredes Urquiza, que en La Rioja hay conformadas 27 SAPEM, se puede hacer una ecuación política muy fácil. De allí podría salir un ejército –a través de sus respectivos directorios, pero ninguno de ellos son políticos, salvo el radical José Luis Bellia (dueño y presidente de Agroandina SA), pero que ya dijo que no votaría al justicialismo.

Entonces se da una disyuntiva o mejor dicho una discusión cada vez más fuerte de saber cuál es el verdadero objetivo de las SAPEM, ya que si es por generación de puestos de trabajo es muy baja y cara, y si se proyecta para el futuro, dicho futuro está en las urnas del 2013 (donde se juega el poder legislativo) y el otro futuro es el cuarto oscuro del 2015 (donde se juega el poder, de los cuales el ejército que integran las SAPEM saben muy poco de política y salvo algún caso, abandonarán el barco antes que llegue a puerto).

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