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Investigación de DiarioVeloz.com: Menem Jr. y la pregunta del millón, ¿Hubo genocidio?

Entre el 22 de noviembre de 1963 que asesinaron al Presidente norteamericano John F. Kennedy y los 20 años que le siguieron, murieron no menos de 14 personas entre testigos y gente que pudo haber sabido asuntos vinculados a la conspiración de aquel magnicidio. 
Carlos Menem Juniors murió tras la caída del helicóptero que lo trasladaba a Rosario junto a su acompañante Silvio Oltra el 15 de marzo de 1995. En los 4 años subsiguientes el número de personas muertas misteriosamente alcanzó a contabilizar no menos de 15, todos relacionados de una u otra forma a la tragedia.

La manipulación informativa alrededor de la muerte del hijo del entonces Presidente de la Nación fue brutal y hasta maliciosa. Muchas tesis e hipótesis conspirativas se barajaron alrededor de la caída de la nave, pero lo cierto fue que nada de eso pudo revertir la investigación judicial que cerró el caso deduciendo que los fallecimientos de Menem (Juniors) y Oltra fue obra de un accidente y no de atentado criminal.  La manipulación posterior del cadáver del hijo del Presidente es harina de otro costal, que no hace a la causa en sí de su muerte.

Pero entonces, ¿a qué se debió ese cúmulo de fallecimientos que estadísticamente superó en tiempo y en cantidad a las producidas post asesinato del Presidente Kennedy ya hace cuatro décadas?

Veamos un par de ejemplos dignos de un film de suspenso. Lorenzo Epifanio Siri, cuidador del campo de la familia Sivori donde se precipitó el helicóptero, dijo haber escuchado tres explosiones antes de la caída, además de haber visto que sacaban de los restos siniestrados una bolsa que creyó era azúcar (polvo blanco) y dinero. O sea, estaba en el lugar del hecho.

Lorenzo Siri le contó temeroso a periodistas de Ramallo que se le acercaron un par de extraños en el mismo campo y le dijeron: «Viejito, vos te mandás a mudar de acá porqué no viste nada, sino… sos boleta».

Poco después cruzó ebrio la ruta 9 y murió atropellado por un auto que se escapó sin detenerse. ¿Accidente casual?

Otro caso no casual. Miguel Lucow, perito de la Fuerza Aérea, llamó a la fiscal Sívori para decirle que la caída del helicóptero no fue accidental y le pidió declarar en la causa. Ángel Daniel Antakale lo asesinó en ocasión de robo pero nunca le llevó la billetera. Tres meses después del crimen apareció con la firma de Lucow un peritaje en el cual el muerto dictaminaba que la causa de la caída había sido accidental. Ese papel estaba fechado después de su muerte.

Antakale, el asesino de Lucow, murió días después sin llegar a declarar por el crimen que se le adjudicaba.

Hugo Raúl Bocolino era un camionero que cargaba combustible en la estación de servicio próximo al lugar donde se estrelló la nave (ruta 9, kilómetro 211.5). Vio la escena y llamó a su mujer (aún no se sabía quienes eran las víctimas). Dijo (según contó después su viuda): «Beatriz, ha ocurrido algo terrible, fui testigo de un hecho que me asusta. Ahora no puedo hablar pero el viernes cuando regrese a casa te cuento». Ese viernes nunca llegó, antes se disparó en la cara –supuesto suicidio-, y se llevó el secreto a la tumba.

El primer médico que atendió de las heridas a Menem y Oltra fue el Doctor Martínez, del nosocomio de San Nicolás.  Fue asesinado a cuchilladas tres meses después de la muerte del hijo presidencial y su acompañante fortuito.

Un agente de inteligencia (nunca se supo si perteneció a la SIDE o al SIN, servicio de inteligencia naval),  de apellido Cortese (tampoco se sabe si fue real o seudónimo), le dijo a Zulema Yoma que tenía una grabación captada por onda aeronáutica en la que Carlitos Menem gritaba «me están tirando, me están tirando».

Pedía mucho dinero por esa grabación. Después de eso viajó a Córdoba con su hijo adolescente y llamaron a su ex mujer diciéndole que había fallecido, que viajara a retirar los restos.

La mujer llegó a buscar a su hijo y los restos de Corteses cuando vió impávida que le entregaban un cofre con cenizas. ¿Quién dio la orden de cremar los restos sin autopsia previa ni autorización?

«No pregunte señora»,  le advirtieron con el chico delante.

Así llegamos a sumar 15 historias, todas de igual magnitud.

No fueron muertes ni crímenes accidentales, pero si no hubo más que conspiraciones jamás probadas en el expediente que llevó el juez de la causa Villafuerte Ruzo,  quien primero cerró la causa y tiempo después dijo que la reabriría pidiendo colaboración investigativa a expertos del FBI. Nunca ocurrió y con el tiempo y cambio de gobierno el hecho cayó en el olvido.

El misterio de la «tercera pasajera» que subió en su origen al helicóptero dejó de ser un misterio cuando el autor de este informe relató en el programa «Memoria» que conducía Chiche Gelblung que se trató de una modelo y automovilista a quien trasladaron hasta un campo en la zona norte del Gran Buenos Aires (¿las tierras pertenecían al traficante de armas Al Kassar?, eso se dijo mucho después pero no agrega ni quita nada al episodio). El juez Villafuerte Ruzo tomó declaración a esa «tercera pasajera» quien en un rapto de amnesia dijo haber olvidado si estuvo en la nave que después se siniestró. Las perforaciones de balas en el fuselaje del helicóptero  parecen haberse realizado cuando éste fue casi desguazado y repartido en varios lugares de Ramallo.

Las muertes están ahí, sin resolver el enigma de la suma de fallecimientos. ¿Fue algún organismo del Estado quien hizo inteligencia sobre esas personas y se ocupó de hacerlas desaparecer? Si fue así, ¿estamos en presencia de un genocidio y como tal el hecho nunca prescribió? Y si no hubo atentado, ¿porqué las muertes en serie?

Cuando ya gobernaba el país Fernando de la Rua le preguntamos a un agente de la SIDE -hoy retirado- sobre aquel misterio inconcluso de las muertes en escala.

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