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Análisis: El divorcio de la sociedad

8367824551_3b7bf32a0bHubo un vacío evidente y hasta puesto de manifiesto en voz baja por parte de la policía en torno al abandono de la buena de Dios de lo que sucedía dentro y fuera del Servicio Penitenciario Provincial.

Los guardia cárceles cumplían su misión, pero dentro del penal, mientras que afuera era tierra de nadie y entre la valentía de las fuerzas policiales y el preocupante descontento de una buena parte de la sociedad con todos, hasta con los propios periodistas.

Por más de 10 horas solo fueron versiones buenas y malas intencionadas cuando los familiares copaban el ingreso del penal. Decenas de perdigones de goma se tiraron para frenar la horda de familiares de internos y luego de bandas de jóvenes, excluidos de la sociedad, que descargaron todo su odio contra la Policía.

Entre piedras y balazos de goma, las pandillas le gritaban con nombre y apellido a los miembros de las fuerzas. Es decir para unos y otros no eran desconocidos. Seguramente se habrán enfrentado en otras oportunidades.

Pero ese vacío llevó que una familia esté de luto, de alguien que tuvo la mala suerte de vivir en la misma calle que se dieron los hechos en torno a la rebelión de la cárcel riojana.

Es verdad que hay que diferenciar: por un lado los familiares y por otro los revoltosos, esos mismos que hacen número en los actos políticos. Sin embargo, el trágico desenlace se dio a menos de 100 metros en donde decenas de policías trataban de preservar el orden.

Hoy la sociedad le ha hecho el mismo vacío que se dio durante todo el jueves en el barrio Las Ágaves. Esa gente es la misma de los sondeos de opinión y hoy aquí hay un problema social grave, que no se soluciona con discursos para el diario ni la radio y menos para la televisión.

Hay ciento de jóvenes de la clase “Ni” o “Nada”, cuya vida transita por estar sentado en una esquina o cometer algún delito para pasar el día.

La represión lleva a más represión y por eso, se debe articular planes para hoy, no para mañana. Dejar de una vez por todas de politizar las protestas o el desencanto de la sociedad, y ponerse a trabajar con responsabilidad.

Lo que pasó en la cárcel no fue que nació el jueves, es una problemática que se acentuó hace más de una semana, pero que viene desde hace un tiempo. Como dice el ministro Felipe Álvarez, la cárcel “no es un hotel”, pero tampoco debe ser un infierno, ya que esos internos hoy, mañana o pasado nuevamente deben reintegrarse a la sociedad.

Tampoco en forma liviana se puede apuntar con el dedo acusador a sectores políticos, en este caso del intendente capitalino Ricardo Quintela, por alguien, en este caso Álvarez, que a la hora de los acontecimientos que se encontraba a cientos de kilómetros de su despacho –fue traído de urgencia- y solo habló de lo que le habían dicho, muchos que también no estuvieron.

El murmullo social de lo que alguna vez se habló, ya son hechos concretos y las fotografías están frente al Servicio Penitenciario. Hay una ausencia del Estado en las premisas básicas, como pasó también con la falta de control en las “flamantes” viviendas del barrio Néstor Kirchner, integradas al Plan Clase Media, que hoy están humedecidas y muchos de sus adjudicatarios piensan venderlas o canjearlas, tras haber colocado allí ahorros de toda la vida.

Lo peor que puede pasar es no querer ver la realidad. Cuando se asume un cargo es por 24 horas, no hay horarios ni tampoco vacaciones, ya que el Estado nunca sabe de verano o invierno.

Aquí se debe abandonar los discursos de ocasión y tratar que no vuelva a suceder en una pequeña provincia, donde los recursos abundan, pese que se dice lo contrario. La provincia es un barrio de cualquier partido de la provincia de Buenos Aires y hoy tiene los mismos o en algunos casos, más problemas.

Se debe acabar con sindicar cualquier opinión con una cuestión política. Y hay que hablar en forma clara y saber que en verano llueve y eso trae consecuencias, por lo cual no se puede abandonar el cargo.

Hay que saber también que en el 2013, solo uno de cada 10 riojanos se fue de vacaciones por una cuestión económica, por lo tanto el Estado debe estar más que atento, en todo, especialmente en la seguridad y salud, como los servicios de agua potable y energía eléctrica.

Hay un divorcio de la sociedad con las autoridades, como con los medios. Lo del jueves es un triste llamado de atención que algo no funciona, no solo en el sector Este sino también en toda la Capital y más aún, por las distancias, en el interior.

Se ha formado una nueva clase social, los “Ni” o “Nada”, grupos de entre 10 a 18 años, que ven que la riqueza solo beneficia a unos pocos y excluye cada día a sus abuelos, padres y a ellos.

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