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Se cumplen 10 años de la renuncia de Menem al ballotage con Kirchner

Un día como este martes 14 de mayo, el riojano daba un paso al costado en la elección con el santacruceño. Ambos candidatos contaban con un pequeño margen de votos. Se frustraba la segunda vuelta. 600x0_663502

“Como decía la compañera Evita, renuncio a los honores y a los títulos pero no a la lucha”. Así arrancaba el spot del ex presidente Carlos Saúl Menem, que se difundió masivamente el 14 de mayo de 2003. Pese la alicaída imagen que tenía por entonces, el candidato justicialista fue votado mayoritariamente con el 24,45% de los votos. Su competidor era un ignoto Néstor Kirchner, desconocido por la opinión pública. El por entonces gobernador de Santa Cruz llegó a obtener el 22,24% de los sufragios emitidos con el apoyo del presidente saliente Eduardo Duhalde, que lideraba una fracción mayoritaria del Partido Justicialista.

Todas las listas obtuvieron guarismos bajos. Detrás de Menem y Kirchner, en el tercer puesto se ubicó el centroderechista Ricardo López Murphy, quien fuera ministro de Defensa y Economía del ex presidente Fernando de la Rúa (1999 – 2001) con el 16,79% de los sufragios; en tanto que en el cuarto lugar se posicionó Adolfo Rodríguez Saa, que obtuvo el 14,11% de los votos. En el quinto, Elisa Carrió obtuvo casi un empate técnico con el puntano, logrando el 14,05 % de adhesión.

El insuficiente apoyo electoral de las fórmulas Kirchner-Scioli y Menem-Romero, sumado a la brecha tan pequeña entre ambos contendientes, forzó al ballotage. El sistema político exige un umbral mínimo de votos del 40% para la primera fórmula electa, y una diferencia del 10% con la segunda más votada. Una ironía del destino. Este mecanismo electoral, sancionado en la reforma constitucional de 1994 acordada entre Menem y el fallecido Raúl Alfonsín en el Pacto de Olivos, sería la limitación que zanjaría las posibilidades del actual senador. Oficializó su renuncia el 14 de mayo a las 19, decisión que cristalizó de manera definitiva el fin del consenso neoliberal tras la salida de la convertibilidad.

«Hoy más que nunca la Argentina requiere contar con un poder político imbuido de la más plena y transparente legitimidad democrática. Lamentablemente, considero que este objetivo absolutamente necesario no está garantizado con el cumplimiento de la segunda vuelta electoral prevista para el domingo 18 de mayo», explicaba el riojano. La causa principal de su dimisión radicaba en el desprestigio que llevaba a cuestas. Junto a Fernando de la Rúa, el ex presidente era considerado por sectores mayoritarios de la población como uno de los responsables de la debacle económica y social que tuvo su punto cúlmine en las protestas del 2001. Los saqueos, piquetes, asambleas vecinales, tomas de fábrica y cacerolazos reflejaron en las calles la crisis de representación política que se sintetizó en la proclama “Que se vayan todos”.

Por el 2003, las encuestadoras daban un triunfo abrumador del candidato patagónico en una eventual segunda vuelta. De once consultoras sondeadas, “nueve sostienen que Kirchner se impone en el ballotage con bastante holgura y los otros dos también tienen el mismo diagnóstico, aunque evalúan que si Menem llegara a ganar por una diferencia de seis o siete puntos el 27 de abril –algo que no registran hasta ahora– podría ganar también en el ballotage”, reza una nota del diario Página 12 con fecha del 6 de abril de 2003.

La diferencia entre los adversarios para un futuro desempate se proyectaba en torno a los 30 puntos. Artemio López, de la consultora Equis, sostenía que el rechazo trepaba al «55 por ciento de los votantes», que aseguraba que «no lo votaría nunca» al riojano. Un diagnóstico similar lo estimaba la encuestadora Graciela Romer y Asociados, que aseveraba una derrota para el ballotage al dos veces presidente, según La Nación del 27 de marzo de ese año.

En este contexto de quiebre y de no retorno político, Menem evaluó sus escasas posibilidades para vencer al santacruceño. «La existencia de una campaña sistemática de difamación y calumnias contra mi persona orquestadas desde el comienzo del gobierno de la alianza y continuada durante el actual gobierno (duhaldista) de transición ha generado las condiciones para que una importante franja de la opinión pública se pueda ver virtualmente sometida esta vez al acto de  violencia moral de tener que escoger un candidato presidencial al que apenas conocen y en el que no confían”, argumentaba en el mensaje televisivo.

Tras conocerse la renuncia, el flamante presidente electo Néstor Kirchner despotricó públicamente contra su adversario, a quien lo calificó como «cobarde».  «Las encuestas que unánimemente le auguran una derrota sin precedentes en la historia electoral de la república permitirán que los argentinos conozcan su último rostro: el de la cobardía. Y sufran su último gesto: el de la huida”, dijo. Y agregó que la dimisión del riojano «apuntaba a mostrar débil y frágil al gobierno que se inicia».

Menem concluía en su mensaje: «Por estos motivos, estimo conveniente no participar en esta segunda vuelta electoral. Comprometo desde ya todo mi respaldo y colaboración con las nuevas autoridades constitucionales para defender a rajatabla la estabilidad del sistema democrático. A los millones de argentinos que me acompañaron con su voto, a todos ellos les digo que los llevo en mi corazón, que no bajaré los brazos, y que pueden tener la absoluta seguridad que no abandono la lucha política, que ha sido y es la existencia de mi vida». Con ese discurso, sentenciaba para siempre su regreso al sillón de Bernardino Rivadavia y daba paso a la década kirchnerista.

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