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Regreso fugaz de cúpula del PJ: perdón, traidores y bendiciones

Catorce gobernadores y una ristra de dirigentes, cada uno bendecido por el cacique de cada comarca, se citarán convocados por la única versión activa e institucionalizada del PJ nacional, el instituto Gestar, clan que apadrinó Néstor Kirchner, preside el sanjuanino José Luis Gioja y gerencia el titular de la ANSES, Diego Bossio.

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El Mangrullo, un emblema de la gastronomía peronista, recinto de tramas y conspiraciones, se abrirá este miércoles a la hora del té para que el PJ celebre una ceremonia profana de amnistía a Daniel Scioli, el elogio a Cristina de Kirchner y el respaldo, con su dosis de castigo a «los traidores», a quienes habitan las boletas del dispositivo K.

Catorce gobernadores y una ristra de dirigentes, cada uno bendecido por el cacique de cada comarca, se citarán convocados por la única versión activa e institucionalizada del PJ nacional, el instituto Gestar, clan que apadrinó Néstor Kirchner, preside el sanjuanino José Luis Gioja y gerencia el titular de la ANSES, Diego Bossio.

La parrilla que mutó a virtual centro de convenciones al mismo tiempo que cambió de piel -fue búnker menemista, reducto de tertulias duhaldistas y ahora cobija a eméritos ultra K (la mayoría de los comensales fueron los mismos en estos 20 años pero fueron mudando de demiurgo)- mostrará a la cúpula del PJ nacional, a través de los caciques territoriales, alineado con la Casa Rosada en un apoyo explícito a la oferta electoral del FpV.

Mancha venenosa

Para Scioli, anfitrión simbólico, es una silenciosa degustación de venganza. Recién ayer, en marzo, vía Gestar el kirchnerismo extremo convocado por el entrerriano Sergio Urribarri juntó en Paraná a los gobernadores del peronismo K pero excluyó, a modo de desprecio, al bonaerense.

Aquella mancha venenosa ya la había ensayado la filial bonaerense de Gestar, comandada por Julián Domínguez, que reunió al Grupo Santa Teresita en el verano y, como luego en Entre Ríos, no mandó invitaciones a Scioli ni a los sciolistas.

Mañana a media tarde, como un jefe bis de la campaña K, el gobernador compartirá el podio de los celebrantes del encuentro junto a Gioja y a Martín Insaurralde, el candidato top del kirchnerismo en la provincia, que será posiblemente el orador final de la jornada.

Cambios del viento, nomás. Tras la kirchnerización de Scioli, (o la sciolización del kirchnerismo), el peronismo oficial maldice en estos días a otros descarriados, esos que Sergio Massa juntó y que poco antes de su muerte visitó Kirchner para proponerles ser una de las tres variantes K, con perfil crítico, centrista y silvestre, -las otras, serían la oficial y la «progre» del sabbatellismo para cubrir todo el arco ideológico- pero parte de una táctica para volver, el patagónico, a la presidencia en 2011.

A su modo, además del ritual de venerar a la Presidente, un procedimiento protocolar en el PJ -leerán un documento vindicatorio de la «década ganada»- los gobernadores rodearán a Scioli en una coreografía del perdón que perfila algo de tiempos por venir, no porque prometa respaldos futuros, sino por el más simple mecanismo de premiar a los que «permanecieron» por sobre los que se fueron.

Hay, quizá, otro subtexto en esa conducta. Massa, en Buenos Aires, conformó su scrum con un puñado de intendentes y revitalizó el concepto de «mesa política» pero, fuera de eso, se nutrió de dirigentes residuales. El statu quo del peronismo, en especial después del pacto con Mauricio Macri que el tigrense quiso invisibilizar, imagina que la expansión nacional del tigrense será sobre las bases del PJ disidente como fue, con matices, en el plano bonaerense.

Anoche, se daba como confirmados a catorce gobernadores peronistas. Además de Urribarri, armador de la cumbre anti-Scioli de Paraná, anotan a Jorge Capitanich (Chaco), el mendocino Francisco «Paco» Pérez que relanzó la propuesta de reforma constitucional, el jujeño Eduardo Fellner, Gildo Insdrán (Formosa), José Alperovich (Tucumán), Juan Manuel Urtubey (Salta), Oscar Jorge (La Pampa), Martín Buzzi (Chubut) y el riojano Luis Beder Herrera.

También los kirchneristas no peronistas Gerardo Zamora de Santiago del Estero y Maurice Closs de Misiones. Sobre la hora, podrían sumarse el neuquino Jorge Sapag y el rionegrino Alberto Weretilneck. Afuera, de manual, quedan los comandantes de peronismos focales que no reportan a Olivos. José Manuel de la Sota (Córdoba), el puntano Claudio Poggi y Daniel Peralta de Santa Cruz.

Con la ilusión de sumar un gobernador a la grilla amiga, se dará un trato preferencial para Carlos «Camau» Espínola, el intendente de Corrientes, que en unas semanas tratará de ganarle la gobernación a Ricardo Colombi en Corrientes.

En un doble gesto de gentileza, además de sentar en la apertura a Alejandro Granados, propietario de El Mangrullo, se reservó una butaca para que Fernando Espinoza, el intendente de La Matanza, hable sobre los 10 años de kirchnerismo.

El staff, reservado para mil dirigentes, se completará con intendentes bonaerenses, legisladores -Carlos Kunkel y Andrés «Cuervo» Larroque, entre otros- además de funcionarios. Quizá, al final, canten la «marcha peronista», melodía exiliada de la campaña K.

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