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Liga PJ irrumpió en la «interna» bonaerense entre indicios 2015

En El Mangrullo, la cumbre de GESTAR -refugio colector del peronismo ante un PJ hibernante en Matheu 130- aportó como dato inédito la intromisión de la comandancia territorial de todo el país en la elección bonaerense que es, a su modo, una interna peronista.Liga PJ irrumpió en la

«Acá los matamos a votos, los matamos».

Fernando Espinoza masticó un diagnóstico visceral, pero huérfano de datos fríos para saciar la intriga que, al oído, le susurraron José Luis Gioja y Luis Beder Herrera.

Los caciques andinos atajaron al matancero a metros de la entrada a la carpa de El Mangrullo bajo la cual, minutos después, el peronismo K se entregó a un triple ritual: veneró a Cristina de Kirchner, amnistió a Daniel Scioli y respaldó a Martín Insaurralde, candidato del FpV bonaerense.

El interrogante fue el que se traficó en cada charla. Cuando, con Scioli y Gioja en la cabecera, los gobernadores compartieron una mesa grande en la previa del acto de GESTAR, luego en las bilaterales al pasar y al final, en medio de los tentenpié de despedida, tras la catarata de discursos e invocaciones.

Insaurralde, que parece disfrutar la marquesina a la que lo subió la Presidente, fue el más buscado y aplacó la ansiedad de los visitantes.

-Yo lo dije desde el primer día: vamos a ganar.

-¿Pero cuánto sacamos, Martín? -le pidieron precisiones, incrédulos.

-Vamos a sacar más de 35 puntos.

Silencio.

-35 en agosto. Después, en octubre, más.

El lomense es más optimista que Scioli. No es poco. Menos exitista, el gobernador habla de una pulseada voto a voto y los sondeos que lee en La Ñata pronostican una distancia, todavía, de cuatro puntos.

Extraterritoriales, el jujeño Eduardo Fellner, el misionero Maurice Closs y Gioja hicieron sus diagnósticos públicos. El más explosivo fue Closs, que recordó que en 2007 cuando oficializó su candidatura lo daban abajo por 10 puntos. «Y gané, dijo y aventuró una victoria contra Sergio Massa con una diferencia del 10 puntos.

Asperezas

En El Mangrullo, la cumbre de GESTAR -refugio colector del peronismo ante un PJ hibernante en Matheu 130- aportó como dato inédito la intromisión de la comandancia territorial de todo el país en la elección bonaerense que es, a su modo, una interna peronista.

Excepto Gildo Insfrán, que se disculpó por nota, y Jorge Capitanich, que llegó tarde, todo el cacicazgo peronista, de sur a norte, se cuadró con Insaurralde contra Massa. Fueron trece gobernadores: de Martín Buzzi, de Chubut -que habló del 35% de indecisos en su provincia para alentar una victoria sobre Mario Das Neves- al tucumano José Alperovich, que curiosamente gambeteó un pronóstico sobre el resultado electoral en su provincia.

El desfile no fue protocolar. De hecho, los tres oradores visitantes -Fellner, Closs y Gioja- le dedicaron párrafos ásperos al tigrense desafiante. «No hay que elegir la copia, hay que elegir el original», zamarreó el jujeño.

Gioja, al rato, bramó. «Hay algunos pavos que dicen que el modelo está agotado…, qué va a estar agotado». Antes, Closs, en nombre de los otros caciques, llamó a que «los tucumanos, los entrerrenianos, los correntinos y misioneros que viven en Buenos Aires vayan a votar a Martín».

A su vez, los generales del PJ ensayaron, más allá de sobreactuación, un ejercicio público de perdón a Scioli al que apenas tres meses atrás, en marzo, castigaron en Paraná durante la cita de GESTAR de la que el bonaerense fue explícitamente excluido.

Sergio Urribarri, anfitrión de aquella tenida y artífice visible de la no invitación a Scioli, ayer fue un protagonista furtivo. Llegó sobre la hora y se metió a las corridas en un salón y apenas terminó el acto se escabulló, veloz, tras bambalinas.

A su modo, Scioli se vanaglorió de cómo aquel desprecio mutó en los elogios de ayer. Entre menciones a Cristina y elogios a Insaurralde, ensalzó la unidad y detalló que la disputa en la provincia de Buenos Aires le permite demostrar su lealtad.

«Ahora puedo mirar a Néstor a los ojos ahí -dijo señalando un megaafiche de Kirchner y decirle: ‘Flaco, conmigo no te equivocaste, acá estoy defendiendo el proyecto y junto a Cristina'».

Mandó, para entendidos, otro buscapié: «Ningún proyecto personal puede atentar contra el proyecto colectivo», alardeó en un innominado pase de factura a los portavoces K que hasta hace un mes le imputaban desmarcarse del «modelo» por egoísmo.

La Liga

El encuentro en El Mangrullo anudó, además, otros cabos. No sólo vindicó a Scioli y apoyó a Insaurralde, sino que resucitó la Liga de Gobernadores con un índice de pureza pocas veces visto en la década K. El único ministro cristinista fue Juan Manzur, que en rigor es más candidato que funcionario, y en el escalón siguiente figuró Diego Bossio, titular de la ANSES, a quien Kirchner en su momento puso a gerenciar GESTAR.

No hubo, tampoco, vestigios de neocamporismo. Aunque estaba invitado, el diputado Andrés «Cuervo» Larroque, mandamás orgánico de La Cámpora, no se corrió hasta Ciudad Evita junto con los legisladores nacionales y provinciales, y la ristra tumultuosa de intendentes que se amontonaron en el vip de la carpa mientras, detrás de las vallas, quedaron militantes y dirigentes de rango menor.

La hiperperonización del show -Gioja, en un discurso casi prepresidencial, habló más de Perón y Evita que de los Kirchner, y más de justicialismo que de «modelo» K- esconde sus mensajes cifrados sobre continuidades y herencias.

Sobre el escenario había muchos aspirantes. Scioli, Gioja, Urribarri y el salteño Juan Manuel Urtubey figuran entre los más animosos. El quinto de ese póker hereditario, Capitanich, llegó, demorado por el tránsito, para el saludo final sobre las tablas, donde se mezcló con Gerardo Zamora y Carlos «Camau» Espínola, intendente de Corrientes capital que el 15 de septiembre próximo tratará de quedarse con la gobernación que ahora ostenta el radical Ricardo Colombi.

La pertenencia la sintetizó Fellner cuando contó que el 1 de agosto de 2003, Kirchner estuvo en Jujuy y le pidió ayuda a la Pachamana. «Ahora le vamos a agradecer a la Mama Pacha, como le decimos nosotros, por estos 10 años, y le vamos a pedir 10 años más», dijo Fellner y disparó uno de los aplausos más estruendosos.

Como un detalle, una pincelada, mientras los actos y spot del FpV prescinden de la Marcha Peronista, ayer sonó primero en forma instrumental y con ritmo litoraleño y al final se cantó, a capella, dos veces.

Al final, sonó «Un día perfecto» de Estelares.

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