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Fiesta de los radicales y sus socios: consiguieron sacar la cabeza del agua

Milagro de la virgen de Anillaco: con Julio Martínez a la cabeza los radicales se impusieron al peronismo en La Rioja, por primera vez en al menos cuatro décadas. Además volvieron a ganar en Catamarca con Brizuela del Moral, pelearon voto a voto en Jujuy, y quedaron segundos en Córdoba, Chaco y media docena de provincias más.Fiesta de los radicales y sus socios

Tanto se habla de Massa y su triunfo en la Provincia, tanto de Cristina y su rutilante victoria en la Antártida, tanto del voto castigo y de los más de cuatro millones de votos que perdió el kirchnerismo, que casi no queda tiempo ni espacio para hablar del volver a vivir radical en estas elecciones primarias.

Los correligionarios están de fiesta porque consiguieron sacar la cabeza del agua. Les durará mucho o poco la alegría según sean más o menos inteligentes para aprovechar el momento. Pero hoy festejan después de tantísima malaria.

¿Acaso fueron los ganadores de la elección? Por cierto les fue bien y, solos o con aliados, sacaron algo más del 23% en todo el país. Pero no hay que exagerar.

Se alzaron con un muy buen triunfo en Mendoza de la mano del renacido Julio Cobos. Lograron una victoria de fuerte valor simbólico en Santa Cruz con Eduardo Costa. Y ganaron en Corrientes con el gobernador Ricardo Colombi, que fue radical K y ahora se sacó la K y la guardó en el último cajón del último escritorio del último despacho de la gobernación.

Milagro de la virgen de Anillaco: con Julio Martínez a la cabeza los radicales se impusieron al peronismo en La Rioja, por primera vez en al menos cuatro décadas. Además volvieron a ganar en Catamarca con Brizuela del Moral, pelearon voto a voto en Jujuy, y quedaron segundos en Córdoba, Chaco y media docena de provincias más.

Es cierto también que sus votaciones más relumbrantes las hicieron en alianzas donde el protagonismo fue de sus socios. Como los socialistas de Hermes Binner en Santa Fe. O en Capital con Lilita Carrió que tiene el alma radical y con Pino Solanas que tiene el alma peronista. Los dos divos dejaron guardadas por un rato tanta palabra filosa dedicada a cortar bien finito a los dirigentes de la UCR.

La muy usada frase de Borges se aplicó en la conformación de UNEN en la Capital: no los unió el amor sino el espanto. Así, les salió una interna bárbara y sacaron más votos, todos juntos, que la boleta solitaria del PRO que gobierna la Ciudad. De paso, dejaron al kirchnerismo muy lejos y con feo pronóstico para octubre.

Si la misma premisa borgeana se aplica de aquí en adelante, a lo mejor en 2015 siguen todos juntos en este guiso de centro progresismo donde se mezclan socialdemocracia, izquierda nacional, republicanismo, una pizca de socialcristianismo, dos cucharadas de heterodoxia económica y un toquecito conservador.

Es una mescolanza muy a tono con este tiempo, en el que las identidades partidarias están bastante borroneadas y las definiciones ideológicas clásicas resisten mal el cotejo con una cultura política en cambio constante.

El partido radical, que preside Mario Barletta y tiene a Ernesto Sanz como estratega y constructor, celebra después de una larga década a los tumbos, desde que se desbarrancó el gobierno de la Alianza. En este tiempo, la diversa franja que tiene al radicalismo como uno de sus ejes tuvo unas cuantas amarguras electorales y dos buenos momentos.

Uno fue el 21,6% de Carrió en la elección de 2007; aunque en su primera consagración presidencial Cristina la duplicó en votos.

Lo mejor llegó cuando los radicales, los socialistas y Carrió se unieron en el Acuerdo Cívico Social para las legislativas de 2009. Consiguieron el 30,7% de votos en todo el país, apenas unas décimas menos que el kirchnerismo.

Pero aquella vez la noticia fue el triunfo de De Narváez sobre Kirchner en la Provincia. Eso opacó el brillo de esta coalición, que ganó alrededor de veinte diputados nacionales en aquel comicio.

Lo peor de lo peor se dio en la presidencial de 2011. La experiencia positiva de dos años atrás no les sirvió de nada. Quizás Binner se creyó Alfredo Palacios, Ricardo Alfonsín pensó que era Raúl y Carrió sintió que la poseía el espíritu de Lisandro De la Torre.

Demasiados próceres no entraban en una misma boleta y cada uno se presentó por su lado. Así les fue: Binner terminó segundo, a casi 40 puntos del 54% de Cristina. Alfonsín quedó más atrás y Carrió directamente se fue a pique.

Se ve que aquella paliza los empujó ahora a juntarse otra vez, de a poco. Mal no les fue. Y les puede ir mejor. Hay una porción muy considerable de la sociedad a la que pueden representar. Pero el mayor riesgo para ese proyecto siguen siendo ellos mismos, con su vocación por el error y cierto espanto que les agarra cuando se acercan al poder.

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