Una coincidencia enlaza, por ahora, al universo peronista: la apuesta por recuperar cuanto antes la influencia del partido y abrir un fuerte debate interno camino a la pelea presidencial.
Más que nunca, luego de la operación a la que fue sometida Cristina Kirchner y al impacto de su ausencia, en el seno del PJ advierten la necesidad de generar un colchón de poder interno en el último tramo del mandato y en la previa de la definición de los candidatos para competir bajo el paraguas del sello en lo que imaginan como una «gran primaria» en 2015.
Con ambiciones propias y sin ánimo de enrolarse por anticipado, gobernadores y dirigentes con anclaje territorial evitan fichar detrás de Daniel Scioli y Sergio Massa, las dos figuras que emergen hoy con planes presidenciales. Ambos, abrazados al calendario, intentarán el jueves próximo, Día de la Lealtad, exhibir su filiación peronista. El jefe comunal de Tigre, rodeado de intendentes, reivindicará a militantes de la resistencia. El ex motonauta rearma estas horas su agenda, después de la casi segura cancelación de un acto en Avellaneda, que había sido preparado para la Presidenta.
«Los que pican en punta antes de tiempo, no llegan», pronostica al diario La Nación un hombre cercano a Olivos, que aspira a un rol protagónico en la mesa chica del reparto del nuevo esquema. Se acomoda en el sillón de cuero marrón, apoya sus brazos y redondea: «Ni el marketing ni el liberalismo. El peronismo tiene que recuperar el sentido federal».
La mayoría de los gobernadores reconocen a Cristina como la «conductora» indiscutible de la «transición» hasta el final de su administración, aunque auguran que los realineamientos dentro del peronismo desbordarán su voluntad.
«Una vez que pasen las elecciones, nos tomamos un breve respiro y después hay que recuperar el partido», sostiene el diputado Carlos Kunkel, una de las principales espadas parlamentarias y, desde febrero, abocado a caminar la provincia con la denominada «mesa político-sindical», un espacio que busca amalgamar las bases del PJ y distintas expresiones del mundo gremial.
Hay varias propuestas preliminares para darle dinamismo al PJ: convocar a reuniones mensuales, lanzar campañas de afiliación y rediseñar la estructura. El desafío, en el corto plazo, es la renovación de autoridades, con mandato vencido desde hace más de un año.
De fondo germina otra pulseada: quiénes confluirán bajo el sello, codiciada herramienta electoral en 2015. «Cada vez que fuimos divididos, perdimos, como en el 83 y el 99», recuerda, pragmático, un histórico dirigente. Esa disyuntiva se plantea si Massa decide competir por afuera de la estructura con su fuerza, el Frente Renovador, y congrega una porción del peronismo.
Como engranaje central de su proyecto presidencial, Scioli, resistido por el kirchnerismo duro, busca adhesión entre sus colegas provinciales. Hace diez días estuvo en La Rioja, en el marco de una actividad institucional, en el que dio apoyo en plena campaña al gobernador Luis Beder Herrera. Tenía en agenda, ahora en stand by por su accidente, una visita similar a San Juan, comandada por José Luis Gioja. La gira por el interior se intensificará desde noviembre.
Scioli teje, con paciencia, el regreso de referentes enfrentados con la Casa Rosada. Su borrador incluye, entre otros, al gobernador José Manuel De la Sota, al chubutense Mario Das Neves, el salteño Juan Carlos Romero y el diputado riojano Jorge Yoma. Su límite, claro, es Massa. Ya choca, por caso, con Antonio Caló, jefe de la CGT oficial, que se mostró a favor de que el intendente de Tigre participe de la interna. En esa disputa, igual, el metalúrgico apoyaría a Scioli.
Los alcances de una «amnistía» prometen fuego cruzado. «Es positivo que haya una etapa de ebullición y debate. Pero hay límites. A ninguno de nosotros se nos ocurriría ir a la embajada de Estados Unidos a criticar a nuestro presidente», dice a La Nación, en referencia a Massa, el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, con la mira puesta en territorio bonaerense.
«Los que se fueron y formaron otro partido tienen que desarmarlo para volver. Habrá que ver. Para 2015, cada uno tiene que definirse desde el principio si va por adentro o por afuera», afirma Kunkel.
El resto de los gobernadores vigila los movimientos de Massa. Sin apresurarse, esperan que se despejen dos incógnitas: cómo reaccionará el Gobierno ante un revés en las urnas y qué señales enviará el intendente de Tigre al PJ después del 27.
«Cristina no va a hacer locuras», arriesga, como un anhelo, un mandatario, esperanzado en un giro hacia el peronismo y en medidas «racionales» en el frente económico.
En la Casa Rosada creen que Scioli será la última carta de Cristina. La unción de un candidato propio -un gobernador cercano como Sergio Urribarri, de Entre Ríos, o un funcionario de su gabinete, una opción que aparece menos viable- dependerá, consideran, en la fortaleza de su imagen pública.
Subido a la ola de votos, Massa se muestra ajeno al partido. «No me importa el sello», repite, desafiante.



