El episodio recorre el país, de sur a norte, del este al oeste: el gobernador de La Rioja se arrodilló ante el obispo Mardelo Colombo para pedir perdón por sus excesos políticos. En un gesto inusual, y casi inusual para el mundo político argentino, Luis Beder Herrera se disculpó ante la ciudanía riojana por las “prácticas clientelares” durante la campaña de la elección legislativa del 27 de octubre, lo que le permitió al FPV imponerse en las urnas por más de 700 votos.
Arrepentido, el gobernador riojano admitió haber entregado cientos y cientos de artículos hogareñas, como ser heladeras, cocinas, ventiladores, etc., etc., lo cual llevó a Mons. Colombo, al cerciorarse de lo sucedido, a fulminar al gobernador con una homilía cuyos ecos se sienten todavía, lo cual llevó a Beder Herrera a pedir perdón ante tanta obscenidad política, al tiempo que se ha juramentado ante el prelado a enmendar su error y a no reincidir en semejante conducta.
Considero que se trata de un gesto valiente y sobre todo de neta entraña cristiana el que ha protagonizado Beder Herrera, aunque tengo para mí que el suyo es la conducta habitual, reiterada, de nuestros políticos, sean de la extracción ideológica que fueren.
También por estos pagos la repartija fue mayúscula, sobre todo en aquellos cinturones sociales donde imperan la pobreza o las necesidades más acentuadas. Si no es así que me expliquen el siguiente fenómeno: ¿por qué el 27 de octubre el electorado de la ciudad le concedió la victoria al Alfredo, mientras que los que viven en los barrios optó por el oficialismo clientelar, señal inequívoca que lo de La Rioja tuvo su réplica en Gualeguaychú.
Descarten, obviamente, que el dueto oficial vaya a pedir disculpas por la repartija electoral. Ni que decir que Capitanich en El Chaco e Insfrán en Formosa vayan a arrodillarse en señal de perdón, por el descomunal y repugnante reparto de dádivas.



Debe estar conectado para enviar un comentario.