Una familia que en busca de justicia, hizo el trabajo de la Justicia. Exequiel apareció muerto una madrugada, colgando de una viga. Dijeron que fue un suicidio. La familia encontró marcas de golpes en el cuerpo del joven de sólo 20 años y comenzó a investigar. Lograron la confesión del mejor amigo de su hijo, el supuesto asesino… y hasta que la Justica reconozca que se equivocó. Aun así: con pruebas, testigos y peritos, la causa está estancada.
“¿Exequiel cuándo volvés? Mañana ma… a la nochecita, vamos a venir a comer”, fueron las últimas palabras que Carina escuchó de su hijo. Fue en la noche del viernes 15 de marzo de 2103, antes de que uno de sus hermanos lo llevara en moto a su nuevo hogar. ¿Lo esperaría? Sí, como todos los días desde que el joven se mudó a otra casa, junto a la familia que acababa de formar. Porque siempre visitaba a sus padres. Para conversar, tomar mates, contarles sobre su nueva vida al lado de su mujer y su pequeño bebé de 2 meses, Ismael.
Pero “fue el último día que lo vi…”.
Así comenzó la entrevista a Carina y Ramón. Padres de 10 hijos, abuelos de 3 nietos y uno en camino. Oriundos de San Juan, en el año 2008 decidieron radicarse en Chilecito y hoy marcaron un precedente en el Departamento: Investigaron y descubrieron el crimen de su hijo de 20 años, Exequiel, pese a que en principio, la Justicia adujo “suicidio”. Era muy querido por muchos y ese mismo año conoció a su mejor amigo Pablo Lazo. “Fueron compañeros de escuela, lo quería mucho y cuando le decíamos algo sobre Pablo, se enojaba… nunca nos cayó bien, tenía cosas que no nos gustaba…”, cuenta Carina.
Ese sábado, al igual que todos los días, ella lo esperó. Pero las horas pasaron y el desenlace fue desgarrador. En plena madrugada la policía golpeó a su puerta. Desde la ventana, vio que su marido hablaba con ellos. “Mi hijo, mi hijo”, pensó. Se levantó de la cama y en el acto se vistió.
“Venga con nosotros, su hijo está internado en terapia intensiva. Está en coma”, le dijeron los efectivos aquel domingo 17 de marzo, pasadas las 6 de la madrugada. Y ella, los acompañó de inmediato. Su marido avisó al resto de pequeños y también acudió al hospital.
Tendido en una camilla y con visibles golpes. Así encontró Carina al mayor de sus hijos varones. “Con un hilito de vida, pero con la esperanza de que se recupere. Lo tocaba y le hablaba, pero nada…”.
Al salir, todo fue rápido. Demasiado. “Entró en paro. No puede entrar”, le dijo una médica al padre que aguardaba afuera de la terapia del hospital. “7… 7 y algo… 7:30. Exequiel murió”.
“Según la policía, otro joven decidió quitarse la vida”
Fueron los titulares periodísticos de ese domingo. La noticia: “Lo confirmaron desde la Unidad Regional II, precisando que se trata de Exequiel González de 20 años de edad. Indicaron que a horas 4:50 se toma conocimiento por un llamado telefónico al 101, en la comisaría I, donde daban cuenta que una persona se habría quitado la vida en una vivienda abandonada en calle 19 de Febrero. Se habría ahorcado de una viga de la vivienda. Pudieron reanimarlo y trasladarlo al hospital con signos de vida y quedó internado en Terapia Intensiva. A las 7:20 comunican el deceso de esta persona. De acuerdo al informe médico, se habría producido una fractura de base de cráneo al intentar suicidarse ya que cuando se habría colgado de una viga, estaba un amigo y él le cortó la soga”.
Pero esta versión duró pocos días. Y para su familia, sólo un par de horas.
Sin saber por qué Exequiel llegó en ese estado al hospital, vieron cómo el cuerpo de su hijo era llevado a la morgue y sometido a una autopsia. El desenlace: “El doctor Ortiz nos dijo que se había suicidado”.
A partir de allí, lo duramente habitual. Buscar una cochería, preparar la casa, vestirlo. Pero las dudas comenzaron a surgir: “Le dije a Lucas, su hermano, que le pusiera una camisa y la corbata. Cuando lo trajeron a casa, vi que no se la habían prendido y que le había puesto la corbata arriba. ¿Por qué? Le pregunté. No pa, porque con todo lo que le pusieron en el cuello no le pude abrochar la camisa, me dijo. Era como el mediodía. Decidimos comprar unas gasas y sacarle lo que tenía, tan grueso como un cuello ortopédico, una envoltura de algodón y gasas desde el mentón hasta el cuello. Cuando se la sacamos, lo único que tenía Exequiel era la cirugía del mentón (para la autopsia). No tenía nada en el cuello, ni raspón, ni surco de ahorcamiento, nada. Ni el rasguño de un alfiler…”.
¿Golpes? Sí. En las costillas, la cabeza, la nariz. Fotografías y filmaciones que tiene la familia, así lo demuestran.
Se comunicaron con su abogada y pidieron otra autopsia. Las dudas crecían y cada vez con más fuerza. El segundo resultado: “El doctor Ormeño dijo lo mismo que Ortiz. Que Exequiel se había suicidado”.
“Guíate por lo que está puesto, si pones lo contrario estás hundiendo a tu colega… Estoy plenamente seguro que ésa fue la charla”, sostiene Ramón González sobre los 15 minutos que afirma la juez tuvo con el médico en la segunda autopsia. A solas.
A la tarde, el sepelio. Al otro día, la denuncia.
“Que investiguen porque esto es un homicidio”
Fue parte de la denuncia realizada el martes 19 de marzo, a sólo dos días de la muerte de Exequiel. Y aunque dicen que la policía ya había archivado –bastante rápido-, el expediente y como suicidio, éste fue el primer paso que la familia González dio en busca de justicia. Porque las ganas de vivir que tenía Exequiel pesaron mucho más que dos informes médicos y las declaraciones mediáticas de funcionarios judiciales.
No claudicaron. Mientras algunos intentaban instalar la versión del suicidio, el tiempo demostró lo contrario. Lo decía la Justicia local, mientras la familia del joven mostraba imágenes de un cuerpo muy golpeado. Lo decían los médicos locales, mientras peritos de Córdoba aseguraban otra cosa. “Suicidio” decía un expediente que pretendían archivar, mientras la familia buscaba justicia, haciendo justamente el trabajo de la Justicia: “Hasta ahora no hicieron nada. Ni el fiscal, ni los jueces, nadie. Esto está investigado pero no por la Justicia, sino por nosotros. Yo, mi esposa y mi familia salimos mañanas, siestas, tardes y noches a investigar, uno a uno de los que habían estado esa noche con Exequiel, cuando armaron todo para que parezca un suicidio. La Justicia nunca hizo nada. Nosotros lo hicimos todo”.
Y lograron que la carátula de la causa cambiara de “muerte dudosa” a “homicidio agravado”. Que detuvieran a tres jóvenes (aunque luego quedaran en libertad). Que apartaran a una jueza y que “intentaran” llevar a cabo ciertas medidas. Incluso, lograron la confesión del hoy único imputado y detenido. Pablo Lazo. El amigo de Exequiel, el mismo que esa fatídica noche dijo que lo sostuvo mientras esperaban a la policía, de quien Exequiel se aferró con fuerza, y quien fue en el móvil policial a avisar sobre lo sucedido a estos padres. Lo más aterrador: Quien “durante 4 meses tuvimos adentro de la casa y dándole de comer. Al asesino de mi hijo”.
¿Errores? ¿Parentesco con policías? Quizás. Pero para la familia, pesa la desidia. Una total y evidente desidia. Porque “la Justicia es mala, no hay intención de trabajar pero sí de poner a uno más en la lista de suicidios, total lo pasamos como un número más, uno más… ¿Y así. Cuántos casos habrán pasado por suicidio y nadie hizo nada? Aquí, la Justicia no sirve”, es la opinión dicha desde el más profundo dolor de un padre que perdió a un hijo.
A casi un año del crimen de Exequiel, no hubo demasiados avances. Pablo Lazo continúa “alojado” en la comisaría de Malligasta, todavía no pueden concretar la tan mentada inspección ocular, ni la exhumación del cuerpo. ¿Pruebas caligráficas de una supuesta carta encontrada en el bolsillo del pantalón de Exequiel? Ninguna. “La Justicia nunca hizo nada, si no quieren trabajar ¡que renuncien y se vayan!”, piden exaltados.
El origen de la fuerza
Hoy su familia sigue recordando a Exequiel. Nunca dejaron de hacerlo. Es la pieza que falta en el gran rompecabezas que Carina y Ramón armaron. Entre varias fotos y muchísimas anécdotas, las risas surgen de la nada. Las lágrimas… también: “Era un chico divertido, ponía música y bailaba, jugaba con los más chicos. Para los 18 del hermano, Lucas, lo levantó de los hombros, lo sacó para afuera y lo puso arriba del auto. Tenía su carácter pero no era una persona de mal humor. Y trabajaba en lo que sea, limpiaba calles y vendía pan. ¿Se suicidó? No, nunca lo creímos. A Exequiel lo mataron”.
Todos los días empiezan de nuevo pero para pelearla con un juez, un abogado o el fiscal… El dolor se dibuja en cada uno de los rostros de esta gran familia que busca justicia, que espera justicia. Por Exequiel, por el pequeño hijo de éste que no ven desde hace meses y por todos aquellos que fueron un número más en la lúgubre lista de suicidios, cuando quizás la realidad fue otra. “No sean cobardes”, les dicen hoy a esos familiares con dudas.
Sobre los médicos forenses: “Incompetentes, que causaron un gran daño. Les deberían sacar la matrícula”. Sobre la juez: “No tiene ni dos dedos de frente. Estuvo en las dos autopsias y vio que no era como decían los forenses. Nunca hizo nada”.
Porque consideran que la Justicia y la policía pensaron que se iban a quedar con los brazos cruzados, quieren que los responsables paguen por el crimen que cometieron. Por la promesa que como padres hicieron frente a la tumba de su hijo y para que él pueda descansar en paz. Hoy, esta familia puso en vergüenza a la Justicia local y con pruebas, demostraron que Exequiel, no es un número más.
“Mañana nos vemos pa…”, fueron las últimas palabras que Ramón escuchó de su primer hijo varón. El mismo al que le prometió seguir adelante y luchar por justicia. De su investigación, lograron la detención de uno pero dicen hay más, y que la Justicia dilata “porque están encubriendo algo”. A cómplices. Quienes estuvieron por última vez con Exequiel, quienes armaron todo para que parezca suicido. Quienes creyeron creérselo e intentaron que la familia y la sociedad lo creyera. Quienes lo certificaron. Con firma y sello. Quienes vieron u oyeron algo y quienes saben más de lo que declararon…
Aquel sábado por la noche, su familia esperó a Exequiel. Nunca llegó. Un año después, todavía esperan que la Justicia, les deje de dar la espalda…



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