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Dinero y liturgia K para el «lavado de cara» del Ejército

Dinero y liturgia K para el -lavado de cara- del Ejército - 21.04.2014 - lanacion.com  Si en los años 80 surgieron los carapintadas, hoy la estrategia del jefe del Ejército, teniente general César Milani , es hacer un «lavado de cara» y construir un liderazgo interno , a fuerza de gestos que se traducen en adhesión, simpatía y una leve inyección de recursos. Su intención es contrarrestar la imagen cuestionada por su participación en hechos vinculados con la dictadura militar .

En los últimos dos meses, Milani visitó unidades militares en Mendoza, Misiones, Tandil, Bariloche, Concordia, Concepción del Uruguay y la provincia de Buenos Aires, entre otros regimientos. En todas compartió charlas, almuerzos y tareas diversas con los oficiales y suboficiales de las guarniciones, a quienes les planteó los objetivos y lineamientos del Ejército para este año. Y regresó con pedidos varios para mejorar las condiciones, mantenimiento y equipamiento de las unidades, a lo que el jefe Milani respondió con el envío inmediato de recursos, revelaron a La Nación fuentes castrenses.

Todo apunta a «vender optimismo y generar una corriente de adhesión y simpatía en sus subordinados, a partir de logros que sean visibles en los cuarteles, como la reparación del casino de oficiales, mejoras en el barrio, vestimenta y cierta renovación del material de las unidades», consignaron las fuentes consultadas.

Según fuentes castrenses, el abultado presupuesto de $ 410 millones del área de inteligencia, que controla desde 2008, le otorga partidas exentas en algunos casos de control, lo que le permitiría a Milani direccionar los fondos en función de las necesidades de la fuerza.

El operativo comprende incluso un acercamiento con los oficiales retirados, a quienes siempre tuvo en la vereda de enfrente. Sobre el final del año pasado, ofreció fondos de su presupuesto para ayudar a paliar la crisis financiera que atraviesa el Círculo Militar, el tradicional centro de oficiales, que cuenta a Milani entre sus asociados, pese a que no es mirado con simpatía.

«Intentó hacerse cargo de la deuda, pero la magnitud de las dificultades económicas era mayor que la que el jefe del Ejército imaginaba, por lo que finalmente se buscaron otras alternativas», confiaron.

Muchos observaron, además, esfuerzos y directivas del propio Milani para paliar la situación de represores enjuiciados por delitos de lesa humanidad a través de intentos de mejorar las condiciones de detenidos mayores de 75 años y con avanzados problemas de salud. Tal preocupación se produce en medio del llamativo acercamiento de Milani con Hebe de Bonafini, el ícono de las Madres de Plaza de Mayo.

A estos gestos se sumó el radiograma que Milani envió a los cuarteles militares de todo el país, a mediados de marzo, para negar su participación en actos de represión ilegal durante la dictadura militar por los que está siendo investigado en La Rioja y en Tucumán. «Es la primera vez que se usa la vía del radiograma para explicar una situación personal», razonaron en distintas unidades. Lo hizo con autorización del ministro de Defensa, Agustín Rossi.

Mientras otros oficiales fueron juzgados por hechos similares a las acusaciones que tiene el jefe del Ejército, Milani desmintió su participación en actividades de torturas, secuestros , interrogatorios o «encubrir la presunta desaparición del soldado conscripto Alberto Ledo», según el texto del radiograma.

Con un plantel de 55 generales, el número más alto de los últimos 30 años, y luego de un aceitado trabajo previo, para pasar a retiro y sacarse de encima a oficiales que no comulgaban con sus ideas y su perfil, Milani encaró también cambios en su política de comunicación interna. La revista de difusión interna Soldados, que repasa las actividades de la fuerza, incorporará notas de carácter editorial y de opinión, para afianzar el rumbo de su gestión, anticiparon a La Nación fuentes castrenses.

En ese contexto emprende, también, la renovación de las Fuerzas Armadas puertas afuera de los cuarteles. El cambio más visible es la participación de efectivos militares en las villas, de la mano de La Cámpora y de las Madres de Plaza de Mayo. Con la prohibición expresa de intervenir en cuestiones de seguridad interior, realizan tareas sociales y concurren de uniforme y sin armas. Algunos advierten que van sin instrucciones ni reglas definidas para actuar ante situaciones imprevistas.

«La orden no escrita es no meterse», explicó a La Nación una fuente castrense al tanto de los operativos como el que iniciaron hace una semana en el asentamiento La Carbonilla, en el barrio porteño de La Paternal. Muchas veces, por ejemplo, deben ayudar a arreglar desperfectos en una conexión eléctrica, que resulta clandestina.

Otras voces castrenses recordaron que los efectivos de las Fuerzas Armadas no están exentos de la ola de inseguridad, como ocurrió en el último verano, cuando integrantes de la Banda de la Armada sufrieron un robo en la Villa 31.

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