-Yo no le voy a regalar un triunfo a nadie. El que quiere ser, que se rompa el lomo como se lo rompió Néstor.
Según Ámbito Financiero, Cristina de Kirchner fulminó, contundente, el interrogante de un jefe peronista, patrón de provincia, que se animó a explorar uno de los mayores enigmas del planeta K: cuál será el nivel de intervención que, en persona, tendrá la Presidente a la hora de definir candidatos y estrategias para la elección de 2015 que determinará a su heredero o sólo a su sucesor.
A diferencia de su marido, la Presidente redujo al mínimo el diálogo con la jerarquía del PJ sobre cuestiones políticas y electorales. Máximo Kirchner, más accesible que su madre, prefiere más escuchar que dar definiciones o, como ironiza un operador K, «hablar en japonés», con medias palabras y sobreentendidos, siempre críptico; un maestro zen que se escuda detrás del silencio o las parábolas.
En una misma semana, un dirigente escuchó -o creyó escuchar- que Martín Insaurralde es un traidor sin retorno para el clan Kirchner. Pero otro interpretó que el lomense puede, aun por mero pragmatismo, ser una pieza en el ajedrez electoral K que viene.
Pero la duda mayor gira en torno a si la Presidente apoyará su dedo bendito sobre un candidato presidencial, lo convertirá explícitamente en su delfín y, como ocurrió en 2013, le pondrá el cuerpo a la campaña donde apostará el futuro del oficialismo.
La respuesta que escuchó el jefe peronista -citada líneas arriba- es una faceta, entre varias, de la historia. Hace tiempo, los jefes de La Cámpora, en particular Andrés «Cuervo» Larroque, José Ottavis y Eduardo «Wado» de Pedro, bajan el mensaje de «no apostar» por ningún candidato hasta que «Cristina decida». Lo hicieron cuando agrupaciones o dirigentes orbitales a La Cámpora se arrimaron a alguno de los anotados para la presidencial.
Eso supone que en algún momentoCristina de Kirchner intervendrá para ordenar el tablero del peronismo K. Un kirchnerista histórico entiende que la Presidente accionará para armar «dos fórmulas» para que compitan en las PASO. En criollo, oficiará de ordenadora, como «gran jefa», pero no fijará preferencia por ningún candidato. «Los dos serán suyos», dice el funcionario que arma para uno de los ocho postulantes K.
Un legislador híper-K, que apuesta por otro, teoriza que no habrá «un candidato de Cristina», pero que si el esquema ultrakirchnerista se alinea, per se, detrás de un referente que enfrente a Daniel Scioli puede derrotarlo en las primarias.»¿Qué votos que no sean kirchneristas tiene Scioli? Si el kirchnerismo planta un candidato, se le puede ganar», especula y anima el teorema de Sergio Urribarri,que invita a una confluencia de voluntades para que de la media docena de candidatos sólo quede uno en pie para que se vuelva competitivo anteScioli. El tema es quién se baja.
La liga de gobernadores K, que parecía en hibernación, hizo anteayer una maniobra doblemente significativa en Mendoza. No sólo mostró su preferencia por Scioli, sino que lo hizo a sabiendas de que de Olivos -Río Gallegos, mejor dicho- ordenaron restarse volumen al acto montado por Francisco «Paco» Pérez.
Pérez, el jujeño Eduardo Fellner, el formoseño Gildo Insfrán, el chubutenseMartín Buzzi y el misionero Maurice Closs forman parte de un malón donde también firman José Luis Gioja (San Juan), Luis Beder Herrera (La Rioja) yJosé Alperovich (Tucumán), que verbalizó o dio señales explícitas depreferir a Scioli en la atomizada interna K.
Ese club asume que la Presidente no apostará por ningún candidato y se anima, a riesgo de un castigo, a mover según su propio olfato o, más simple aún, abrazan al que más mide y hasta acá le sirve más a su proyecto provincial.
Se atribuye justamente a esa juntada autónoma de gobernadores el acto deFlorencio Randazzo en Río Gallegos con dirigentes ultra-K como «Wado» de Pedro, coronel neocamporista. Se afirma que fue Máximo el promotor de esa foto y que haya viajado De Pedro responde a que era a quien se veía, al margen deOttavis, «haciendo sciolismo».
Larroque, jefe neocamporista que no simpatiza con Scioli, pareció ayer aportar una solución a la incógnita al validar las PASO como «la herramienta» para definir las candidaturas de 2015.
A priori, el acto de Randazzo en Santa Cruz se lee como un contrapeso, pero no permite anticipar que la familia presidencial juegue sus fichas a ese candidato. El ministro ha avisado en algunas citas cerradas con dirigentes, incluso de La Cámpora, que eso ocurrirá:»Cristina me va a elegir a mí. Olvídense»,los torea.
Asoma, por otro lado, un dato adicional, para algunos anecdótico, pero que admiten hasta los híper-K: los dos productos electorales puros del laboratorio de Cristina de Kirchner -Amado Boudou y Martín Insaurralde-tuvieron problemas.
Ayer, desde Mendoza, Karina Rabolini se zambulló en esa incógnita. «Yo confío que lo va a acompañar (a Scioli) porque la Presidenta quiere lo mejor para todos los argentinos», dijo la primera dama bonaerense y minimizó algunas disputas. «A veces yo también hablo mal de Daniel y me peleo con él» y dijo que»son todos peronistas y al final terminan acompañándose».
Subyace, entre candidatos y equipos, que en marzo o abril habrá un desmalezamiento. Alguno cree que puede haber una preclasificación antes de fin de año. Lo que no está claro es si ésa será una decantación natural o la digitará la Presidente. «Estamos jugando al gallito ciego -dice el operador de un postulante- Ni nosotros ni nadie sabe si ella va a apostar por uno y si lo hace, cuándo lo va a hacer».






