Tanto Julio Martínez, como así también Ricardo Quintela y Luis Beder Herrera no tienen sucesores políticos. El radicalismo está en crisis en la línea sucesoria para cargos electivos, al igual que el peronismo –en sus dos vertientes: quintelismo y bederismo-.
Martínez desde hace más de una década es el candidato para todo de la Unión Cívica Radical y hasta integró la lista del ex presidente Néstor Kirchner. Mientras está de gira por España, el actual legislador nacional tiene el mismo problema que el partido que conduce la provincia desde 1983.
En el radicalismo se da siempre la misma pregunta: ¿Si no es Martínez, quién será el candidato? No hay quienes puedan seguir con los lineamientos partidarios y por este motivo, al radicalismo le será difícil armar listas con sustento político. Es decir, atractivas para el electorado.
¿Quiénes serán los candidatos a intendentes, concejales o diputados provinciales y nacionales? Esa la pregunta que más se escuchará el año que viene.
Al peronismo le sucede lo mismo por la presencia fuerte de dos líderes, como son el propio Beder Herrera y el intendente capitalino.
Este martes, la diputada nacional Teresita Madera puso en discusión la re reelección del gobernador, ya que dentro del bederismo no hay figuras que consistan la atención del electorado.
Quintela está en la misma situación debido que su sector no tiene hombres o mujeres que puedan tener preponderancia en los barrios capitalinos.
Hoy existe una crisis dirigencial, ya que solo hay dirigentes para ocupar cargos secundarios o terciarios, muy lejos de conducir una provincia o el principal municipio de la provincia.
En el bederismo se habla de continuidad del proyecto, pero quienes lo dicen no saben cómo hacerlo.
En el Palacio Municipal se ilusionan que la sola figura de Quintela o el dedo salvador puede digitar los votos, aunque también nadie cuenta con un proyecto propio o por lo menos de seguir ciertos parámetros.
Salvo Martínez, Beder Herrera y Quintela por los cargos que ocupan, y luego Eduardo Menem –por lo que fue-, ninguno más está en el diálogo cotidiano de la sociedad. De esa forma, la política está huérfana de políticos para ir a una contienda electoral en el 2015.
Los nombrados tienen un porcentaje de intención de votos, pero los demás que intentaron ser algo no pasan los dos dígitos, ya sea del oficialismo o la oposición. No hay nadie que pueda levantar las banderas del radicalismo o el peronismo para decir “aquí estoy” o armar una estructura partidaria.
Por eso, la comodidad de muchos para considerar a Martínez, Beder Herrera o Quintela como verdaderos santos (ya que andan con la estampita de sus respectivos rostros), hace que hoy la política está en manos de nadie.





