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El día que El Independiente criticó al periodismo: Pidió «condenar la mala praxis periodística»

Según la sección Mirador Político de El Independiente, del domingo 17 de agosto, la que culmina es verdaderamente una semana extraña, que deja sensaciones de fuerte ambivalencia entre quienes observan la realidad de una Rioja que atraviesa un año “no electoral”, pero que no escapa a los vaivenes de la política, tanto la buena como aquella deplorable.

La calma en busca de la unidad dentro del justicialismo que se comenzó a profesar desde aquel encuentro en Chilecito, no duró demasiado, pues los resquemos entre sectores no se acallaron del todo y siguen generando determinados “ruidos en la línea”.

El Gobernador mira atento el desempeño de todos los sectores, sin descuidar la gestión que lo mantiene en Buenos Aires al menos un día a la semana. Preocupado en cerrar su mandato con obras de alto impacto, Beder Herrera volvió a encontrarse con la presidenta Cristina de Kirchner vía teleconferencia, esta vez para inaugurar viviendas.

El acto realizado en la zona sur de la ciudad, donde se dio el mayor crecimiento demográfico de los últimos años en la Capital, sirvió claramente para mostrarle a Cristina las cosas que se están haciendo y así poder lograr más ayuda para obras de infraestructura.

Así se marcó la adhesión a un ambicioso plan de vivienda y el anuncio de Beder sobre la construcción de 8 mil casas hasta finales del 2015. Todo un número si se analiza lo que podría significar como impacto habitacional para la provincia.

La vinculación kirchnerista del riojano, le reditúa hasta el momento, la consecución de fondos para sustentar obras no sólo de vivienda, sino también de energía, caminos y otras de gran magnitud que podrían quedar finalizadas a lo largo del próximo año. Esto es lo que efectivamente queda de cualquier gobierno, porque son cosas que no se esfuman ni se las lleva el viento, por lo que el valor de su ejecución es doblemente significativo.

Estas deberían ser las cuestiones trascendentes por las cuales todos, quienes tienen alguna responsabilidad institucional, deberían trabajar y poner todos los esfuerzos. Sin embargo, existen determinados sectores, que están muy preocupados por adelantar una disputa político-electoral, pero de una manera absolutamente desleal y repudiable.

Esta vez, la mala utilización de las redes sociales derivó en la difusión de una versión, en la que se involucró al hijo del Gobernador en un altercado con un policía que presta servicios en la Residencia Oficial, con el agravante de mencionarse el presunto uso de armas de fuego. La connotación de semejante rumor merecía al menos el mínimo chequeo informativo para recién ponerlo a consideración, a través de los medios de comunicación.

Cientos de rumores aparecen a diario por las redes sociales, amparados en el anonimato y muchas veces promovidos por sectores políticos interesados en orientar la opinión pública en algún sentido, que resulta equivocado en la mayoría de las veces. Es allí cuando debería aparecer el criterio profesional de los comunicadores, para ahondar en la investigación de los datos que puedan corroborar o descartar la versión.

Lo que algunos llamaron “silencio cómplice” de los medios más prestigiosos de la Provincia, fue nada más y nada menos que responsabilidad a la hora de comunicar, pues en el cotejo de los datos nada indicaba que un hecho de semejantes características y gravedad, hubiera sucedido en la Residencia del Gobernador.

Dada la trascendencia nacional en medios masivos, el Gobierno se vio en la obligación de salir a desmentir rotundamente esta especie, que ya había tomado ribetes alarmantes, al sumarse detalles como la tenencia de armas de guerra en manos de funcionarios y el posible acuartelamiento policial, generando un manto de duda y zozobra.

Pero esta historia va mucho más allá de la falta de chequeo periodístico, porque lo ocurrido estuvo teñido desde el principio por la aparición de la denominada “mala política”. A nadie escapa que detrás de la difusión mediática de la “noticia”, existió una operación con la intención de dañar políticamente al Gobierno, en la persona del primer mandatario, utilizando a un integrante de su familia.

En el mundo del “vale todo”, lo acontecido no sorprende para nada, porque existe en La Rioja ese concepto de “miente, miente, que algo quedará”. Esto sucedió de manera sistemática, hasta no hace mucho tiempo atrás y con los mismos protagonistas mediáticos, manejados desde las sombras por sectores políticos, interesados en provocar algún desgaste que los posicione como una opción válida para llegar al poder.

La campaña electoral del año pasado, desnudó esos acuerdos (algunos más explícitos que otros) entre cierto grupo de medios y líneas políticas opositoras, con otras disfrazadas de tales, pero con orígenes en el oficialismo.

En estas campañas no sólo hubo víctimas políticas o gubernamentales, sino también del resto de los medios que por no sumarse a la difusión de falacias, son defenestrados por perfiles sociales truchos o cobardes cadenas anónimas de mails.

Es difícil comprobar fehacientemente que detrás de estas campañas de desprestigio hay algún político o sector, pero fundamentos sobran para suponerlo. Sin embargo, tras este sonado caso que tuvo al hijo de Beder Herrera como blanco de la campaña, apareció el intendente Ricardo Quintela para desligarse de cualquier maniobra o intencionalidad manifiesta en la propalación de la historia.

Suelen decir popularmente “no aclare que oscurece” y es justamente la sensación que quedó luego de conocerse las expresiones de solidaridad, para con la familia del Gobernador. Sucede que uno de los principales difusores del “rumor”, sería funcionario municipal y pertenece al círculo íntimo de asesores comunicacionales del jefe comunal, autor de la las estrategias en materia de medios que le responden.

Vale aclarar que de ninguna manera se puede estar de acuerdo con la criminalización de la actividad periodística y la persecución judicial que se pudiera realizar a la tarea de informar, que transita por carriles distintos a lo mencionado.

Quien debe condenar la mala praxis periodística es la comunidad, eligiendo a quienes son serios a la hora de informar, pero no así que la Justicia tome medidas que puedan lesionar la libertad de prensa.

La actitud de Quintela de “soltarle la mano” a este comunicador vinculado con el municipio y la celebración que hubo en otros medios vinculados al sector, evidencian las internas comunicacionales que derivan estos errores de ponerse al frente de una campaña de desprestigio, con ribetes y consecuencias escandalizantes. El periodismo en su conjunto debería aprender de estos “errores”, para que no vuelvan a cometerse y que el profesionalismo pueda ganarle definitivamente al interés sectorial político.

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