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Preocupados, gobernadores PJ piensan en desdoblar elecciones

La potestad de fijar la fecha de la elección es una de las herramientas predilectas de los oficialismos de todo signo político. Los criterios son adoptados según la conveniencia del partido gobernante y varían según como se presente el panorama político. El uso de la arcaica boleta sábana, mayoritario todavía en el mapa político argentino, provoca el célebre efecto arrastre que premia, en general, al candidato o sector con más arraigo electoral.

Cuando el empuje electoral se concentra en la cúspide de la pirámide se produce una tendencia a la unificación de las fechas. Por esto, Cristina Fernández no tuvo inconvenientes en las elecciones de 2011 en que todos los caudillos provinciales peronistas fijaran sus respectivas elecciones locales el mismo día de los comicios nacionales.

Los pocos gobernadores opositores procuraron mover la convocatoria electoral de tal manera de no verse arrollados por la “ola” nacional.

La situación parece haberse modificado por varios factores. Por un lado, el deterioro progresivo del empuje electoral del kirchnerismo “puro” provoca que los hombres fuertes del PJ en los distritos busquen “provincializar” sus campañas apostando a sus estructuras propias y evadiendo referencias directas al gobierno nacional.

Por otro lado, los gestos de unificación de la oposición (acuerdo UCR-PRO) han incorporado clausulas que hacen referencia a las elecciones provinciales. El radicalismo es el partido que más candidatos a gobernador expectables tiene y ha exigido al macrismo el apoyo en todas las provincias en las que dispute el poder con el PJ. Incluso ha previsto que estos líderes provinciales puedan ampliar sus coaliciones excediendo los límites fijados nacionalmente. En un artículo específico autoriza a los distritos que lo soliciten llevar “pegados” a sus listas provinciales a más de un candidato presidencial. Esta estrategia está dirigida a las provincias en las que la UCR ha incorporado al massismo a sus alianzas locales.

En un momento, la sospecha de esta estrategia opositora motivo que los operadores del justicialismo comenzaran a diseñar un dispositivo legal para prohibir la adhesión de candidaturas provinciales a más de un candidato presidencial. El sorpresivo retiro de este proyecto, por ordenes del Ejecutivo, más el despido del histórico operador Carlos Mazzón alertó a los jefes territoriales peronistas.

El tiroteo entre sciolistas y cristinistas (vía Randazzo) se sumó a las preocupaciones de los miembros del aparato peronista. Muchos vieron materializarse un fantasma que viene circulando hace algún tiempo: el cristinismo duro prefiere perder y hegemonizar el partido en la oposición que entregar el poder a un sucesor interno.

De acuerdo a este complejo entramado de intereses es que se empieza a bosquejar el cronograma electoral argentino. Los gobernadores que pretenden “desdoblar” están encabezados por el mismísimo presidente del Partido Justicialista y gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner. El gobernador norteño está seriamente amenazado por el frente opositor liderado por el radical Gerardo Morales, quien puede articular desde el macrismo hasta el massismo detrás de su candidatura. Se sumarían Luis Beder Herrera de La Rioja quien enfrenta un armado opositor encabezado por el radical Julio Martinez que concentra desde el macrismo hasta un sector disidente del peronismo local. Dudando sobre el tema estarían los referentes oficialistas de La Pampa, Misiones y San Juan. También Sergio Uribarri parece inclinarse hacia esta opción en el caso de desistir de sus, por ahora muy difusas, pretensiones presidenciales.

Obviamente, el más perjudicado por una avalancha de desdoblamientos sería Daniel Scioli. El bonaerense cuenta con el aceitado aparato justicialista para sostener su candidatura presidencial. Por ahora mantiene la solidaridad de los caudillos más cercanos a su postulación como Gildo Insfran de Formosa. La demora de un gesto de “bendición” de parte de Cristina Kirchner más el acoso del ministro Randazzo hacen crecer las dudas en la geografía justicialista. Scioli tuvo que soportar el adelantamiento electoral de uno de sus fieles, el mendocino Paco Perez no tuvo otra opción, presionado pensando en preservar algunos espacios en lo que parece que será una derrota abultada.

El peronismo empieza a utilizar las últimas trincheras para asegurarse la mantención de su potencia territorial. Estrictamente, todos los desdoblamientos electorales están pensados como adelantamientos. De este modo, la pelea por la Casa Rosada puede convertirse en una carrera de postas provinciales. Los triunfos locales empiezan a crecer en importancia para cualquiera que aspire seriamente al premio mayor.

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