Es una de las grandes incógnitas respecto de las elecciones de este año: si Cristina Kirchner figurará en algún lugar de las listas del Frente para la Victoria.
No hay muchos espacios donde pueda estar: puede ser candidata a diputada por Buenos Aires o Santa Cruz, o parlamentaria del Mercosur, el cargo aprobado de apuro a fines de 2014. Y aún hay quienes se aventuran a sugerir que podría ser candidata a gobernadora bonaerense.
Según diario Popular, la gobernación es una posibilidad remota e inviable por sobrados motivos y Santa Cruz sería una alternativa demasiado módica. El Parlasur parece ser un destino más probable para gobernadores sin reelección que puedan arrastrar votos en sus provincias.
De todos esos cargos, lo más probable sería que la Presidenta figurara al tope de la lista del FpV para diputados nacionales, con el efecto que produciría en el resto de la nómina oficialista, en un distrito clave como la provincia de Buenos Aires.
Especular con esa posibilidad es algo que el kirchnerismo dejará correr en el transcurso de este tiempo, de aquí hasta junio. No debería sorprender que el mismo sábado del cierre de listas se devele el misterio, tal cual le gusta al gobierno y ha venido haciendo elección tras elección desde que es Cristina la que resuelve todos los cargos. Menos la última, claro está, cuando la sorpresa se la dio Sergio Massa al mismísimo oficialismo.
Hasta hace un tiempo, los miembros del gobierno consultados sobre el tema descartaban en privado la posibilidad de que la Presidenta jugara como candidata en las próximas elecciones, aunque públicamente alentaran esa posibilidad. Hoy ya no consideran improbable que lo haga, y si bien mantienen un margen de duda, creen que esa posibilidad crece día a día.
Más allá de si Cristina juega o no como candidata, lo que nadie pone en discusión es que ella será quien digite las listas, tal cual viene haciendo desde 2011. Las nóminas de todos los distritos llegan al despacho de Carlos Zannini, vecino al de la Presidenta, quien aprueba o tacha lo que Cristina indique. De más está decir que ningún un cierre de listas le interesó más a la Presidenta que el de este año, como quedó claro cuando decidió echar del gobierno al histórico operador del peronismo Juan Carlos «Chueco» Mazzón, no solo por jugar para Daniel Scioli, sino para dejar claro que no toleraba lo sucedido en Mendoza, donde no había podido amalgamar a los distintos sectores del peronismo y había dejado al kirchnerismo compitiendo contra el aparato del PJ local.
Así las cosas, es muy probable que Cristina ni siquiera atienda los pedidos de los gobernadores. A lo sumo los tendrá en cuenta para incluirlos en las listas, como senadores, diputados, o hasta parlamentarios del Mercosur. Con tantos rubros por cubrir, la Presidenta gastará varias lapiceras de acá a junio.
Pensando en el día después
Cualquiera sea el destino de CFK fuera de Balcarce 50, está claro que la Presidenta buscará asegurarse de que en el Congreso haya mucha gente que le responda. Y es más que probable que lo consiga.
En el Parlamento, fundamentalmente en Diputados, es donde el kirchnerismo espera hacerse fuerte para marcarle los límites al gobierno de turno, bajo los designios de Cristina Fernández de Kirchner.
El bloque del Frente para la Victoria tiene hoy en Diputados 119 miembros, de los cuales 42 tienen mandato hasta 2017. Ya sin contar lo que irá a sumar en 2015, es una fuerza importante para gravitar en la Cámara baja.
Habría que restarle a dos diputados misioneros con mandato hasta 2017, que son del Frente Renovador para la Concordia, cuyo gobernador anticipó en su momento el deseo de separarse del bloque FpV para mantener autonomía, aunque sigan respondiendo al oficialismo.
Hay que sumar también a un diputado de Nuevo Encuentro, Carlos Heller, con mandato hasta 2017 y un fiel aliado kirchnerista.
Y si hablamos de aliados firmes, tenemos a los siete diputados del Frente Cívico por Santiago, que han sido de los más fieles al kirchnerismo durante todos estos años, pero que con Cristina fuera del poder gravitarán por su cuenta. Aun respondiendo al oficialismo de turno, si fuera una continuidad del actual, pero ya ajenos a los designios de la jefa.
El FpV en Diputados tendrá entonces a partir de diciembre una base de 41 miembros, a los que se sumarán los que surjan de esta elección.
No será lo mismo que el oficialismo gane en octubre, que pierda. Si sucede lo primero, la mayor parte del kirchnerismo se alineará con el ganador; si sucede lo contrario y Cristina se convierte en la jefa de la oposición, una buena cantidad le responderá.
¿Cuántos de los actuales diputados son fieles cristinistas? Obviamente en primer lugar citaremos a los de La Cámpora, que hoy representan un sub bloque de once. Estos son María Luz Alonso, Andrés Arregui, Marcos Cleri, Anabel Fernández Sagasti, Andrés «Cuervo» Larroque, Mayra Mendoza y Walter Santillán, todos estos con mandato hasta fin de año, y Juan Cabandié, Mauricio Gómez Bull, Josefina González y Martín Alejandro Pérez, que siguen hasta 2017.
Son fieles cristinistas y tienen mandato hasta 2017 Diana Conti, Edgardo Depetri, Juliana Di Tullio, María Teresa García, Carlos Kunkel y Carlos «Cuto» Moreno. Aunque convengamos que Kunkel ya ha reivindicado públicamente su condición de peronista por sobre la de kirchnerista, pero nadie puede imaginarlo encolumnado en otro sector que no sea el kirchnerismo.
Eso no es todo: aún no hemos contado a los diputados que vienen. El cristinismo podría asegurarse que todo lo que sume el oficialismo en la próxima elección le responda en el futuro. Hagamos un ejercicio que permita vislumbrar la cantidad de diputados que podría tener ese sector, si la lapicera de Cristina deja lugar solo para «los fieles».
Teniendo en cuenta los resultados de una elección adversa, como la de 2013, el kirchnerismo podría sumar al menos 12 diputados bonaerenses, tres porteños, un catamarqueño, dos cordobeses, un correntino, tres chaqueños, tres entrerrianos, un formoseño y un jujeño.
También sumaría un pampeano, un riojano, un mendocino, un neuquino, dos rionegrinos, un salteño, dos sanjuaninos, un santacruceño, dos santafesinos, un fueguino y dos tucumanos.
La suma de una mala elección como la que hemos tomado por haber sido la más reciente, da nada menos que 42 diputados K.
Convengamos que en general Cristina ha permitido que en el interior los gobernadores pongan gente propia, pero eso podría cambiar en esta elección, o bien no vaya por todo esta vez la presidenta, pero sí por la mayoría. Con más de la mitad de esos diputados propios el kirchnerismo fuera del poder podría ser un factor clave en la próxima Cámara.
Recordemos además que partimos de un núcleo duro de al menos diez legisladores ultra K con mandato hasta 2017, por lo que un kirchnerismo alejado del gobierno podría contar con por lo menos medio centenar de integrantes en la Cámara baja.
Cristina sabe que las lealtades son volátiles cuando se está fuera del poder. Por eso cobra fuerza la posibilidad de que no solo sea candidata, sino también -en ese caso- presida el bloque. Así, el medio centenar de fieles pasaría a ser más de ochenta diputados, un tercio de la Cámara. Suficiente para tratar de marcarle el ritmo al que gobierne.



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