Gerardo Morales y Luis Naidenoff lideran por estos días el frente más violento de oposición no ya al acuerdo con el PRO que Ernesto Sanz y su grupo lograron imponer a su partido, sino a la letra de la resolución que aprobó la Convención Nacional para bendecir esa alianza.
Como en todo proceso político, las guerras van decantando de lo general a lo particular y normalmente, es en esos detalles donde al final aparecen los acuerdos.
Esta vez, deberá hacerse un ejercicio de imaginación importante y apelar a la paciencia, para que la interna que vive hoy el radicalismo decante hacia alguna solución.
Morales nunca fue un medido en el radicalismo, todo lo contrario. Lo sabe Sanz que fue su socio en la conducción por años. También sabe que antes que la presidencial, de la que Morales participó personalmente cuando fue vice de Roberto Lavagna, al jujeño le interesa ganar su provincia. Corrigiendo: es lo único que le interesa.
De ahí que una prohibición para que siga adelante con el acuerdo que cerró con Sergio Massa resulta letal para su estrategia. Por lo tanto nadie debe sorprenderse que el fin de semana Morales, junto a Naidenoff, haya proclamado que basta con ganar la provincia colgará su boleta de la presidencial de Macri, Massa o Margarita Stolbizer.
¿Por qué lo dice con tanta decisión? En realidad, Morales está presionando a Sanz para que le solucione las trabas que puso la resolución a Gualeguaychú a mantener acuerdos con otras fuerzas. Parece dividir así el juego: Sanz para la nacional y los dirigentes cada uno en su provincia.
El otrora moderado Naidenoff sigue el mismo camino: ve que sus chances en Formosa son mejores que cualquier registro anterior y no está dispuesto a ceder un punto del electorado por malograr un acuerdo en su provincia.
El escenario puede tanto para una interna violenta con salida programada, como para una ruptura partidaria.
En el fondo, la pelea no ha cambiado en la última semana: la estrategia de quienes quieren mantener acuerdos con Massa en sus provincias pasa por forzar a Sanz a que acepte modificar o reinterpretar el artículo 5 de la resolución que aprobó la Convención Nacional de Gualeguaychú.
En ese punto, el último de la declaración, se establece: «Para lograr la mayor competitividad posible en las elecciones provinciales y municipales, los acuerdos electorales nacionales con las fuerzas integrantes de la coalición deberán contemplar las condiciones políticas locales. Al efecto, se autorizará, de manera excepcional, la adhesión electoral de las categorías a cargos provinciales y/o municipales con otros candidatos presidenciales que no integren la coalición suscripta. En ningún caso se autorizarán adhesiones que incluyan otros candidatos a cargos de legisladores nacionales, ni de parlamentarios del Mercosur si llegaran a elegirse, que no sean miembros de la coalición política nacional en la cual se integre la Unión Cívica Radical».
De esa redacción, se sabe, hay dos párrafos que Morales y Naidenoff no aceptan. En primer lugar que se hable de «casos excepcionales».
«Por qué hablar de excepciones si cuando calculamos somos mayoría los que estamos en esa situación», ataca Morales.
Es cierto que en algunos de esos casos esa interna se calmó entre la diplomacia de Sanz y los problemas de cada provincia, como es el caso del tucumano José Cano, más preocupado estos días por el impacto final que tendrán las barbaridades políticas que se le escaparon una vez más a Beatriz Rojkés de Alperovich.
En general el planteo de Morales se resume en el siguiente razonamiento: si no hay acuerdos en provincias, Massa levanta sus candidatos y aunque la diferencia en contra sea de dos puntos, puede hacer peligrar un triunfo del radicalismo en el distrito.
Como se dijo, además, en la actual situación de la UCR a nivel nacional, ningún dirigente radical se juega el alma por apoyar una candidatura presidencial, pero sí por mantener el poder en el distrito. En ese tren, por otra parte, está el radicalismo desde 2003.
Hay otro planteo que le hacen los radicales rebeldes a Sanz: no sólo alcanza flexibilizar el artículo 5 para permitir que los acuerdos con el massismo no sean una «excepción», sino que le exigen al presidente de la UCR que presione al macrismo para que el PRO no levante listas propias en las provincias y acepte negociar.
Quedan, como segundo capítulo, las incompatibilidades de algunas provincias contra el párrafo que aclara que, si bien pueden aceptarse acuerdos de manera excepcional, la adhesión a una lista con otra fórmula presidencial corre sólo para cargos locales.



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