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La locura quintelista de regalar su capital político

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Hay que decir que no hay diferencia entre Carlos Menem, Luis Beder Herrera y Ricardo Quintela, ya que no dejan sucesores. No han construido una alternativa dentro de su propio espacio para que no haya huérfanos en las elecciones.

Hoy el quintelismo contrató un servicio de sepelio para enterrar todo lo construido, bien o mal, en los últimos años. Su líder es cumplidor de órdenes foráneas y de acuerdo ventajosos solo para otros.

Del anuncio de la tarjeta SUBE apareció que el ministro Florencio Randazzo quiere que un Beder Boy’s, como es Felipe Álvarez, sea el candidato a viceintendente del sector liderado por Armando Molina.

El caso del actual viceintendente se podría digerir en el quintelismo, pese que es muy resistido, pero Álvarez compartiendo poder no lo entendería ni el más estudioso de la política.

Sin embargo, el quintelismo muestra garras, pero luego actúa como cordero. Pasó en las últimas elecciones, ya que le juntó votos a Javier Tineo para que sea diputado nacional: el 99 por ciento de los votos de la capital fueron de la Municipalidad. Ya se sabía de entrada que Teresita Quintela no tenía posibilidades.

Beder Herrera lo hechiza a Quintela en cada encuentro. El gobernador tiene un poder superior que provoca que el intendente sea el sicario del quintelismo, aunque el cambio de opinión se había iniciado cuando estuvo en secreto con Néstor Bosetti, para que luego ya no se habla mal de la gestión en 95.1 FM.

Molina siempre ha sido -junto a parte de la familia Q- un devoto de un acuerdo con el bederismo en desmedro de los propios dirigentes quintelistas, ya sea Hugo Vera, Claudia Ortiz, Carlos Machicote y Óscar Luna, que pueden no tener sustento para una candidatura, aunque si mucha lealtad.

Cada silencio del intendente, pese que ya dijo a su familia que no será candidato a gobernador, lo deja en desigualdad de condiciones a todos aquellos que aspiran a ser sucesores, en donde la sociedad había tomado bien la posibilidad de un acuerdo con Julio Martínez, ya que fortalecería la fórmula.

Sin embargo, Quintela argumentó que no podía sentarse con Mauricio Macri como si el riojano votaría peronismo puro, que ya no existe, por obediencia debida.

Los tiempos han cambiado en el país y La Rioja no es una isla, los partidos solo son sellos de goma porque la sociedad vota a las personas.

El quintelismo está a tiempo de no iniciar su autodestrucción. Si lo hace estará en su derecho, pero con graves consecuencias para esos militantes que habían sido enamorados por Quintela.

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