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Alerta roja para la oposición

cc200715o017f10.jpg_1328648940La ajustada victoria lograda por Horacio Rodríguez Larreta sobre Martín Lousteau suscitará por mucho tiempo debates y controversias no menores a las que ya se plantearon en otras elecciones provinciales dentro del ciclo electoral 2015, en las que la sorpresa supero los límites de lo previsible.

Una vez más, y como en casi todos los distritos, se impusieron quienes gobiernan, aunque con una diferencia mínima o, en todo caso, inferior a la que anunciaban la mayor parte de los pronósticos. Tal fue el caso, por ejemplo, de Santa Fe, Córdoba, Tierra del Fuego o Mendoza. Como cabeza de la oposición, el PRO sigue sin afirmarse y con dificultades incluso en sus electorados más afines.

Buena parte de la sorpresa porteña tiene que ver con los pronósticos electorales. Sin embargo, el papel de las encuestas es bastante más claro de lo que pretenden algunas críticas apresuradas. Lo que en realidad ha quedado en cuestión no son los datos, sino los análisis y proyecciones efectuados sobre ellos. En las encuestas, conviene no confundir datos con conclusiones analíticas. Si los estudios están bien hechos, el error no está en las cifras sino en las presuposiciones, inferencias, razonamientos y conclusiones de su análisis. Baste un ejemplo, a partir de nuestras propias estimaciones.

Los datos publicados en El Cronista el viernes 17, correspondientes a la última semana de campaña, señalaban una tendencia de 49,1% para Rodríguez Larreta y 38% para Lousteau. Un 8,.4 del electorado anunciaba su voluntad de votar en blanco y un 11,7 permanecía en la indefinición. Sobre esa base, había que proyectar posibles resultados, para que el trabajo fuera efectivamente comparable con el del resto de las consultoras. Una proyección automática, basada en las proporciones entre votos positivos, llevó a pensar a casi todas las consultoras en una posible proyección de 56,4 contra 43,6%. Sin embargo, las urnas porteñas demostraron que esa porción del electorado que rehusaba decidir entre PRO y ECO resolvió esa incertidumbre de manera muy diferente y prefirió votar masivamente contra el oficialismo porteño. Al igual que la mayor parte de las consultoras que publicaron en esa semana, OPSM privilegio un criterio conservador en el análisis y desestimó datos de gran valor que suministraba la propia encuesta y que aconsejaban una interpretación diferente, más ajustada a lo que efectivamente aconteció.

El dato más importante es el de que los votantes peronistas anunciaban que se dividirían entre un 50% que votaría a Lousteau y un 25,1% que votaría en blanco. O el dato igualmente significativo de que los votantes de la izquierda optarían por un criterio casi idéntico. Sobre el final, todos votaron a Lousteau, incluso quienes afirmaban que lo harían en blanco, anularían o no participarían, como señal de protesta frente a lo que evaluaban como una elección entre dos opciones que no los representaban ni expresaban. Ocho de cada 10 votantes de la Ciudad son independientes y están dispuestos a defender su autonomía a cualquier costa. Un dilema como el que se les planteo en estas elecciones dejaba abierto la posibilidad de cambiar su voto en función de razones utilitarias de último momento.

Para una mitad del electorado porteño, votar a Rodríguez Larreta o votar en blanco implicaba en verdad votar a Mauricio Macri, en una votación clave para el futuro de su candidatura presidencial. Compartían esta visión votantes contrariados con la propuesta actual del PRO, exacerbada en sus perfiles más agudos por una campaña que exageró la «pureza metódica» PRO y trató de convertir la elección porteña en un capitulo decisivo de la elección presidencial. Las insatisfacciones y heterogeneidad de propósitos de sus votantes, arrastraron incluso al propio Lousteau, llevándolo desde una posición inicial compatible con el macrismo hacia unas coordenadas de confrontación incontrolable.

Tampoco debe desestimarse en el análisis el hecho de que una proporción importante del padrón optó por ausentarse y determinó una de las elecciones con mayor abstención de la historia electoral reciente de la Ciudad. Los motivos de quienes no votaron son diversos, pero es muy posible que primara el escaso interés de muchos ciudadanos ante una opción entre dos candidatos que les parecían demasiado parecidos y cuyo histrionismo desenfadado estaba lejos de interesarles. No votar fue para muchos una manera de votar.

Rodríguez Larreta mantuvo así su voto de la primera vuelta, al tiempo que Lousteau perforo todos sus techos y logro el milagro de convencer a todos de que la mejor manera de oponerse al macrismo era votarlo a él, rechazando las tentaciones del abstencionismo.

El resultado sorpresivo de la elección porteña confirma por otra parte que la anemia ya percibida en Chaco, Neuquén, Tierra del Fuego, Santa Fe, Córdoba, La Rioja y tantos otros distritos en los que hace seis meses se avizoraba una posible victoria de ‘Cambiemos‘ es una enfermedad probablemente más profunda. La cadena de derrotas provinciales son acaso anuncios de una debilidad estructural, acentuada por las dificultades del macrismo para capitalizar fenómenos políticos de gran importancia, tales como el acuerdo con la CC y la UCR o las oportunidades que le brindan las expectativas de voto no concretadas en la mayoría de las grandes ciudades del interior. La victoria agónica en el la Ciudad de Buenos Aires, abre un debate profundo en las fuerzas de oposición, indispensable a escasas tres semanas de las PASO nacionales.

Enrique Zuleta Puceiro, Analista político. Director OPSM
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