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«¡Él es mi hermano Jorge y también tiene desnutrición como yo!», exclama Blanca

Captura de pantalla (2948)«¡Él es mi hermano Jorge y también tiene desnutrición como yo!», exclama Blanca. Hay entusiasmo y alegría en la voz de la niña de 9 años y 26 kilos de peso, y el contraste entre lo que dice y cómo lo dice quiebra el rostro de quienes la escuchan dentro de la casilla de pallets atados con nylon que habita con su madre y tres hermanos, en las afueras de la capital riojana. Jorge, el señalado por Blanca, tiene 15 años, 40 kilos y un rostro viejo en un cuerpo de niño. Recuerda inevitablemente al Chavo del Ocho. A diferencia de su hermana, ya no sonríe.

Ésa fue la última postal del recorrido que Sergio Massa encaró ayer por la provincia de La Rioja, en otro tramo de la gira que emprendió contra los gobernadores «feudales» de las provincias del norte argentino, que esta semana lo llevó a Formosa, Chaco, Entre Ríos y Jujuy y que hoy se cerrará en Santiago del Estero y Catamarca.

El candidato presidencial de UNA había llegado a esta provincia para respaldar al diputado local de la UCR Walter Cruz, al que la mayoría kirchnerista de la Legislatura (28 bancas contra 4) pretendía destituir ayer, luego de decir en televisión que punteros del oficialismo habían entregado porros a cambio de votos en los últimos comicios provinciales. Lo dijo tras presenciar un operativo policial realizado a raíz de una denuncia de la ONG Transparencia Electoral.

La acusación al gobernador

Pero el candidato presidencial de UNA venía decidido a marcar otro hito en su gira por las provincias del norte del país.

Ayer, acusó al gobernador Luis Beder Herrera de «robarse» el Banco de La Rioja, entidad del Grupo ICK que fue expropiada el mes pasado en un trámite exprés que se resolvió en un día, sobre tablas y sin fijar precio. Se la expropió luego de que la entidad presentó Reportes de Operaciones Sospechosas (ROS) de lavado de dinero sobre giros del estado provincial por 570 millones de pesos, destinados a ONG sospechadas de estar vinculadas a funcionarios locales.

«El gobernador ha decidido tomar por asalto un banco porque ese banco reportó una operación sospechosa de lavado de dinero de 570 millones de pesos. Beder se robó el Banco de La Rioja y ni siquiera le puso un precio a la expropiación, y en 15 o 20 años los riojanos van a seguir pagando por algo que Beder intenta ocultar», señaló Massa, en una conferencia de prensa ante medios locales. Algunos reporteros presentes abrían los ojos como si estuviera pronunciando palabras prohibidas.

El ex intendente tigrense hizo esas declaraciones públicas apenas terminó un desayuno con los principales referentes de Fuerza Cívica Riojana, el frente integrado por 16 partidos de la oposición que en las elecciones del 5 de julio llevó como candidatos a la gobernación al diputado radical Julio Martínez y al intendente massista de Famatina, Ismael Bordagaray. Perdieron ante el vicegobernador de Beder Herrera, Sergio Casas.

Durante el desayuno no sólo se detalló la denuncia penal que el kirchnerismo presentó contra Cruz y que la justicia local movilizó de manera inmediata.

La diputada Inés Brizuela y Doria (UCR) también recordó la relación de Beder Herrera con el Banco de La Rioja: participó como funcionario en la liquidación de 1991 y fue «delegado privatizador» cuando la entidad volvió a dar un vuelco, en 1999. Ahora, lo estatizó.

«Invito a Margarita Stolbizer, Nicolás del Caño, Adolfo Rodríguez Saá y Mauricio Macri a que acompañen la defensa de Cruz. Y también al gobernador Daniel Scioli, que tiene que decidir si es cómplice del atropello, la extorsión y la persecución o si es parte de la Argentina que viene», continuó Massa, rodeado por Martínez y Cruz, quien ayer, finalmente, no fue destituido por el kirchnerismo.

La pobreza más extrema

De la mano del diputado, Massa visitó luego el asentamiento de San Lorenzo. Allí, durante una charla con madres jóvenes que expusieron los casos de desnutrición, violaciones y enfermedades en el barrio, aparecieron Gabriela Juica y su hija Blanca. Llevaron a Massa hasta la casucha de nylon y sin baño donde estaba Jorge. Gabriela contó que pesaba 37 kilos y que hacía dos meses no le entregaban la leche para sus hijos. Que la desnutrición de la familia era por parásitos. Que quería un trabajo. «Pero de esos que vas todos los días, con sueldo», aclaró.

Quizá para romper el hielo, Massa le preguntó a Blanca si era feliz. «¡Sí!», volvió a exclamar la niña de 26 kilos, con la misma alegría desconcertante. Su madre empezó a llorar. Su hijo sólo las miraba.

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