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Historias de desnutrición y exclusión en un rancho riojano

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Pasar sus días en una casilla precaria que ni siquiera parece calificar como rancho no le ha quitado la alegría de vivir que transmite Blanca, de 9 años, peinada prolijamente y con aires de “princesa” que quieren tener todas las nenas a su edad. “El tiene desnutrición, como yo”, habla de ella y de su hermano Jorge. Con inocencia, como si fuera lo más natural del mundo, agrega sobre su hermano, que sí tiene la mirada muy triste: “Tiene 15 pero parece menos. Ya nos dijeron que no va a crecer más”. En realidad, Jorge cumple hoy sus 15 años, contará enseguida con voz muy apagada.

La casilla, madera y bolsas de polietileno para que llueva menos adentro, está en San Antonio, uno de los asentamientos que rodean la capital riojana. Muchas casas son de bloques de material. Los chicos desnutridos viven a menos de quince minutos de la sede del gobierno de Luis Beder Herrera, sinónimo del poder en La Rioja: vicegobernador desde 1991 y gobernador desde 2007 en adelante, sin interrupciones. De esa misma Casa de Gobierno salió un presidente por ocho años, Carlos Menem.

Sergio Massa visitó ayer el asentamiento y entró a la casilla de Blanquita y de Jorge. La mamá, Gabriela, tiene dos hijos más: Ismael (19), hace changas; José (13), limpia vidrios para ayudar. Viven de tres asignaciones universales porque el mayor ya no cobra. “Flor, mi nuera, también está desnutrida. Con bajo peso y embarazo de tres meses”, le cuenta Gabriela a Clarín. Es sanjuanina. Hace 9 años dejó a su marido porque le pegaba.

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