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Teresita Luna integraría un subbloque K en el Senado, tras la salida de Cristina

CN_fWQkWwAEUNBsLos principales referentes del peronismo parlamentario ven con preocupación la falta total de contacto con el Congreso que ha demostrado Daniel Scioli, que en lo que va del año y de la campaña presidencial no ha movido una sola pieza para armar una estructura de poder que le permita controlar o al menos garantizarse la fidelidad de los bloques del Frente para la Victoria.

Tal vez los doce años de sucesiones presidenciales al interior de la familia Kirchner han oxidado los engranajes del peronismo o quizás nadie se anime a sacar los pies del plato antes de tiempo por temor a represalias; pero lo cierto es que hoy parecen fotos sacadas del túnel del tiempo las épocas en las que los legisladores peronistas se apresuraban, en tiempos electorales, a armar grupos de apoyo al candidato presidencial de turno.

Ocurrió en la previa de la elección de 1989, que llevó a Carlos Menem a la Presidencia. Pasó diez años después, cuando con varios meses de anticipación, senadores y diputados del PJ conformaron la mesa «Duhalde Presidente». En 2003, hubo varios alineamientos ante la variada oferta peronista que tuvo la elección de ese año. Como se ve, se trata de un clásico de la vida orgánica peronista.

Sin embargo, hasta el momento no ha aparecido ninguna muestra de apoyo legislativo hacia el candidato presidencial oficialista, que recién después de las primarias de agosto último comenzó a acercarse con más determinación a los tradicionales factores del poder del PJ, como los gobernadores y los intendentes bonaerenses.

«No hay relación con el bloque», confirmó un diputado oficialista con un claro tono de preocupación por la falta de contactos con el candidato presidencial del PJ. «Alberto Pérez te atiende los teléfonos, pero no define ni tampoco se sabe que sea una correa de transmisión autorizada para acercarte a Scioli», comentó, por su parte, un senador peronista ante la consulta sobre si el gobernador bonaerense había entablado algún tipo de contacto con la bancada.

Las causas parecen ser varias, pero la mayoría de las explicaciones coinciden en un punto: la peculiar forma de hacer política de Scioli.

«Es su estilo; en ocho años nunca se preocupó por tener un armado en la Legislatura bonaerense, y eso que la tenía a tiro de una caminata de la Casa de Gobierno», comentó a LA NACION un operador político del PJ con llegada a despachos en La Plata y en el Senado.

En el mismo sentido, uno de los voceros consultados destacó que «ni siquiera los ministros que designa tienen pago chico», como para graficar que a Scioli nunca le interesó el bordado de estructuras políticas en las cuales asentar sus pretensiones electorales o el respaldo a sus administraciones.

Los pocos datos que se tienen hasta el momento no hacen más que confirmar ese comportamiento.

Así, en los despachos del Senado se dice que el acuerdo de Scioli con su par de Salta, Juan Manuel Urtubey, para que los gobernadores salgan a decir en la campaña lo que el candidato no puede por temor a provocar el enojo de Cristina Kirchner, tendría su correlato en la Cámara alta con la elección de Rodolfo Urtubey, hermano del gobernador y presidente de la Comisión de Acuerdos, al frente de la eventual futura bancada oficialista en reemplazo de Miguel Ángel Pichetto (Río Negro).

Armado K

En la Cámara baja, en tanto, todo es incertidumbre. De hecho, la falta de datos sobre el armado sciolista contrasta con los preparativos que ya se pueden percibir en el kirchnerismo más rancio.

Así, en los despachos oficialistas se da por hecho que Eduardo «Wado» De Pedro será el futuro presidente del cuerpo, elección que las usinas peronistas parlamentarias ven como una señal de que el «cristinismo» buscará mantener el control de la Cámara de Diputados.

En varios senadores reina el temor de que el esquema se repita en la Cámara alta, donde, si gana Scioli, aterrizará como presidente del cuerpo Carlos Zannini.

Según La Nación, muchos creen que el actual secretario de Legal y Técnica de la Presidencia llegará al Senado con el objetivo de conducir un armado kirchnerista puro, en el que se inscribe a senadores como los santacruceños Pablo González y María Ester Labado, el sanjuanino Ruperto Godoy, la riojana Teresita Luna y la entrerriana Sigrid Kunath, entre otros. Este esquema se vería ampliado con las llegadas en diciembre de las camporistas Anabel Fernández Sagasti (Mendoza) y Ana Almirón (Corrientes), candidatas con firmes chances de ser elegidas octubre.

Este grupo funcionaría como una suerte de subbloque que podría sentarse a discutir con fuerza y con capacidad de daño al interior de la bancada oficialista ante cualquier decisión de Scioli que no mantenga los lineamientos del «proyecto nacional y popular».

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