Mauricio Macri cumplió al dedillo el consejo de sus principales asesores: “Divide y reinarás”. En menos de dos meses de gobierno, el presidente logró neutralizar a una parte de la oposición a cambio de cargos en el Poder Ejecutivo nacional y embajadas, cooptar al líder del Frente Renovador, Sergio Massa, y fracturar al bloque de diputados del Frente para la Victoria de la mano de un puñado de gobernadores peronistas. El principal objetivo es asegurarse los votos necesarios en el Congreso, pero también aislar y despojar de poder a la dirigencia kirchnerista que responde a la ex jefa de Estado Cristina Fernández.
Uno de los primeros en sucumbir a los encantos de PRO fue Martín Lousteau, quien cinco meses atrás se había enfrentado con el actual jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, en el balotaje porteño. Apenas Macri asumió la presidencia fue elegido como embajador en Estados Unidos. Con menos exposición pública, otros dirigentes siguieron sus pasos. El peronista Ramón Puerta fue elegido para ocupar la embajada de España, el radical Marcelo Stubrin la de Colombia y el ex frepasista José Bordón la de Chile.
El macrismo también se apuró a hacer un guiño a la líder del GEN, Margarita Stolbizer, con el nombramiento de Gerardo Milman al frente de la secretaría del Consejo de Seguridad Interior.
Para ese momento, las conversaciones con Massa estaban más que avanzadas. El ex diputado nacional Adrián Pérez fue uno de los primeros massistas en llegar a la Casa Rosada. Fue designado como secretario de Asuntos Políticos del ministerio del Interior; cartera a la que también se sumó el economista del Frente Renovador Ricardo Delgado como subsecretario de Coordinación de la Obra Pública.
El acuerdo entre PRO y el massismo se extendió a la Ciudad. El diputado nacional del Frente Renovador Marcelo D’ Alessandro será el nuevo secretario de Seguridad del Gobierno porteño.
La principal muestra de amor de Macri a Massa fue la invitación al Foro Económico de Davos, desde donde lo postuló como presidente del Partido Justicialista. Los elogios del mandatario hacia quien por estos días se esfuerza en autodefinirse como un opositor “responsable” continuaron el fin de semana pasado en los festejos del carnaval en Jujuy, esta vez acompañado también por el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
La foto con Urtubey llegó después de varias semanas de conversaciones entre el gobernador salteño y distintos operadores del macrismo, lo que desembocó en que una docena de diputados justicialistas abanadonaran el bloque del Frente para la Victoria.
El arduo trabajo de convencer a los gobernadores Domingo Peppo, de Chaco; Sergio Casas, de La Rioja; Carlos Verna, de La Pampa; y Rosana Bertone, de Tierra del Fuego, para que acompañenen la propuesta de Urtubey y el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y Frigerio cumplió con creces el objetivo de PRO. Asegurarse voluntades en el Congreso para aprobar algunas leyes controvertidas, como la anulación de la ley Cerrojo para acordar con los fondos buitre; pero también aislar y vaciar de poder a las filas kirchneristas o como prefiere decir un funcionario con despacho en la Casa Rosada, “para erradicar cualquier vestigio del kirchnerismo del Estado”, aun a quienes fueron votados por la voluntad popular.
La eliminación de la simbología kirchnerista y los despidos de aquellos trabajadores estatales que se identifiquen con el proyecto político liderado por Cristina Fernández va en ese mismo sentido. Palabras más, palabras menos, desde el macrismo explican que se busca que la oposición se circunscriba al kirchnerismo para garantizar la polarización que llevó a Macri a la presidencia.
Fuente: BAE





