
Este miércoles se conoció el tan esperado dato de inflación correspondiente al mes de febrero 2018. El Índice de Precios al Consumidor (IPC Nacional) que mide el INDEC dio 2,4% en su variación mensual, y confirmó la percepción de todos: el proceso de desinflación está comprometido.
Tras las modificaciones en el programa monetario implementadas a fines de 2017, y con los datos de febrero en la mesa, resulta pertinente analizar los números fríamente para hacer una lectura correcta acerca de que está sucediendo con el avance de los precios y que puede suceder hacia adelante.
Inflación en Argentina, nada nuevo. Lo primero que hay que destacar, es que el proceso inflacionario en Argentina es parte de nuestro ADN desde hace muchos años. Como muchos economistas pregonan, desde el año 1945 hasta la fecha, con la excepción del periodo de convertibilidad, hemos tenido altas tasas de inflación producto exclusivamente de la indisciplina fiscal y monetaria de quienes nos han gobernado.
En este contexto, el fenómeno inflacionario actual lleva más de 10 años con niveles superiores al 25% y será sumamente complejo poder superarlo. Nuestra historia nos condena a la hora de implementar cualquier tipo de programa antiinflacionario.
Fenómeno monetario. A pesar de la resistencia de algunos colegas a repetir el “mantra” monetario me parece importante seguir haciéndolo: la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno estrictamente monetario. Su principal causa es la monetización (impresión de billetes) del desequilibrio de las cuentas públicas (déficit fiscal).
En este marco, la ambición del actual programa monetario está desalineado respecto al programa fiscal, ya que como hemos mencionado en “Dominancia fiscal mata metas de inflación” todavía persiste una fuerte necesidad de monetización del déficit fiscal actual. Ir gradual en lo fiscal, por las buenas o por las malas, condiciona a ir gradual en lo monetario.
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