La trastienda del domingo: Cuando el balcón continuó siendo peronista

6AM suena el primer despertador. Había sido una larga noche de sábado. 7AM fue el últimatum para levantarse. El oficialismo tenía el desafío de revalidar sus pergaminos en las elecciones dominicales.

Ya se habían encendido todos los celulares que se intercambiaban mensajes y llamados de aliento. El primer panorama se dio a las 7.45AM entre Ricardo Quintela con Ariel Puy Soria y Sergio Casas, quien se encontraba en San Blas. Los demás estaban alistados en la Capital.

El peronismo oficialista salía con su propia oferta electoral para enfrentar a dos aparatos constituidos en toda la provincia. Uno de ellos representaba al propio presidente Mauricio Macri, que en el 2015 había ganado en La Rioja.

8.40AM Quintela dejaba su casa de la calle San Isidro para dirigirse a votar en la escuela de los Bomberos. Lo hacía rodeado de su familia que le vio salir mal parado de los dos anteriores intentos para llegar a la gobernación.

En democracia solo puede ser el día de un proyecto. Eso lo conocía Quintela. La prudencia prevaleció, aunque la boleta larga era su aliada, especialmente en el interior profundo.

Al promediar la mañana del domingo ya se habían acabado las palabras porque el soberano, el pueblo, era quien debía elegir a sus representantes.

El diseño del domingo de elecciones se había cerrado en el segundo piso de un edificio en la avenida Rivadavia.

El oficialismo no desconocía la aceptación del macrismo en la Capital y por ello, tenía que reforzar los votos en el interior con los intendentes y diputados, que a la postre así sucedió.

Llegaba el mediodía y Quintela invitó a almorzar a su jefe de campaña en su casa. Allí recibió a Ariel Puy Soria para comer unas empanadas, pero hubo un regalo: un lechón para el clásico domingo de familia.

Claro está en la mesa solo se habló de política, de lo que podía venir y de lo que pasaba en ese momento.

Al promediar la siesta llegó Doña Nena, la madre del candidato a gobernador -por esas horas- para reafirmar el lazo maternal.

Quintela empezaba a las 17 a cerrar un capítulo de su vida política: ser gobernador. Ya lo había buscado junto al chileciteño Fernando Rejal en dos oportunidades.

Esta vez lo hizo dentro de la estructura gubernamental, ya que había logrado la bendición de Casas. Lo acompaña Florencia López, la aimogasteña.

Siempre estuvo en sus planes llegar al primer piso de la Casa de Gobierno, pero con el paso de los años se fue desvaneciendo, y fundamentalmente en el 2015 cuando Macri llegó a la Presidencia.

Luego fortaleció la amistad con Puy Soria y comenzaron a retomar el sueño que había tenido con Rejal. Y lo logró, ya que en los primeros minutos del lunes ingresó a la Casa de las Tejas como gobernador electo.

Había esperado los resultados en la Residencia Oficial junto a Casas y el equipo de campaña. Con el correr de las horas, los militantes peronistas habían copado la Plaza 25 de Mayo.

Pasadas las 23, Casas anunciaba que Quintela era el nuevo gobernador de La Rioja. Luego partieron en caravana al centro, tras saludar a un grupo de personas afuera de la Residencia.

Cuando las agujas del reloj indicaban que el lunes 28 había llegado, Quintela salió al balcón de la Casa de Gobierno como mandatario provincial electo.

Saludó a todos y todas. Y allí pudo firmar otra vez el libro de la historia política riojana: el balcón sigue siendo peronista.