La relación entre el gobernador y el presidente de la Cámara Baja es una de las más tensas en el mapa político argentino. El conflicto, que mezcla historia familiar, control del poder y un enfrentamiento ideológico, pone en juego el futuro de la provincia.
La relación entre el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, y el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Martín Menem, es un claro reflejo de la profunda grieta política que atraviesa al país. Aunque ambos son riojanos, su vínculo es de confrontación total, un juego de poder que trasciende la ideología y se enraíza en la historia política de la provincia.
Para entender la dinámica de este conflicto, hay que mirar más allá de la coyuntura. Por un lado, está Quintela, un peronista de la «vieja guardia» que ha consolidado su poder a lo largo de décadas. Por el otro, Martín Menem, el heredero de un apellido icónico en la política riojana y una figura ascendente en el universo libertario. Su llegada a la presidencia de la Cámara de Diputados no solo le dio un poder institucional sin precedentes, sino que lo convirtió en el principal adversario político del gobernador.
La batalla por los recursos y la narrativa del poder
El choque se manifiesta en varios frentes. Primero, en la batalla por los recursos. Mientras Quintela reclama fondos para la obra pública y el funcionamiento de la provincia, Menem defiende la política de «no hay plata» de Javier Milei. Esta disputa no es solo financiera, es también una guerra de narrativas: el gobernador acusa al presidente de la Cámara Baja de «traicionar» a su provincia, mientras que Menem lo señala como un ejemplo de la «casta» que se opone al cambio.
Además, el conflicto tiene un componente personal y familiar. Martín Menem es sobrino del expresidente Carlos Menem, una figura que marcó a fuego la política riojana y nacional. Su ascenso a un cargo de poder en el Congreso es visto por Quintela como un resurgimiento del menemismo, un modelo político al que siempre se ha opuesto. En este sentido, la confrontación es una revancha histórica que se libra en los pasillos de Buenos Aires.
Un futuro en vilo
El enfrentamiento entre Quintela y Menem pone en juego el futuro de La Rioja. El gobernador necesita negociar con el Congreso para obtener la aprobación de leyes clave y la asignación de fondos. Pero el presidente de la Cámara Baja no tiene reparos en utilizar su poder para oponerse a un adversario político que lo mira con desconfianza.
En un contexto de crisis económica y alta conflictividad política, el diálogo entre el gobernador y el presidente de la Cámara de Diputados es casi inexistente. Este «vacío» institucional genera incertidumbre y complica aún más la situación de una provincia que se encuentra en el centro de la grieta.





