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El peronismo sin brújula: Quintela desoye el pedido de unidad de Cristina Kirchner y negocia una foto con Victoria Villarruel en La Rioja

El gobernador visitó a la ex presidenta en su prisión domiciliaria, donde recibió el mandato de unificar los bloques en el Congreso. Sin embargo, uno de sus senadores vaciaron la cena de camaradería organizada por José Mayans y, en un giro de pragmatismo desconcertante, el riojano acordó la visita de la Vicepresidenta libertaria a la provincia.

En el peronismo, la lealtad suele ser una cuestión geográfica: se está o no se está. Ricardo Quintela, sin embargo, parece haber inaugurado una nueva doctrina de «ubicuidad política» que tiene desconcertado al Instituto Patria y en alerta a la Casa Rosada. En un lapso de pocas horas, el gobernador de La Rioja pasó de la emotividad de visitar a Cristina Fernández de Kirchner en el departamento donde cumple prisión domiciliaria, a tejer una alianza táctica con Victoria Villarruel que amenaza con dinamitar la unidad del PJ en el Senado.

La foto política es de una contradicción flagrante. Mientras Cristina, desde su encierro, bajaba línea para que haya «unidad de bloques peronistas en el Congreso» y así resistir el embate libertario, Quintela ejecutaba en las sombras una maniobra de dispersión. El mandatario riojano se muestra hoy como un dirigente «sin brújula», atrapado entre la necesidad de diferenciarse de la conducción kirchnerista y la urgencia de conseguir oxígeno financiero para su provincia.

El vacío a Mayans y la «Convicción Federal»

La primera señal de esta desconexión se vio en la cena organizada por José Mayans —quien preside el PJ nacional ante la situación judicial de la ex presidenta— en la sede de la calle Matheu. El objetivo era mostrar músculo y sellar la unidad del interbloque. El resultado fue dispar y expuso las grietas.

A la mesa se sentaron 33 comensales, pero brillaron por su ausencia las sillas de «Convicción Federal», el sub-bloque que integran los senadores que responden a los gobernadores díscolos. Entre los ausentes estaba Fernando Rejal, la espada legislativa de Quintela en la Cámara Alta.

«El gobernador lo envió a un bloque aparte tras intentar sin éxito presidir el PJ», analizan en los pasillos del Congreso. La ausencia de Rejal no fue un descuido, fue un mensaje político: La Rioja no acatará la conducción centralizada de Mayans ni la estrategia de confrontación total que pide el kirchnerismo duro si eso pone en riesgo su supervivencia.

Junto a Rejal, faltaron Guillermo Andrada (Catamarca, leal a Raúl Jalil), Fernando Salino (San Luis) y Carolina Moises (Jujuy). La dispersión es tal que incluso el pampeano Daniel Bensusán, hombre del gobernador Sergio Ziliotto, avisó que «seguirá en el PJ, pero con su propio sello», resistiéndose a la fusión bajo el paraguas kirchnerista.

El factor Villarruel: ¿Pragmatismo o traición?

Pero lo que terminó de descolocar al peronismo tradicional fue la confirmación de que Quintela, tras ignorar el pedido de unidad de Cristina, habilitó un canal directo con la Vicepresidenta de la Nación. Fue el propio senador Fernando Rejal quien confirmó la bomba política: «Creo que en diciembre, antes de fin de año, está acá. Quiere visitar La Rioja».

La llegada de Victoria Villarruel a tierras riojanas se lee como un gesto de autonomía desafiante. Mientras Mayans agotaba esfuerzos para retener a la tropa de Santiago del Estero —logrando que Gerardo Zamora garantice la presencia de sus senadores Claudia Ledesma, Gerardo Montenegro y José Neder—, Quintela optó por jugar su propio partido, acercándose a la figura institucional del gobierno libertario con la que Javier Milei mantiene una guerra fría.

El análisis en el PJ es crudo: Quintela intenta replicar el modelo de Raúl Jalil, quien negocia gobernabilidad a cambio de silencio legislativo, pero con una retórica de resistencia que ya no se sostiene en los hechos. «Es un juego a dos puntas muy peligroso. Fue a pedir la bendición de Cristina y salió a armarle la agenda a Villarruel», sentenció un operador del peronismo que participó de la cena en Matheu.

Un futuro incierto

La jugada de Quintela deja al interbloque de Unión por la Patria en una situación de fragilidad extrema. Si se consolida la ruptura de los cuatro senadores de Convicción Federal y se suman a un eventual interbloque federal con los salteños de Gustavo Sáenz, el peronismo perderá su capacidad de bloqueo automático.

En este escenario de «sálvese quien pueda», La Rioja parece haber perdido el norte ideológico para abrazarse al pragmatismo de la necesidad. La duda que recorre al espinel político es si esta estrategia es una jugada maestra de supervivencia o el síntoma final de un liderazgo provincial que, acorralado por la crisis y las deudas, ha decidido entregar las banderas de la unidad a cambio de una tregua con el poder central.

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