Mientras el ministro del Interior acelera los acuerdos con los mandatarios dialoguistas para el Presupuesto 2026, la provincia queda relegada al lote de los “opositores duros”; el rol clave de Martín Menem y la estrategia de desgaste antes del llamado a extraordinarias
En el tablero de control que Diego Santilli desplegó sobre su escritorio en el Ministerio del Interior, la provincia de La Rioja aparece, por ahora, en una zona gris, lejos de los despachos donde se definen los recursos. A tres semanas de haber asumido, el “Colo” diseña su agenda federal con una fecha límite inamovible: el 10 de diciembre. La estrategia es clara y pragmática: consolidar primero el frente de los 20 gobernadores que firmaron el Pacto de Mayo —el denominado “G20” oficialista— antes de definir qué hacer con los cuatro mandatarios del peronismo, entre los que Ricardo Quintela ocupa un lugar central por su alto perfil confrontativo.
La hoja de ruta de Santilli tiene una lógica de prioridades que hoy deja a la administración riojana en la sala de espera. Mientras el funcionario viaja por tierra a Santiago del Estero para cerrar filas con Gerardo Zamora o agenda visitas a Misiones para dialogar con Hugo Passalacqua, en la Casa Rosada admiten que el contacto con el eje Kicillof-Quintela está en stand by.
El objetivo del Gobierno es asegurar los votos para el Presupuesto 2026 y las reformas de “segunda generación” antes de las sesiones extraordinarias. En esa ecuación, los votos de los legisladores riojanos son necesarios, pero en Balcarce 50 creen que el costo de negociar con el “Gitano” hoy es más alto que el beneficio inmediato.
La Rioja y el filtro de la “Mesa Chica”
La situación de La Rioja tiene un condimento que la diferencia del resto de los opositores: la presencia de Martín Menem en la mesa chica de decisiones. El titular de la Cámara de Diputados, junto a Karina Milei y Santiago Caputo, es quien valida la estrategia de aproximación —o distancia— con su provincia natal.
Santilli opera en tándem con este equipo y con el ministro de Economía, Luis Caputo. La premisa es “billetera acotada” y gestión política. Mientras gobernadores como el salteño Gustavo Sáenz visitan la Rosada e ironizan ante los micrófonos diciendo que “el poncho no aparece” (en referencia a los fondos), al menos tienen lugar en la mesa de discusión. Quintela, en cambio, paga el costo de no haber adherido al Pacto de Mayo, ni al RIGI, ni a la Ley de Reiterancia.
“No descarto nada”, deslizó Santilli tras su primera reunión de Gabinete, dejando una puerta entreabierta a los opositores. Sin embargo, la reciente chicana del ministro a la administración bonaerense —“¿Te autopercibís excluido?”— resuena con fuerza en La Rioja. El mensaje es unívoco: para entrar al “G20” hay que mostrar gestos de distensión que la provincia, hasta ahora, no ha dado.
El dilema de los “rebeldes”
Santilli aspira a terminar la ronda con los 20 aliados para luego evaluar los pasos a seguir con el grupo de los cuatro: Axel Kicillof (Buenos Aires), Gildo Insfrán (Formosa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego) y el propio Quintela.
Desde el entorno del ministro aseguran que “está construyendo un mapa” y que “trabaja con un tablero que no es sencillo”. Para La Rioja, esto implica un riesgo latente: quedar aislada en la discusión del reparto de fondos justo cuando la Nación cierra el grifo de las transferencias discrecionales.
La visita de Santilli a Zamora en Santiago del Estero encendió las alarmas en el peronismo norteño. Si el Gobierno logra alinear a los mandatarios vecinos con promesas de obras o inclusión en el Presupuesto, la postura de trinchera de La Rioja podría volverse insostenible financieramente.
A dos semanas del inicio del período extraordinario, la lista de pendientes de Santilli incluye a figuras de peso como Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Jorge Macri (CABA). La Rioja no figura en la agenda inmediata. La estrategia oficial parece ser el desgaste: esperar a que la necesidad económica obligue a los gobernadores “rebeldes” a tocar el timbre de la Casa Rosada, pero esta vez, bajo las condiciones que imponga el nuevo esquema de poder libertario.





