El mandatario riojano acordó con sus pares debatir las reformas libertarias en lugar de un rechazo automático; el equilibrio entre la visita al Instituto Patria y el gesto institucional con Victoria Villarruel para garantizar la supervivencia financiera
En el tablero de ajedrez que define la gobernabilidad de la Argentina, Ricardo Quintela ha decidido mover sus fichas con una autonomía inédita respecto de la conducción histórica del peronismo. La Rioja, junto a un núcleo duro de mandatarios provinciales, inauguró una nueva etapa en su relación con la Casa Rosada: el rechazo in limine a las políticas de Javier Milei ha caducado. La nueva orden, pactada en una cumbre reservada en Buenos Aires, es mantenerse “operativos” y debatir las reformas, una estrategia que marca un distanciamiento táctico de las directrices que emanan desde el departamento de Cristina Kirchner en San José 1111.
El gobernador riojano, que supo desafiar a la ex presidenta en la interna partidaria antes de bajar su lista, se ha convertido en una pieza clave de este armado federal que integran también Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Axel Kicillof (Buenos Aires), Gildo Insfrán (Formosa), Sergio Ziliotto (La Pampa) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego). El objetivo es claro: construir un dique de contención propio y negociar con la lapicera de Economía sin intermediarios ideológicos.
La diplomacia de los dos frentes
La jugada de Quintela se destaca por su dualidad. Por un lado, mantiene los puentes institucionales con el kirchnerismo —se reunió con Cristina Kirchner y le ofreció “salir a caminar la Argentina” para reorganizar el PJ—, pero por el otro, envía señales contundentes de independencia. El gesto más elocuente fue su encuentro con la vicepresidenta Victoria Villarruel, al que asistió acompañado por la senadora nacional Florencia López.
Esa foto en el Senado no fue casual. Fue la validación de una vía de negociación paralela a la confrontación que propone el Instituto Patria. En La Rioja entienden que la supervivencia de la gestión local depende de destrabar fondos (ATN, impuestos a los combustibles y obra pública) y que la “resistencia total” solo conduce a la asfixia financiera.
El rol del bloque “Convicción Federal”
La estrategia de diferenciación tiene su correlato legislativo. El senador riojano Fernando Rejal, alfil de Quintela, integra el bloque Convicción Federal junto al catamarqueño Guillermo Andrada y la jujeña Carolina Moises. Este espacio funciona como una suerte de “zona de distensión” que le permite a los gobernadores negociar ley por ley sin quedar atados a la disciplina de bloque que impone José Mayans, quien responde a la línea de Insfrán y Cristina.
Si bien Quintela no ha roto formalmente, su alineamiento con la estrategia del santiagueño Gerardo Zamora —quien hoy se erige como el gran interlocutor del Norte Grande ante el ministro Diego Santilli— sugiere que los legisladores riojanos podrían acompañar reformas clave si la Nación habilita los recursos demandados. La premisa es clara: “La agenda de los gobernadores es nuestra agenda”, repiten en el entorno del “Gitano”, priorizando los intereses provinciales sobre los partidarios.
Kicillof y la búsqueda de aliados
En este reordenamiento, Quintela también juega un rol en la interna bonaerense. Su cercanía con Axel Kicillof se basa en una necesidad mutua: el gobernador de Buenos Aires necesita federalizar su figura y buscar aliados fuera del camporismo para su proyecto presidencial (o de resistencia), y Quintela necesita el volumen político que otorga la provincia más grande del país.
Sin embargo, el riojano sabe que el tiempo apremia. Mientras Zamora gana influencia y se posiciona como un potencial candidato o “gran elector” para 2027, La Rioja necesita soluciones inmediatas. La decisión de no rechazar las reformas de Milei como única respuesta es, en el fondo, un mensaje de pragmatismo: la ideología sigue vigente, pero la gobernabilidad de la provincia no se negocia en Buenos Aires, ni en la Casa Rosada ni en el Instituto Patria.





