Gerardo Zamora le sugirió al ministro del Interior que «escuche» a Quintela para garantizar los votos. El gobernador riojano exige una silla en la AGN para su exministro de Economía como condición innegociable para no fracturar el bloque peronista.
En la siesta santiagueña del último viernes, entre el café y los gestos de distensión con Diego Santilli, el gobernador Gerardo Zamora deslizó una frase que activó las antenas del Ministerio del Interior. «Llamalo a Quintela», fue el mensaje —palabras más, palabras menos— que funcionó como un puente de plata para intentar destrabar una negociación que viene empantanada.
Ese llamado telefónico, el que la Casa Rosada evitó hacer durante meses al clasificar a La Rioja en la lista de los «intransigentes», se ha convertido ahora en la pieza faltante para completar el rompecabezas del Presupuesto 2026.
Pero Ricardo Quintela no espera solo promesas de fondos o ATN en esa comunicación. El «Gitano» ha subido la apuesta institucional y puso sobre la mesa un nombre propio que tensa tanto al Gobierno como a la conducción de Cristina Kirchner: Ricardo Guerra.
El contador de la discordia
El exsenador y exministro de Hacienda de La Rioja, Ricardo Guerra, es la carta tapada con la que Quintela amenaza con patear el tablero.
La discusión es por las sillas vacantes en la Auditoría General de la Nación (AGN). El peronismo, conducido en el Senado por José Mayans, pretende quedarse con dos de los tres lugares antes del recambio legislativo del 10 de diciembre. Sin embargo, el bloque de los gobernadores díscolos —bautizado «Convicción Federal» e integrado por el riojano Fernando Rejal, el catamarqueño Guillermo Andrada y otros— ha lanzado un ultimátum: o una silla es para Guerra, o hay ruptura.
Para Quintela, Guerra no es un nombre al azar. Es un técnico de su extrema confianza, un hombre que conoce al dedillo los números finos del Estado y que, desde la AGN, podría funcionar como un escudo —o una espada— fiscal para las provincias del norte.
El mensaje en el celular de Santilli
La gestión de Zamora ante Santilli no fue ingenua. El santiagueño sabe que si el bloque peronista se rompe por la «cuestión Guerra», el oficialismo de Javier Milei será el principal beneficiado, acercándose a la primera minoría.
Por eso, el «operativo clamor» para que Santilli levante el teléfono y hable con La Rioja tiene un doble filo. Si el Gobierno acepta validar a Guerra para la AGN (cediendo quizás en la negociación con la UCR o el PRO), podría garantizarse la paz en el recinto y los votos de los senadores riojanos para el Presupuesto.
«Si no hay un lugar para Guerra, que se despidan de la unidad del bloque», es la amenaza que llega desde el entorno de los senadores federales.

Entre la «caja» y el poder
La estrategia de Quintela demuestra que la pelea no es solo por la «caja» de la obra pública, sino por espacios de poder real. Mientras Santilli anotaba pedidos de rutas y fondos en su carpeta, la verdadera negociación pasaba por otro carril: el reconocimiento político a un interior que ya no acepta el «dedo» del Instituto Patria ni la indiferencia de la Casa Rosada.
El tiempo corre. El 10 de diciembre es la fecha límite. Si el teléfono de Quintela suena y del otro lado hay una oferta que incluya a Ricardo Guerra en la AGN, el Presupuesto 2026 podría tener luz verde. Si no, la fractura del peronismo en el Senado será el primer gran conflicto del nuevo año legislativo, con La Rioja como protagonista estelar de la rebelión.






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