El gobernador de Catamarca se mostró con la cúpula libertaria y confirmó la inminente salida de sus cuatro diputados de Unión por la Patria. La maniobra, avalada por los mandatarios de Salta y Tucumán, dinamita la liga de gobernadores del Norte y aísla la postura combativa de Ricardo Quintela.
La foto que el Gobierno buscaba desde hace semanas finalmente se concretó en el Salón de los Escudos. Con sonrisas protocolares y bajo la atenta mirada de un cuadro de Manuel Belgrano, la Casa Rosada oficializó la fractura del peronismo en el Congreso. El protagonista de la instantánea fue el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, quien posó junto al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y al ministro Diego Santilli, para confirmar lo que en el norte ya era un secreto a voces: la ruptura del bloque de Unión por la Patria es un hecho y sus cuatro diputados jugarán para el oficialismo.
«Es un proceso natural», se excusaron cerca del catamarqueño sobre el éxodo que se materializará el 10 de diciembre. Pero la lectura política excede la aritmética parlamentaria: la foto es el certificado de defunción de la estrategia de abroquelamiento que intentaba sostener el kirchnerismo duro y deja expuesta, como nunca antes, la soledad política de La Rioja.
El vecino pragmático vs. el vecino combativo
El impacto de la imagen golpea de lleno en la residencia de Ricardo Quintela. Hasta hace poco, Catamarca y La Rioja funcionaban como un tándem político en el Norte Grande. Hoy, la grieta es total. Mientras Jalil cruzó el umbral de Balcarce 50 escoltado por empresarios para reunirse con el titular de ARCA, Juan Pazos, y destrabar gestiones para su provincia, Quintela se mantiene como el único gobernador de la región sin diálogo fluido con el Ejecutivo y con la billetera nacional cerrada.
La jugada de Jalil no fue solitaria. Antes de pasar por la Rosada, tejió su estrategia en la Casa de Salta junto a Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Rolando Figueroa (Neuquén). Este «scrum» de gobernadores dialoguistas conformará un interbloque que funcionará como árbitro en Diputados, garantizándole a Javier Milei los votos para el Presupuesto y las reformas clave.
La Rioja, fuera del radar
Para la administración riojana, la foto de Jalil es una pésima noticia por partida doble:
- Debilidad legislativa: Quintela pierde cuatro votos aliados en el Congreso que hasta ahora funcionaban como barrera de contención contra las leyes libertarias. Sin el apoyo catamarqueño, la capacidad de fuego del riojano para negociar fondos o bloquear iniciativas se reduce drásticamente.
- Aislamiento regional: La Rioja queda cercada geográficamente por provincias «amigas» de la Casa Rosada. Con San Juan (Orrego), Catamarca (Jalil) y Córdoba (Llaryora) en sintonía de diálogo con Milei, la estrategia de confrontación de Quintela corre el riesgo de volverse testimonial e ineficaz para conseguir recursos.
En los despachos oficiales admiten que el objetivo es arrebatarle al peronismo la primera minoría en la Cámara baja. Con la «borocotización» de los legisladores catamarqueños casi cerrada, el Gobierno celebra: dividió al Norte, sumó votos clave y dejó a la oposición más dura circunscrita a una sola provincia de la región.





