El nacimiento de «Gobernadores Cooperativa Limitada», un nuevo bloque de mandatarios preocupados solo por sus pagos chicos, acelera la descomposición del sistema político nacional. Mientras sus vecinos se blindan en ligas regionales para negociar la supervivencia, La Rioja queda a la intemperie, aferrada a un peronismo que pierde volumen y capacidad de respuesta.
La Argentina se encamina peligrosamente hacia una reversión posmoderna de la Confederación de 1853. El big bang político-territorial que estalló esta semana con la formación de un nuevo bloque de gobernadores del Norte —Sáenz, Jaldo, Jalil— no es solo una jugada táctica para aprobar el Presupuesto 2026; es la confirmación de que la idea de «Nación» se está disolviendo en un archipiélago de intereses provinciales. Y en ese mapa fragmentado, La Rioja aparece como la isla más solitaria.
El fenómeno es paradójico: mientras Javier Milei impone un ajuste feroz y desfinancia a las provincias, los gobernadores, lejos de unirse en un frente nacional de resistencia, optan por salvarse solos. Forman «cooperativas» legislativas —como la que acaban de sellar en la Casa de Salta o la ya existente «Provincias Unidas»— para negociar, voto a voto, la supervivencia de sus cajas locales.
La trampa del «sálvese quien pueda»
Para el gobernador Ricardo Quintela, este escenario es dramático. Su estrategia de confrontación total con la Casa Rosada, anclada en la defensa del federalismo clásico y la justicia social, choca contra un muro de pragmatismo. Sus vecinos ya no discuten modelos de país; discuten obras puntuales y ATN.
La conversión de Raúl Jalil es el síntoma más doloroso para el riojano. El catamarqueño, que hasta ayer compartía trinchera, cruzó el Jordán para sacarse la foto con los libertarios. Su lógica es implacable: en la era de la motosierra, la única forma de blindar la gestión local es entregar los votos nacionales. «Lo mío es la neuquinidad», dijo Rolando Figueroa, sintetizando el espíritu de época: no hay proyecto nacional, solo hay provincias tratando de flotar.
El eclipse del peronismo y el riesgo riojano
Este proceso de «provincialización» de la política tiene un efecto devastador para el peronismo, que pierde volumen legislativo y territorial. Si Jalil y otros mandatarios consolidan su ruptura, Unión por la Patria dejará de ser la primera minoría en el Senado, reduciendo al PJ a una expresión mínima histórica.
En este contexto, La Rioja queda en una posición de extrema vulnerabilidad. Sin una «liga» que la contenga y con el peronismo nacional sumido en sus propias internas y pérdida de gravitación (como señaló Sáenz sobre Cristina Kirchner), la provincia corre el riesgo de quedar desconectada de los flujos de recursos.
La política argentina se está reconfigurando como un mercado persa de lealtades efímeras. Y mientras el gobierno libertario celebra la fragmentación que le permite avanzar con sus reformas irreversibles, La Rioja enfrenta el desafío de sostener su modelo en un país donde la solidaridad federal parece haber sido reemplazada por la lógica de la supervivencia individual.





