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La soledad del «Gitano»: seis gobernadores arman una «franquicia dialoguista» para negociar con Milei y aíslan a La Rioja en el Norte

Sáenz, Jaldo y Jalil formalizaron en la Casa de Salta un espacio que promete ser el árbitro del Congreso. Con la ruptura del catamarqueño con el kirchnerismo, Ricardo Quintela pierde a su principal socio regional y queda como el único mandatario del NOA fuera del nuevo pacto de gobernabilidad.


El mapa del poder en el norte argentino terminó de reconfigurarse este jueves en una oficina a metros del Obelisco, y el resultado deja una víctima política clara: La Rioja. Mientras los gobernadores Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca) sellaban el nacimiento de una nueva «franquicia dialoguista» para negociar recursos con la Casa Rosada, el gobernador Ricardo Quintela quedó, de facto, cercado políticamente.

La reunión en la Casa de Salta, a la que se sumaron el neuquino Rolando Figueroa (con su sello «La Neuquinidad»), el misionero Hugo Passalacqua (vía zoom) y el rionegrino Alberto Weretilneck, tiene un objetivo aritmético: consolidar un interbloque de entre 15 y 20 diputados y 10 senadores que funcione como la «llave de paso» para las leyes de Javier Milei. Pero tiene, además, un efecto colateral inmediato: dinamita la resistencia peronista en el interior y deja a Quintela como el único cruzado anti-Milei de la región.

El «amigo» que cruzó el jordán

El golpe más duro para la estrategia riojana proviene de Catamarca. Raúl Jalil, vecino y hasta ayer socio estratégico de Quintela en la Liga de Gobernadores, terminó de blanquear su salto al pragmatismo. No solo participó del armado de este bloque que restará fuerza a Unión por la Patria, sino que coronó la jornada con una foto en la Casa Rosada junto a Diego Santilli y Manuel Adorni.

Para La Rioja, la conversión de Jalil es una señal de alarma financiera. El catamarqueño entendió que la billetera nacional solo se abre para quienes garantizan votos (como sucedió con las retenciones petroleras para Chubut, Neuquén y Santa Cruz). Quintela, atrincherado en su reclamo judicial por la coparticipación y en la emisión de cuasimonedas, ve cómo sus pares eligen la ventanilla de cobro en lugar de la trinchera ideológica.

Un «scrum» que vale oro

El nuevo espacio, una suerte de spin-off de «Provincias Unidas», agrupa a legisladores de bloques como «Coherencia» (ex LLA) y «Convicción Federal» (ex UP). La lógica es simple: «Las elecciones terminaron y ahora tenemos que gobernar», sintetizó Sáenz.

Esta frase encierra la trampa para La Rioja. El nuevo interbloque se ofrece como garante de la gobernabilidad para aprobar el Presupuesto 2026. A cambio, sus provincias recibirán obras y fondos discrecionales. La Rioja, sin representantes en esta mesa y con sus legisladores atados a la suerte de un kirchnerismo en retroceso (o a la espera de que el tucumano Yedlin capture la conducción del bloque PJ), corre el riesgo de quedar última en la fila del reparto.

La incógnita Zamora

La única esperanza de Quintela para no quedar en absoluta soledad era el santiagueño Gerardo Zamora, quien finalmente faltó a la cita en la Casa de Salta. Sin embargo, en los pasillos del Congreso se comenta que el radical K podría jugar a dos puntas: «repartir» legisladores entre el peronismo y los bloques provinciales para no quedar fuera de la negociación presupuestaria.

Si Zamora también cede al «toma y daca», La Rioja quedará configurada como una isla opositora en un mar de pragmatismo violeta. Con la caída del consumo de combustible, la alta dependencia de fondos nacionales (86% de sus ingresos) y sin aliados regionales de peso, el «Gitano» enfrenta el desafío más complejo de su gestión: sostener el relato combativo con la caja vacía, mientras sus vecinos brindan con la Casa Rosada.

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