Mientras el intendente Armando Molina denuncia ahogo financiero, el ministro Puy Soria y el diputado Bécera se lanzan a la carrera. La estrategia de «asfixia» para desgastar la gestión actual y la reacción de Teresita Madera ante el avance de sus rivales.
Si la pelea por la Gobernación es el premio mayor, la disputa por la Intendencia de La Rioja Capital es la trinchera donde se define el poder territorial. Allí, el peronismo vive una paradoja: sobran candidatos, pero faltan recursos. El acuerdo entre Florencia López y Ernesto Pérez detonó una carrera de tres vías que promete dejar heridos políticos mucho antes de 2027.
El «delfín» de Pérez vs. el «constructor» Puy Soria
Ernesto Pérez no solo mira el sillón de Facundo Quiroga; sabe que necesita controlar la Capital. Para eso, ha decidido potenciar la figura de Gonzalo Becerra. El actual diputado provincial y ex concejal es el elegido para caminar los barrios bajo el paraguas de la nueva alianza. «Becerra es la renovación que necesitamos para disputarle el territorio al aparato tradicional», aseguran desde el entorno del ministro de Producción, que busca instalar a su candidato como la opción joven y ejecutiva.
En la vereda de enfrente, pero dentro del mismo gabinete provincial, aparece Ariel Puy Soria. El ministro de Vivienda y Hábitat, un histórico del peronismo local, no oculta su intención de ser intendente. Sin embargo, su campaña enfrenta el mismo obstáculo que la gestión actual: la billetera vacía. Puy Soria intenta construir su candidatura sobre la gestión de obras, pero se choca con la realidad de una provincia en default y sin financiamiento nacional.
Armando Molina y la gestión de la escasez
En el medio del fuego cruzado quedó el actual intendente, Armando Molina. Su situación es delicada: debe gestionar la ciudad más grande de la provincia con la canilla de recursos cerrada.
«Trata de gobernar sin recursos, haciendo malabares para pagar sueldos y brindar servicios básicos», describen en los pasillos municipales. La estrategia de sus rivales internos parece ser clara: dejar que el desgaste de la «asfixia financiera» erosione su imagen pública para llegar al 2027 con un intendente debilitado y listo para el recambio. Molina resiste, pero sabe que su supervivencia política depende de que la Provincia le gire fondos que hoy no aparecen.
Alerta roja en el entorno de Madera
Todos estos movimientos son seguidos con lupa desde la Vicegobernación. Teresita Madera sabe que el lanzamiento de la dupla López-Pérez y la instalación de candidatos propios en la Capital es una maniobra de pinzas diseñada para aislarla.
Fuentes cercanas a la vicegobernadora admiten que el escenario cambió: «Creyeron que la sucesión estaba ordenada, pero Ernesto Pérez pateó el tablero». Ahora, Madera se ve obligada a recalcular su estrategia: si no logra contener el avance de este nuevo frente interno en la Capital, su aspiración de suceder a Quintela podría desmoronarse antes de empezar la campaña. La orden en su equipo es clara: salir a disputar cada espacio de poder y romper el cerco que le intentan armar desde el Senado y el Ministerio de Producción.





