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La jugada de los Menem: el pacto con el kirchnerismo y una vieja factura riojana que dinamitó la relación con Macri

Los primos Martín y “Lule”, alfiles de Karina Milei, articularon la maniobra en Diputados que excluyó a Pro de la AGN y negoció con Máximo Kirchner. La venganza personal contra Monzó por una lista de 2013 y la furia del expresidente.


La tarde del miércoles en la Cámara de Diputados no fue una sesión más. Fue el escenario donde la «pata riojana» de La Libertad Avanza (LLA), encarnada por el presidente de la Cámara, Martín Menem, y su primo y mano derecha, Eduardo “Lule” Menem, ejecutó una jugada de ajedrez que dejó heridos graves en el tablero político. Al priorizar un acuerdo pragmático con el kirchnerismo y los gobernadores del norte, los Menem desataron la ira de Mauricio Macri y devolvieron la relación con Pro a «foja cero».

La jura de los nuevos auditores de la Auditoría General de la Nación (AGN) —Juan Forlón (Unión por la Patria), Mónica Almada (LLA) y Pamela Calletti (Salta/Norte)— consumó una estrategia diseñada en las oficinas de los primos riojanos, quienes actúan como los principales articuladores de la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei.

La arquitectura del pacto

Una decena de fuentes parlamentarias y partidarias coincidieron en señalar a los Menem como los arquitectos exclusivos de la movida, dejando al margen incluso al estratega Santiago Caputo. Martín Menem tendió puentes directos con Máximo Kirchner. La relación institucional que mantienen desde el inicio de la gestión libertaria sirvió de base para un acuerdo de convivencia: el kirchnerismo no obstaculizaría la sesión y, a cambio, LLA respetaría la silla de Forlón, un hombre de confianza del líder de La Cámpora.

En paralelo, los primos activaron sus contactos con el «Norte Grande». Articularon con el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, quien arrastró el apoyo de mandatarios como Raúl Jalil (Catamarca), Carlos Rovira (Misiones) y Osvaldo Jaldo (Tucumán). El intercambio fue claro: fondos discrecionales (ATN) y el lugar en la AGN para Calletti, a cambio de votos cruciales para el Presupuesto 2026.

Una venganza con sello riojano

Sin embargo, la exclusión de Pro no respondió solo a una necesidad matemática, sino que, según cuentan en los pasillos del Congreso, tuvo un componente de revancha personal con origen en La Rioja.

El acuerdo dejó afuera a Jorge Triaca, el candidato de Macri, pero también a Emilio Monzó, impulsado por sectores dialoguistas. Fuentes parlamentarias aseguran que Martín Menem tiene un encono histórico con Monzó. El motivo se remonta a 2013, cuando Monzó, entonces armador nacional de Macri, habría vetado y dejado fuera de una lista legislativa en La Rioja a Eduardo Menem, padre del actual presidente de la Cámara baja.

«Pro atribuye toda la responsabilidad a los Menem, con principal foco en Martín Menem», señalaron desde el entorno del expresidente, convencidos de que la maniobra fue deliberada para cobrar esa vieja factura política y, al mismo tiempo, licuar el poder de fuego de sus aliados amarillos.

La furia de Macri y el «foja cero»

La reacción de Pro fue virulenta. La bancada conducida por Cristian Ritondo, quien hasta el miércoles actuaba como el principal garante de gobernabilidad para los libertarios, se retiró del recinto durante la jura. Desde el partido amarillo aseguran que Macri considera lo sucedido como «un nuevo daño que la gestión de Milei le hace a la institucionalidad».

El expresidente se sintió traicionado al enterarse de que la silla prometida para Triaca había sido negociada por los riojanos para ubicar a Mónica Almada, una técnica propia a la que en el oficialismo defienden como «súper idónea» por su currículum como abogada y máster en Finanzas.

«La relación con el Gobierno vuelve a foja cero», sentenciaron cerca de Macri. Mientras tanto, en el despacho de la presidencia de la Cámara, los Menem celebraban en silencio: lograron aprobar el esquema de la AGN, aseguraron una silla propia para el oficialismo y demostraron que la conducción política de LLA, con raíz en La Rioja, empieza a ganar autonomía, incluso al costo de dinamitar los puentes con sus socios fundacionales.

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