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La interna del PJ bonaerense: Quintela monitorea la «tregua» entre Kicillof y Máximo para blindar su armado federal

Mientras se negocia contra reloj una lista de unidad para la cumbre de Malvinas Argentinas, el gobernador riojano refuerza su alianza estratégica con el mandatario bonaerense. La «paz armada» en el distrito electoral más grande del país es la condición necesaria para sostener la liga de gobernadores que Quintela impulsa desde el interior.


La batalla por el control del Partido Justicialista (PJ) de la provincia de Buenos Aires se libra en el Conurbano, pero sus esquirlas —y sus consecuencias— se siguen con atención milimétrica desde la residencia oficial de La Rioja. Para Ricardo Quintela, la «madre de todas las batallas» que protagonizan las tribus de Axel Kicillof y Máximo Kirchner no es una disputa ajena: de la pacificación del peronismo bonaerense depende la solidez del polo federal que el «Gitano» intenta consolidar para resistir la asfixia financiera de Javier Milei.

En las últimas horas, los teléfonos entre La Plata y La Rioja estuvieron abiertos. La noticia de que el peronismo bonaerense explora una «lista de unidad» en la víspera de la cumbre de este viernes en Malvinas Argentinas fue recibida con alivio en el entorno de Quintela. El gobernador riojano sabe que un Kicillof debilitado por la guerra interna es un socio menos potente para la disputa nacional por los recursos coparticipables.

El «laboratorio» de La Pampa y la foto federal

La conexión entre la interna bonaerense y la estrategia riojana quedó plasmada esta semana en la Casa de La Pampa. Allí, Kicillof se mostró junto a Quintela y sus pares Gildo Insfrán (Formosa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego), Sergio Ziliotto (La Pampa) y Elías Suárez (Santiago del Estero).

La foto no fue casual. Fue la demostración de fuerza de la «liga de los gobernadores», un espacio donde Quintela juega de local y donde Kicillof busca volumen político para su proyección 2027. Para el riojano, la ecuación es clara: necesita que Kicillof ordene su patio trasero (la PBA) para que pueda volcar su capital político en la pelea federal contra el Gobierno nacional.

En ese cónclave, según trascendió, se validó la estrategia de evitar fracturas expuestas. «Tenemos que llegar al viernes y sentarnos con los compañeros», había advertido Máximo Kirchner, bajando un mensaje que también resonó en el interior: no es tiempo de «desesperación nominal» por candidaturas, sino de supervivencia colectiva.

La negociación: Katopodis y la «unidad»

La arquitectura del acuerdo que se debate por estas horas tiene a Gabriel Katopodis y Julio Alak (alfiles de Kicillof) negociando con Federico Otermín, hombre de confianza de Martín Insaurralde y nexo con el camporismo. La intención es llegar a la cumbre partidaria con una hoja de ruta que incluya el llamado a elecciones internas para febrero, pero bajo el paraguas de una lista de unidad que evite una sangría.

Para Quintela, este movimiento es crucial. El riojano, que viene de protagonizar su propio intento de disputar la presidencia del PJ nacional, entiende que el peronismo no resiste más divisiones. Un quiebre en la Provincia de Buenos Aires dejaría a la oposición atomizada frente a un oficialismo libertario que, aunque con dificultades legislativas, avanza en su agenda económica.

El eje Quintela-Kicillof

La sintonía entre ambos mandatarios se profundizó tras la cumbre pampeana. Kicillof partió luego a Formosa con Insfrán y, al regresar, se sumó a la marcha de la CGT, movimientos que replican la agenda de resistencia que Quintela pregona desde el norte.

Sin embargo, desde el interior bonaerense, un pelotón de dirigentes también presiona. «Solicitamos el llamado a elecciones partidarias en forma urgente», exigieron en un documento firmado, entre otros, por el intendente de Villa Gesell, Gustavo Barrera. Esta demanda de «abrir el juego» sintoniza con el reclamo histórico de Quintela de federalizar las decisiones partidarias, sacándolas de la órbita exclusiva del AMBA.

Este viernes, en Malvinas Argentinas, se definirá si el peronismo bonaerense logra la anhelada unidad. Desde La Rioja, Quintela espera que haya humo blanco. Sabe que, sin paz en Buenos Aires, la trinchera federal que él comanda quedará peligrosamente expuesta.

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