A diferencia de sus vecinos de Catamarca o Tucumán, que desdoblaron su voto entre la aprobación general y el rechazo particular, la delegación riojana votó de manera polarizada. La fidelidad absoluta de Gino Visconti al plan libertario chocó contra la resistencia en bloque del «quinteliismo», sin matices intermedios.
La madrugada del jueves en la Cámara de Diputados dejó una radiografía política que, mirada desde La Rioja, revela una provincia partida en dos, sin lugar para los grises que dominaron la estrategia de otros mandatarios provinciales. Mientras el gobierno de Javier Milei celebraba una victoria pírrica —media sanción general, pero derrota en el corazón del ajuste universitario y de discapacidad—, los legisladores riojanos protagonizaron un duelo de lealtades extremas: el alineamiento automático con la Casa Rosada versus el rechazo total ordenado por la residencia oficial de la provincia.
La sesión, marcada por el debut de los libertarios como primera minoría y el rol de árbitros de los bloques provincialistas, dejó en claro que la estrategia del «toma y daca» que benefició a gobernadores como Raúl Jalil o Osvaldo Jaldo no tiene cabida en la ecuación política de Ricardo Quintela ni en la conducción legislativa de Martín Menem.
El voto riojano: blanco o negro
El análisis de las planillas de votación confirma la polarización. Gino Visconti, el alfil de La Libertad Avanza (LLA) en la banca riojana, cumplió al pie de la letra con el mandato de Balcarce 50. Su nombre figura en la columna afirmativa tanto en la votación en general (con 132 votos positivos) como en el polémico Artículo 75 (Capítulo 11), que proponía derogar las leyes de emergencia en discapacidad y financiamiento universitario. Para el oficialismo riojano, no hubo lugar para la disidencia ni la duda.
En la vereda de enfrente, el bloque de Unión por la Patria que responde a Quintela —integrado por Hilda Aguirre, Sergio Casas y Gabriela Pedrali— actuó como un muro de contención. Votaron en contra del proyecto en general y ratificaron su rechazo en la votación particular. A diferencia de otros sectores del peronismo que mostraron fisuras o negociaron ausencias, el «quinteliismo» se mantuvo abroquelado en la negativa absoluta.
El contraste con el Norte Grande
Lo más llamativo para la política riojana no es solo cómo votaron sus representantes, sino cómo lo hicieron sus vecinos. Mientras La Rioja jugaba a «todo o nada», las provincias limítrofes tejieron una estrategia de supervivencia más sofisticada.
- El caso Catamarca: El gobernador Raúl Jalil instruyó a su bloque, Elijo Catamarca (Fernanda Ávila, Fernando Monguillot y Sebastián Nóblega), para que apoyaran el Presupuesto en general, garantizando la gobernabilidad a Milei. Sin embargo, a la hora de votar el Capítulo 11, se dieron vuelta y votaron en contra, salvando los fondos universitarios.
- El caso Tucumán: Algo similar ocurrió con el bloque Independencia de Osvaldo Jaldo. Apoyaron la ley madre, pero Elia Fernández y Gladys Medina rechazaron el recorte específico.
Este comportamiento dual, que permitió a esos gobernadores mostrarse como «dialoguistas» ante la Rosada pero defensores de recursos locales ante sus votantes, no existió en La Rioja. La provincia quedó aislada de esa «tercera vía»: o se es «mileísta puro» o se es «opositor total».
Un golpe para Menem en su propia casa
Si bien Martín Menem presidió la sesión y no votó, la caída del Artículo 75 representa un golpe político que resuena en su territorio. El oficialismo logró sumar apoyos del PRO, la UCR y bloques menores para el número general, pero falló en la sintonía fina.
El rechazo a la derogación de la emergencia en discapacidad y financiamiento universitario fue transversal. Involucró a radicales, a la Coalición Cívica, a Provincias Unidas (Córdoba y Santa Fe) y a los bloques provinciales del norte. Que el oficialismo no haya podido contener a esos aliados circunstanciales expone las limitaciones del «músculo político» libertario, algo que los opositores riojanos leen como una señal de debilidad para lo que viene.
«El rol de los gobernadores fue determinante», reconocen en los pasillos del Congreso. Para La Rioja, el mensaje es doble: el Gobierno nacional avanza, pero la resistencia local se consolida en una trinchera que, por ahora, no negocia.





