Tras los «números azules» que el oficialismo exhibió en 2025, el gobernador ratificó a su ministro de Turismo como el único comandante del festival mayor. Con el Banco Rioja como garante financiero y la licitación de espacios VIP, la Casa de las Tejas apuesta a un febrero de alto impacto social y alivio económico.
En tiempos de austeridad y lupa sobre el gasto público, organizar una fiesta popular se convierte en un acto de alto riesgo político. Sin embargo, Ricardo Quintela despejó las dudas con pragmatismo: equipo que gana (y no pierde plata), no se toca. El gobernador volvió a confiar la organización integral de la Fiesta Nacional de La Chaya 2026 al ministro de Turismo y Culturas, Gustavo Luna.
La decisión no obedece solo a una cuestión de afinidad en el gabinete, sino a una planilla de cálculo. Según los informes que circularon en los despachos de la residencia oficial, la edición 2025 cerró con superávit. Ese dato funcionó como el salvoconducto para que Luna retenga el control de la «caja» y la logística del evento más importante de la provincia, blindándolo ante las críticas de la oposición sobre las prioridades del gasto.
Ingeniería financiera y control bancario
Para la edición que se desarrollará del 13 al 15 de febrero, el gobierno diseñó un esquema que busca maximizar ingresos y profesionalizar la venta. El Banco Rioja asumió el rol central en la comercialización de los tickets, un movimiento que garantiza trazabilidad en la recaudación y ofrece herramientas de financiación para asegurar un autódromo lleno.
La grilla artística, confirmada con nombres de peso como Abel Pintos, Soledad Pastorutti, Ulises Bueno, Euge Quevedo y La LBC, junto al infaltable Sergio Galleguillo, revela la estrategia: apostar a lo seguro. No hay margen para experimentos; el gobierno necesita masividad para validar la inversión y mantener la paz social en un mes clave como febrero.
La privatización de la experiencia VIP
Un dato distintivo de esta nueva etapa de gestión de Luna es la búsqueda de elevar la vara en los servicios premium, tercerizando el riesgo y la inversión. La Comisión Organizadora abrió el juego para la concesión de los Palcos Gastronómicos.
La convocatoria apunta al sector privado para que gestione cuatro espacios exclusivos con capacidad para 90 personas cada uno. El pliego exige no solo comida, sino una «propuesta integral»: ornamentación, mobiliario y vajilla temática. El gobierno busca que el empresario invierta en la «experiencia Chaya» a cambio de la rentabilidad del sector más pudiente del público.
Los interesados deben presentar sus proyectos en el Paseo Cultural Castro Barros. La selección, aclaran desde la cartera de Turismo, será técnica y estética. Con esta movida, Luna intenta modernizar el festival y, de paso, mostrar una faceta de articulación público-privada que suele caer bien en el electorado de clase media.
Quintela le dio la llave a Luna. El ministro tiene ahora la responsabilidad de repetir el éxito financiero del 2025. En un año pre-electoral como el 2026, la Chaya no será solo harina y albahaca; será una vidriera política donde el gobierno medirá su popularidad al ritmo del folklore.





