Ante el riesgo de una dispersión fatal en 2027, el ministro Ernesto Pérez impulsó el regreso de la polémica Ley de Lemas para que todas las listas del PJ tributen al ganador. La maniobra expone la fragilidad política del quintelismo y choca de frente con la Boleta Única de Papel que pregona Martín Menem.
El peronismo de La Rioja activó las alarmas. La preocupación por el escenario electoral de 2027 dejó de ser un murmullo de pasillo para transformarse en una estrategia de supervivencia explícita. Ernesto Pérez, ministro de Producción y una de las espadas políticas del gobernador, rompió el silencio y puso sobre la mesa la herramienta con la que el oficialismo pretende blindar su hegemonía: la Ley de Lemas.
La propuesta de Pérez no es inocente ni aislada; representa el reconocimiento tácito de una debilidad. El funcionario planteó que todos los aspirantes del peronismo deben competir en una misma elección, donde las diferencias internas se diriman sumando votos hacia el candidato más fuerte. El objetivo es matemático y desesperado: evitar que la fragmentación del voto justicialista entregue la provincia en bandeja a la oposición.
Un escudo contra el «efecto Menem»
El planteo de Pérez marca un contraste ideológico y metodológico abismal con la vereda de enfrente. Mientras Martín Menem, desde la presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación, levanta las banderas de la Boleta Única de Papel (BUP) como sinónimo de transparencia y modernización —buscando terminar con el «voto cadena» y el robo de boletas—, el oficialismo local apuesta a un sistema que muchos distritos ya descartaron por considerarlo arcaico y distorsivo.
La Ley de Lemas funciona como una red de contención para estructuras partidarias en crisis. Permite que un candidato con menos votos individuales gane la elección general gracias al aporte de listas colectoras o sublemas que, aunque no ganen, suman al total del partido. Pérez sinceró la necesidad del PJ: necesitan sumar todo, hasta lo residual, para ser competitivos.
La confesión de la fragilidad
El movimiento del ministro desnuda la realidad política de La Rioja: el aparato oficial ya no confía en ganar «mano a mano» con un candidato único. La irrupción de La Libertad Avanza y el crecimiento de la figura de los Menem obligaron al gobierno provincial a recalcular. Saben que una elección dividida, con fugas por derecha o por izquierda, puede resultar letal.
Pérez argumenta a favor de la «participación amplia», pero la lectura del Círculo Rojo es otra. Se trata de un artilugio de ingeniería electoral diseñado para retener el poder a cualquier costo. El oficialismo teme que, bajo un sistema de boleta única o elección directa tradicional, el desgaste de la gestión y la crisis económica nacional licúen su caudal de votos.
La discusión anticipada sobre las reglas de juego evidencia el nerviosismo en la Residencia 1. El peronismo riojano, acostumbrado a ganar con holgura, hoy busca en los viejos manuales de la política una fórmula mágica que le asegure la supervivencia más allá de 2027, aun si eso implica retroceder décadas en calidad institucional.





