La alianza se selló en el living del ministro de Vivienda para cerrar las listas legislativas: Ernesto Pérez logró imponer al concejal Gonzalo Becerra a cambio de lealtad al proyecto de Teresita Madera. Sin embargo, el titular de Producción giró hacia Florencia López y detonó el acuerdo. El «tsunami» político tuvo su epicentro en las elecciones del Club Andino.
En la política riojana, la palabra empeñada tiene fecha de vencimiento. La relación entre dos pesos pesados del gabinete de Ricardo Quintela, Ariel Puy Soria (Vivienda) y Ernesto Pérez (Producción), implosionó tras una secuencia de acuerdos incumplidos y movimientos de ajedrez que dejaron heridas abiertas en el peronismo capitalino.
La génesis del conflicto se remonta al cierre de listas para diputados provinciales. En aquellos días febriles, la residencia particular de Puy Soria ofició de «búnker» y zona de rosca. Por el living del ministro desfilaron dirigentes y punteros con un objetivo: unificar criterios electorales bajo la atenta mirada de la Casa de las Tejas. Pero la negociación escondía una trampa.
La obsesión de Pérez y la excepción a la regla
El gobernador Ricardo Quintela bajó una línea clara para el armado: buscaba oxigenación y limitó las aspiraciones de quienes ya ocupaban cargos electivos. Sin embargo, Ernesto Pérez desafió la directriz. El ministro de Producción se atrincheró en una postura solitaria y obstinada: exigió que el concejal Gonzalo Becerra integrara la lista de diputados.
Pérez quedó solo en la patriada. Nadie en la mesa chica avalaba la maniobra. Sin embargo, su insistencia y capacidad de desgaste rindieron frutos. Logró torcer la voluntad de los armadores y ubicó a Becerra en el tercer lugar de la lista encabezada por Juan Carlos Santander.
El pacto no escrito: «Todo para Madera»
La inclusión de Becerra no fue gratuita. Para destrabar esa candidatura, existió una negociación subterránea en la casa de Puy Soria. Incluso la vicegobernadora, Teresita Madera, intervino y dialogó con el dueño de casa sobre el tema.
El «acuerdo de caballeros» era simple y pragmático: Puy Soria y el maderismo cedían el lugar para Becerra, pero a cambio, Ernesto Pérez debía alinear su estructura y jugar políticamente para el proyecto de Madera rumbo a 2027. Se trataba de un intercambio de figuritas: una banca hoy por lealtad mañana.
El giro inesperado y la foto con la rival
Pero la política dinámica de La Rioja rompió el esquema. Con Becerra ya oficializado y la banca asegurada, Ernesto Pérez ejecutó un giro copernicano que el maderismo leyó como una alta traición. Lejos de militar la causa de la vicegobernadora, el ministro de Producción se mostró cerca de la senadora nacional Florencia López, quien cultiva las mismas aspiraciones de gobernación que Madera.
El gesto de Pérez, al validar a la competencia interna directa, dinamitó la confianza con Puy Soria. El ministro de Vivienda sintió que entregó capital político a cambio de nada. Pérez cobró por adelantado (con la banca de Becerra) y pagó con deslealtad.
El tsunami del Club Andino
La tensión acumulada encontró su válvula de escape en un escenario impensado: las elecciones del Club Andino. Lo que debía ser una contienda institucional deportiva se transformó en el campo de batalla donde se midieron fuerzas y rencores.
Allí se vivió el «tsunami». La ruptura del pacto Puy Soria-Pérez contaminó la elección del club y expuso la fractura del oficialismo. Los pases de factura volaron por el aire y dejaron en claro que, en el gabinete de Quintela, conviven facciones dispuestas a todo. Ernesto Pérez jugó su juego, pero en el camino rompió los puentes con el sector que maneja el territorio capitalino y, sobre todo, desafió a la vicegobernadora en su propia carrera hacia el poder.





