La vicegobernadora aceleró su armado político y sumó a su marido, Fernando Torres, como virtual jefe de campaña tras su salida del municipio. Sin cargos formales, él maneja la estrategia desde el llano, mientras ella utiliza la agenda institucional para recorrer la provincia y fidelizar lealtades.
La carrera por la sucesión en La Rioja comenzó antes de tiempo. Mientras el gobernador Ricardo Quintela atiende la agenda nacional y la gestión de la crisis, Teresita Madera decidió no esperar bendiciones oficiales y puso en marcha una maquinaria política propia con un objetivo claro: el sillón de Facundo Quiroga en 2027.
La estrategia combina gestión, territorio y una mesa chica impenetrable. En este esquema, la reciente salida de Fernando Torres de la Secretaría de Servicios Públicos del municipio capitalino no fue un repliegue, sino un movimiento táctico ofensivo. Liberado de las ataduras de la función pública diaria —y del desgaste que implica la recolección de residuos o el bacheo—, el marido de la vicegobernadora asumió el rol que el proyecto demandaba: se transformó en el virtual jefe de campaña a tiempo completo.
El estratega sin cargo
En los pasillos del poder riojano, la figura de Torres cobró un nuevo peso específico. No necesita un nombramiento en el Boletín Oficial ni un despacho de «Jefe de Gabinete» en la Legislatura. Su poder radica en la cercanía y en la operatividad. Desde el llano, Torres se encarga de lo que en la política se denomina la «rosca fina»: filtra los pedidos, organiza la agenda real detrás de la agenda pública y disciplina a la tropa propia.
El mensaje hacia adentro del peronismo resultó contundente: Madera ordenó su entorno familiar y político para blindar su aspiración. Torres, conocido por su perfil ejecutivo y su capacidad de movilización, ahora dedica el cien por ciento de su tiempo a la construcción de poder para su esposa, actuando como el principal interlocutor ante intendentes y dirigentes que buscan garantías de futuro.
Actos oficiales, campaña encubierta
La vicegobernadora encontró en la institucionalidad el vehículo perfecto para su proselitismo anticipado. Cada corte de cinta, cada aniversario departamental y cada entrega de recursos se diseñan como hitos de campaña. Madera recorre la provincia con una frecuencia e intensidad que excede lo protocolar.
En estas giras, el discurso oficial se mezcla con el posicionamiento personal. La vicegobernadora ocupa los espacios vacíos, pone el cuerpo en el territorio y teje, foto a foto, una red de relaciones directas con los caudillos locales, prescindiendo muchas veces de los intermediarios del Ejecutivo provincial.
La Residencia 2: el laboratorio del poder
Si el territorio es la vidriera, el quincho de la Residencia 2 funciona como el verdadero centro de operaciones. La vivienda oficial de la vicegobernación dejó de ser solo un espacio habitacional para convertirse en el búnker del «maderismo».
Allí, lejos de las miradas ajenas, se cocina la estrategia. Las reuniones en el quincho son constantes y transversales: legisladores, punteros, empresarios y gremialistas desfilan para cerrar acuerdos o negociar apoyos. En esas mesas, presididas por la dupla Madera-Torres, se discute el financiamiento, se miden encuestas y se diagrama el mapa de alianzas para enfrentar un escenario 2027 que promete ser feroz.
La decisión de jugar fuerte ya está tomada. Con Torres como arquitecto en las sombras y la Residencia 2 como cuartel general, Teresita Madera desafía los tiempos de la política tradicional y avisa que su proyecto no es una especulación, sino una construcción en marcha.





