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El Gobierno elige al Gitano Quintela como nuevo ring side para polarizar con el peronismo

El riojano quedó en la mira de Milei tras vaticinar un final anticipado del mandato libertario. La jugada de los Menem para asfixiarlo y el recelo de los gobernadores del PJ.


Ricardo «El Gitano» Quintela decidió que ya no le alcanza con el traje de gobernador de provincia chica y se lanzó a la pileta nacional, aunque el agua esté helada. Con su frase sobre que el Gobierno «no puede llegar al 10 de diciembre de 2027», el riojano le regaló a Javier Milei el enemigo perfecto: un «golpista» de manual para agitar el fantasma de la sedición y, de paso, tapar la licuadora económica.

En la Casa Rosada celebraron el traspié verbal. La respuesta no tardó en llegar vía Martín Menem, quien lo cruzó con dureza: «Es un mono con un martillo en una cristalería». El presidente de la Cámara de Diputados tiene un interés personal en el barro riojano; planea usar la estructura de La Libertad Avanza para desalojar al peronismo de la provincia el año que viene.

La asfixia financiera

La pelea no es solo de micrófonos, sino de caja. Quintela denuncia que Milei le cortó el chorro de los fondos extra que La Rioja recibía históricamente como compensación por el punto de coparticipación perdido en 1988. Sin ATN ni transferencias discrecionales, el «Gitano» tuvo que resucitar el fantasma de las cuasi monedas con el «Chacho», un parche que duró poco y que hoy cruje frente a la realidad financiera de una provincia al borde del estallido.

«La decisión es política. Buscan dañar a Quintela directamente», repiten en el entorno del gobernador, donde admiten que hoy solo sobreviven con el goteo diario de la coparticipación automática.

Interna al rojo vivo: ¿Con Cristina o con Axel?

La ambición nacional de Quintela choca con la geografía del PJ. Su intento de arrebatarle el partido a Cristina Kirchner terminó en un papelón administrativo de la Junta Electoral que lo dejó fuera de carrera. Sin embargo, esa aventura sirvió para blanquear su alianza con Axel Kicillof, el otro «herético» que se atrevió a desafiar la conducción del Instituto Patria.

Cerca de la ex Presidenta no le perdonan la osadía. Aunque tras la condena judicial hubo una foto de unidad de «familia ensamblada», el vínculo está roto. Quintela intentó armar un bloque anti-K en el Senado con Carolina Moisés y otros heridos, pero la jugada nació muerta por falta de volumen político.

El recelo de los «Colaboracionistas»

En el resto del mapa peronista, Quintela tampoco cosecha demasiadas simpatías. El tridente de gobernadores «friendly» con el Gobierno —Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca)— tomó distancia del riojano. Lo acusan de haberlos amenazado con intervenir los PJ locales si apoyaban la reforma laboral de Milei. «Se cortó solo y ahora quiere que lo salvemos nosotros», refunfuñan en el NOA.

Para completar el cuadro de ambigüedad, Quintela no cierra ninguna puerta. La semana pasada recibió a Victoria Villarruel en la Fiesta de la Chaya con un brindis que incluyó chistes sobre una posible fórmula peronista-libertaria. Un coqueteo que en el kirchnerismo duro cayó como una bomba, pero que al «Gitano» le sirve para seguir en el centro de la escena, mientras en su provincia las cuentas no cierran y los Menem le afilan la guillotina electoral.


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