El actual gobernador desistió de participar en la cumbre global de minería para evitar a mandatarios alineados a Javier Milei y a empresarios a quienes critica. Mientras la provincia se aísla y profundiza su crisis económica, el ex mandatario viajó por su cuenta, alertó sobre la necesidad de adherir al RIGI y escuchó en primera fila el duro rechazo del sector hacia la política riojana.
La principal cumbre minera de Canadá, el epicentro mundial donde se definen las inversiones que moldearán el futuro del oro, el cobre y el litio en los próximos años, se convirtió en el escenario de una silenciosa pero feroz disputa sobre el destino de La Rioja. A miles de kilómetros de distancia, quedaron expuestos dos modelos irreconciliables: la intransigencia ideológica del actual gobernador, Ricardo Quintela, y el pragmatismo desesperado de su antecesor, Luis Beder Herrera.
Mientras las provincias cordilleranas buscan seducir capitales extranjeros para oxigenar sus arcas, La Rioja fue protagonista por sus ausencias, sus internas y los pases de factura del sector privado.
El boicot de Quintela y la diplomacia de las ausencias
Ricardo Quintela tomó una decisión tajante: no pisar suelo canadiense. El motivo oficial no escrito, que resuena en los pasillos de la Casa de las Tejas, es estrictamente político. El mandatario provincial se negó a compartir fotos y paneles con gobernadores que hoy muestran sintonía con la Casa Rosada y las políticas de Javier Milei. Tampoco quiso sentarse a negociar con corporaciones multinacionales a las que, en su retórica habitual, acusa de venir a «saquear a la Argentina».
Para no dejar la silla completamente vacía ante los ojos del mundo, Quintela optó por enviar una comitiva liderada por la vicegobernadora, Teresita Madera, quien estuvo escoltada por la diputada nacional Gabriela Pedrali. Sin embargo, en el mundo de los negocios internacionales, la ausencia del poder ejecutivo titular es un mensaje que no requiere traducción.
Este desaire internacional es solo el último eslabón de una política sistemática. Cabe recordar que Quintela fue el arquitecto político que ordenó a sus legisladores votar en contra de las modificaciones a la Ley de Glaciares y quien, en su momento, impulsó con fuerza la ordenanza de «Municipio No Tóxico» en la capital riojana, marcando un perfil de hostilidad hacia la industria extractiva a gran escala.
La misión paralela y el crudo diagnóstico de Beder Herrera
En la vereda opuesta, y caminando por los mismos pabellones canadienses pero sin integrar la misión oficial del gobierno riojano, se movió el ex gobernador Luis Beder Herrera. Su presencia no fue casual. Viajó secundado por Oscar Lhez, ex secretario de Minería de la provincia y actual presidente de la Cámara Minera Riojana, quien logró convencer al ex mandatario de una realidad matemática: la única salida para la asfixiante situación económica de La Rioja está bajo tierra.
Sin embargo, el diagnóstico que Beder Herrera trae de regreso al país del norte incluye condiciones que hoy parecen una herejía para la administración quintelista. Para que la minería aterrice «en serio» y con inversiones concretas, la ecuación exige dos factores no negociables para los mercados:
- Adhesión total al RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones).
- Eliminación de la intermediación estatal, corriendo del medio a empresas provinciales como EMSE (Energía y Minerales Sociedad del Estado), que los inversores perciben como una barrera burocrática y política.
El pase de factura: aislamiento, trabas y quejas directas
El viaje de Beder Herrera no fue un paseo ameno. El ex gobernador tuvo que escuchar en vivo y en directo el duro pase de facturas de empresarios y mandatarios de otras provincias hacia la administración riojana.
El foco de mayor tensión fue San Juan. Los inversores y autoridades vecinas expresaron su profundo malestar por las constantes trabas y escollos logísticos o burocráticos que La Rioja impone, entorpeciendo el avance de proyectos mineros que benefician a la provincia cuyana.
Este nivel de conflictividad ha llevado a un escenario inédito: La Rioja hoy está aislada. No integra ninguna de las mesas mineras regionales (como la codiciada Mesa del Cobre o del Litio), no solo por decisión propia, sino porque los propios gobernadores de las provincias vecinas bloquean su ingreso para evitar que la «contaminación política» espante a los capitales.
En los corrillos de la cumbre canadiense, los empresarios no se guardaron nombres. Las críticas apuntaron con dureza hacia la gestión de Federico Bazán, ministro de Industria riojano, señalado por el sector privado como el rostro visible de una política que espanta los dólares.
Hoy, La Rioja atraviesa gravísimas dificultades económicas, ahogada por la falta de recursos propios y desconectada del motor productivo que está impulsando a todo el noroeste y cuyo argentino. Entre la militancia de la prohibición y la urgencia de la inversión, la provincia se encuentra en un laberinto donde el tiempo, y el dinero, se agotan.





