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Brutal ataque a una estudiante en La Rioja: la tiraron de la moto, la manosearon para robarle y su familia le ruega que abandone la universidad

El drama de Magalí, de 21 años, quien se mudó desde el interior de la provincia para cursar la Licenciatura en Bioimágenes. En medio de un apagón por una tormenta, fue interceptada por dos delincuentes. Denuncia que la Policía no investiga el hecho y que fue víctima de intentos de extorsión tras pedir ayuda. El crudo relato de una joven a la que la inseguridad le arrebató la tranquilidad y amenaza con destruir su futuro profesional.

La historia de Magalí es, lamentablemente, el reflejo de una realidad que golpea a miles de jóvenes en todo el país: el inmenso esfuerzo de dejar el hogar para forjar un futuro profesional, truncado en un instante por la violencia de la inseguridad y la preocupante desidia de las autoridades.

A sus 21 años, esta joven oriunda de la localidad riojana de Olta se encontraba a tan solo un año de cumplir su sueño. Instalada en la capital provincial, donde estudia la Licenciatura en Bioimágenes en la universidad y trabaja para sostenerse, su vida dio un vuelco aterrador la noche en que regresaba a su precaria vivienda tras una dura jornada laboral.

El terror en la oscuridad

El brutal hecho ocurrió en la zona sur de la ciudad de La Rioja, en la calle Ñolo Albarracín, a pocos metros de la avenida Ramón Navarro. En medio de una fuerte tormenta que había provocado un corte de luz masivo en el barrio, Magalí circulaba a baja velocidad en su motocicleta, atenta a no resbalar. «Venía muy despacito por la lluvia porque bueno, con los pozos no se puede andar fuerte», relató la víctima al medio local Medios Provincia en un crudo testimonio.

Dos delincuentes a bordo de otra moto 110cc la encandilaron y la interceptaron. Con una violencia desmedida, el acompañante se bajó, la tomó del cuello y la arrojó violentamente contra un montículo de arena. Pero el ataque no terminó allí: además de los golpes que le dejaron hematomas en todo el cuerpo, el asaltante cruzó un límite aberrante. «Él me agarró del cuello y me tiró de la moto y ahí se me tiró encima. No me dejaba mover, me agarró los brazos y me metió la mano en el pantalón para sacarme el celular», detalló Magalí, visiblemente conmocionada.

Tras el abuso y el robo de su teléfono personal, los criminales huyeron con su moto, una Corben Energy 110 de color rojo con detalles negros, que la joven había comprado con sus ahorros.

La desidia policial y la revictimización

Si el asalto fue traumático, lo que siguió para Magalí fue un auténtico calvario burocrático e institucional. A pesar de haber realizado la denuncia correspondiente en la Comisaría Novena y en la Dirección de Investigaciones, la joven estudiante asegura que el accionar de las fuerzas de seguridad fue prácticamente nulo.

«Tardaron como dos horas y cuando me tomaron la denuncia me dijeron que me guíe más por redes sociales, que publique», denunció con impotencia. Esta recomendación oficial la llevó a una segunda pesadilla: tras publicar el robo pidiendo ayuda a la comunidad, sufrió al menos tres intentos de estafa por parte de delincuentes que le exigían transferencias de 300.000 pesos a cambio de devolverle el vehículo.

Mientras tanto, las cámaras de seguridad de los vecinos, que captaron la ruta de huida de los asaltantes, siguen sin ser relevadas por los investigadores. «La policía me dijo que iban a buscar esa misma noche, pero no recibí ningún tipo de novedades y tampoco están pidiendo las cámaras, no están haciendo nada», reclamó la joven en un grito de auxilio que expone la profunda vulnerabilidad de las víctimas en el interior.

Un futuro en jaque

Hoy, Magalí se encuentra bajo tratamiento con pastillas para poder dormir producto de los nervios. El trauma psicológico («me traumó que se me tiren encima», confesó), el miedo paralizante a salir a la calle y la pérdida de sus herramientas fundamentales para estudiar y trabajar han generado una crisis familiar absoluta.

Su padre, quien viajó de urgencia desde Olta al enterarse del ataque, tomó una decisión radical impulsada por el pánico: le pidió que regrese a su pueblo natal y abandone la vida en la capital, lo que implicaría dejar sus estudios.

Aunque ella se resiste a rendirse por completo y la familia busca alternativas de educación «a distancia» para que la joven no pierda lo logrado, el impacto de este caso resuena a nivel nacional. Es el drama de una juventud que intenta progresar a base de mérito y sacrificio en las provincias, pero que termina acorralada por la violencia urbana y librada a su suerte ante un Estado que no da respuestas.

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