Cristian Brouwer, director de la empresa concesionaria del emblemático predio en La Rioja, analizó el impacto de la crisis económica y el tipo de cambio. Pese a la retracción, destacó el fuerte nivel de reservas, la inauguración de un trekking inédito y el rol vital del parque como motor de empleo formal en el desierto riojano.
El cierre de la temporada baja dejó un saldo que enciende las alarmas en el sector turístico a nivel nacional, y el Parque Nacional Talampaya, una de las joyas de la provincia de La Rioja, no fue la excepción. En medio de una coyuntura económica compleja, el destino experimentó una caída interanual del 15% en la cantidad de visitantes, un fenómeno directamente ligado al atraso cambiario que abarata los viajes al extranjero frente a los destinos locales.
«Estamos notando, como el resto del país, una retracción de visitación que obedece a una coyuntura del país de que está muy barato ir al exterior y lo estamos sufriendo un poco con el turismo en Argentina», explicó Cristian Brouwer, director de Volterra, la empresa concesionaria de los servicios del parque. No obstante, el empresario aclaró que la merma no fue tan abrupta como la sufrida en otros destinos tradicionales, como Bariloche o Salta.
Con la mirada puesta en la temporada alta, que arranca en Semana Santa y se extiende hasta el mes de octubre, las expectativas se renuevan. Las reservas anticipan un repunte significativo que permitiría equilibrar la balanza y compensar las bajas recientes.
Nuevas experiencias en la inmensidad roja
Para hacer frente a la caída de visitantes y seducir a un público cada vez más exigente, la oferta dentro del parque se ha diversificado drásticamente. A las tradicionales excursiones en vehículos 4×4 por el lecho del río seco y el cañón de Shimpa, este año se suma una propuesta inédita: un recorrido de senderismo por las alturas.
«Hemos inaugurado un trekking que podemos subir arriba del cañón de Talampaya […] y la vista de él es muy bonita», destacó el directivo. Esta innovación se complementa con los servicios de otros prestadores locales que recientemente habilitaron recorridos en bicicleta, paseos hacia la mística Ciudad Perdida y exclusivas excursiones al atardecer, ampliando el abanico de actividades con el objetivo de prolongar el pernocte de los turistas en la zona.
El desafío de operar en el desierto y su impacto socioeconómico
Mantener la rentabilidad en un entorno extremo y proteger un sitio que es Patrimonio de la Humanidad no es una tarea sencilla para el sector privado. La logística requiere un esfuerzo constante, desde transportar agua a 60 kilómetros de distancia hasta movilizar diariamente a todo el personal y los insumos.
Pese a los altos costos operativos, el impacto económico de la concesión es vital para las comunidades aledañas, en una región donde actividades tradicionales como la agricultura han ido perdiendo fuerza. «Tenemos en este momento una planta permanente de 43 personas, que se duplica en las temporadas altas. La verdad que el 98% son personas de Pagancillo y Villa Unión», detalló Brouwer. Todos estos puestos de trabajo son formales, inyectando dinamismo a una economía local históricamente olvidada.
En materia de conservación y seguridad interna, la gestión trabaja de manera articulada con Parques Nacionales. Recientemente, el accionar eficiente de los guardaparques permitió detectar y procesar por la vía penal a un turista que había vandalizado con grafitis un sector aledaño al cañón principal.
Precios, accesibilidad y la barrera de la conectividad
Atraer turistas también requiere un esquema tarifario que logre adaptarse a distintos bolsillos en épocas de inflación. Las excursiones oscilan actualmente entre los $20.000 y los $80.000, ubicándose el nuevo trekking en el orden de los $36.000.
La empresa asegura contar con importantes beneficios sociales: los menores abonan la mitad de la tarifa, los jubilados cuentan con descuentos y las personas con discapacidad ingresan gratis. Como medida de impulso local, los residentes de localidades riojanas de influencia directa (como Chilecito, Villa Unión, Pagancillo, Guandacol y Patquía) tienen sus recorridos completamente bonificados.
Por el momento, el mayor obstáculo para la expansión del turismo internacional —que hoy representa entre el 10% y el 12% del público del parque— sigue siendo de índole estructural. La provincia cuenta con apenas un vuelo diario, lo que limita fuertemente la llegada masiva de extranjeros. «En la medida que se genere más oferta de vuelos, creo que nos va a aumentar bastante la cantidad de visitantes», concluyó Brouwer.
A la espera del aluvión de Semana Santa, Talampaya se rearma y busca demostrar que, más allá de los vaivenes económicos, su majestuosidad ancestral sigue siendo uno de los imanes ineludibles de la Argentina.





