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El gomero solidario de La Rioja que transforma bicicletas viejas en sonrisas para los niños más necesitados

Martín Casas, vecino del barrio Néstor Kirchner en la capital riojana, comenzó hace un año y medio la campaña «Dame una mano». En su taller recibe donaciones, repara juguetes y ya logró cambiarle la vida a casi 300 chicos de zonas vulnerables. Una historia de empatía y amor puro.

En tiempos donde las dificultades diarias aprietan, las historias de solidaridad que emergen desde el interior del país actúan como verdaderos motores de esperanza. En la zona sur de la ciudad capital de La Rioja, más precisamente sobre la avenida Coronel Montes, en el barrio Néstor Kirchner, se encuentra el taller de Martín Casas. Sin embargo, este lugar no es una gomería común: se ha convertido en el corazón de la campaña «Dame una mano», una iniciativa comunitaria que nació de la voluntad de un trabajador y que hoy genera un impacto social incalculable.

Martín es gomero de profesión, pero reparador de infancias por vocación. Todo comenzó de manera casi espontánea hace un año y medio. «Fue una idea que compartimos con unos amigos», relató, sin poder contener las lágrimas frente a las cámaras. Al recibir las primeras donaciones de objetos dañados, decidió involucrarse personalmente: «Nos pusimos a arreglarlas y empezó a salir, de menor a mayor». Su sensibilidad, que lo quiebra al recordar cómo fue creciendo el proyecto, demuestra el compromiso genuino que tiene con su comunidad.

El objetivo de su cruzada es claro y directo: llevar felicidad a los niños que menos tienen, especialmente a aquellos de zonas rurales o barrios donde estrenar algo es un lujo inalcanzable. «El juguete y la bici es lo que uno anhela cuando es chico. Hay lugares que no tienen la facilidad de tener un juguete, entonces se lo llevamos. Es lo más importante para la infancia», explica Martín con profunda convicción.

Lo que inició como una pequeña acción barrial, rápidamente «se le fue de las manos», como él mismo confiesa con asombro. Hoy, la comunidad riojana confía ciegamente en su labor, acercándole diariamente bicicletas oxidadas, triciclos rotos y juguetes olvidados. Martín, donando su tiempo libre y utilizando sus propias herramientas, los reacondiciona hasta dejarlos listos para una nueva vida. Su gomería funciona, de hecho, como un centro de recepción solidario que está disponible las 24 horas para cualquiera que desee aportar su granito de arena.

El impacto del trabajo de este «gomero solidario» es verdaderamente conmovedor. Hasta la fecha, Martín calcula haber entregado «casi 300» bicicletas y juguetes, devolviéndole la alegría a cientos de niños a lo largo y ancho de la provincia. Para él, la recompensa no se mide en números, sino en gestos: «Ver a un niño sonreír es la alegría más grande que me da Dios. Es algo impagable».

En medio de las noticias urgentes, la gomería de la avenida Coronel Montes es un recordatorio nacional de que las grandes transformaciones no siempre necesitan de enormes presupuestos, sino simplemente de la empatía y la voluntad de dar una mano.

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