El gobernador impulsa un «operativo clamor» por un tercer mandato, a sabiendas de que no superará el filtro de la Corte Suprema. La verdadera estrategia: ordenar las internas, retener el control de la caja y allanar el camino para Gabriela Pedrali, en medio de fuertes denuncias de la oposición libertaria por el colapso de la provincia.
En el siempre agitado tablero político de La Rioja, el oficialismo puso en marcha una maquinaria que, a primera vista, parece un desafío institucional, pero que en el fondo esconde una jugada de ajedrez estrictamente interna. El denominado «operativo clamor» para habilitar una re-reelección del gobernador Ricardo Quintela ya resuena en los actos públicos y despachos provinciales. Sin embargo, detrás de la épica militante, se esconde una certeza que el propio «quintelismo» maneja en reserva: un tercer mandato consecutivo no supera el test de constitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN).
Si el final legal está cantado, ¿por qué forzar la maquinaria institucional de la provincia? La respuesta radica en la supervivencia política y el control del poder territorial.
Según el crudo análisis de Diego Molina Gómez, diputado provincial por La Libertad Avanza, la embestida por la re-reelección tiene una única y pragmática finalidad: ordenar al peronismo detrás de la figura del gobernador. Hoy por hoy, Quintela es el único dirigente al que nadie dentro del Partido Justicialista riojano se atreve a cuestionar públicamente, fundamentalmente porque es quien tiene la llave y el manejo absoluto de la «caja» del poder.
«Llevar en burro» al PJ y el factor Pedrali
La estrategia del oficialismo provincial es tan simple como audaz. Se trata de «llevar en burro» a todo el PJ riojano, obligando a intendentes, legisladores y funcionarios a encolumnarse detrás del proyecto de re-reelección, aun con el conocimiento pleno de que el máximo tribunal del país declarará la inconstitucionalidad de la maniobra.
Para cuando llegue el inevitable revés judicial, el objetivo político de Quintela ya estará cumplido. El mandatario habrá disciplinado a las distintas facciones del partido, evitando que, en la carrera por la sucesión, le «crezcan los enanos» o surjan liderazgos paralelos que amenacen su hegemonía.
El desenlace de este plan maestro tiene nombre y apellido. Cuando la Corte baje su candidatura, Quintela quedará en una posición de fuerza inmejorable para designar a dedo y sin resistencia interna a su socia política y heredera natural: la actual diputada nacional Gabriela Pedrali. Una especie de sucesión «ab intestato» diseñada a medida.
Veinte años en el poder y el relato contra la Nación
Mientras el laboratorio político del quintelismo diagrama la sucesión, la realidad de la gestión territorial muestra grietas profundas que la oposición libertaria no deja pasar. El diputado Molina Gómez señala que los doce años de Quintela en la intendencia de la capital, sumados a sus casi ocho años en la gobernación, equivalen a casi dos décadas de un modelo al que califica de «saqueo». La otrora bautizada «Ciudad de los Sueños» luce hoy colapsada en su infraestructura y servicios básicos.
Para contrarrestar el malestar social y económico, se espera que el gobernador apele a su manual de estilo discursivo en sus próximas apariciones públicas, enfocando sus cañones directamente contra la Casa Rosada. El mandatario riojano insistirá con su retórica confrontativa, argumentando que «Milei nos asfixia financieramente» o que el gobierno nacional «le quita derechos a los trabajadores», e incluso apelando a chicanas de política internacional sobre conflictos como el de Irán.
Sin embargo, para los representantes de La Libertad Avanza en la provincia, estas excusas no son más que un cúmulo de palabras vacías. El dardo final de Molina Gómez apunta directamente al estilo de vida de la cúpula provincial, a la que define sin filtros como una «banda de millonarios» que se enriquecieron con los recursos del Estado, coronando sus críticas con ironías sobre ostentosas vacaciones familiares por Canadá en medio de la severa crisis que atraviesan los riojanos de a pie.
En La Rioja, la batalla por el 2027 ya comenzó. Y aunque el escenario se vista de épica constitucional, todo se reduce a una feroz disputa por mantener el control del feudo.





