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El juego de espejos de Ricardo Quintela: un enjambre de candidatos y la posibilidad de una re-reelección para retener el poder en La Rioja

El gobernador riojano habilita una interna feroz y atomizada en el peronismo local para desgastar aspiraciones prematuras y contener el avance de Martín Menem; la reforma constitucional, el as en la manga ante un escenario adverso.

LA RIOJA.– En el laboratorio político del peronismo riojano, la máxima que rige por estas horas es la de la dispersión controlada. El gobernador Ricardo Quintela ha decidido moldear su sucesión bajo un estricto manual de autopreservación: abrir el juego a un enjambre de aspirantes, pero sin otorgar bendiciones anticipadas. La estrategia encierra un doble propósito: mantener la centralidad absoluta del poder provincial y evitar que un delfín prematuro desequilibre la balanza, justo cuando el universo libertario, comandado a nivel local por el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, asoma como un rival de fuste en el horizonte.

“Ricardo no pone en valor a nadie, no estamos en momentos de desequilibrar la competencia”, advierten, con rigurosa disciplina, desde el entorno más cercano al mandatario. El objetivo táctico es casi quirúrgico: que todos los postulantes midan una porción respetable pero insuficiente de la torta electoral —entre ocho y diez puntos de intención de voto—. De ese modo, ninguno se vuelve imprescindible y todos permanecen condicionados a la lapicera del «Gitano».

Detrás de este ajedrez no solo opera la lógica de la contención, sino un instinto de supervivencia política. En el Instituto Patria riojano saben que si un candidato lograra despuntar de manera categórica, la autonomía de Quintela quedaría jaqueada, abriendo una disputa prematura por la conducción del PJ provincial. Mantener una grilla horizontal y competitiva le garantiza al gobernador transitar los meses venideros sin fisuras ni sublevaciones en el frente interno.

Un tablero con múltiples terminales

La lista de pretendientes es tan amplia como diversa, abarcando desde la gestión territorial hasta el seno familiar:

  • Armando Molina: El actual intendente de la capital riojana representa la máxima cercanía emocional y política con el gobernador. Su trayectoria es el reflejo de una lealtad incondicional: comenzó como fotógrafo oficial de Quintela, escaló a secretario ejecutivo durante sus primeras intendencias, fue su viceintendente y, finalmente, secretario general de la Gobernación antes de recalar en el Palacio Ramírez de Velasco.
  • Teresita Madera: La vicegobernadora actual aporta el despliegue territorial y el volumen institucional. Con un extenso recorrido en el andarivel legislativo y un pasado como ministra de Desarrollo Social, Madera se posiciona como una de las cartas naturales del aparato justicialista.
  • Florencia López: La senadora nacional y exvicegobernadora durante el primer mandato de Quintela mantiene vivas sus aspiraciones. La exintendenta de Arauco cuenta, además, con el antecedente de haber sido la carta que los gobernadores del Norte Grande intentaron proyectar para la Corte Suprema de Justicia tras la salida de Elena Highton de Nolasco.
  • Natalia Álbarez Gómez: Desde el sector académico, la rectora de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR) asoma como una opción de renovación, con menos rodaje en el barro de la política tradicional pero con un perfil institucional valorado.

El componente familiar añade otra capa de complejidad a la puja. El propio Jerónimo Quintela, hijo del mandatario y actual titular de la distribuidora eléctrica estatal Edelar, blanqueó sus ambiciones sin rodeos: “Aspiro a la gobernación como cualquier político”, deslizó. No obstante, en la misma mesa se sienta Gabriela Pedrali, diputada nacional, madre de los hijos del gobernador y dirigente con peso propio en la estructura del PJ local, cuya postulación mantiene vigencia.

La cláusula del misterio

Sin embargo, el verdadero factor de poder en la estrategia de Quintela no radica en quiénes caminan la provincia, sino en el vacío legal que él mismo ayudó a construir. Si sus planes de proyección en el escenario político nacional no logran la densidad esperada, el gobernador guarda un as bajo la manga: un tercer mandato consecutivo.

La llave de esta opción se gestó en el primer semestre de 2024, durante la reforma de la Constitución provincial. Si bien el nuevo texto establece de manera taxativa que los cargos ejecutivos y legislativos solo pueden ser reelectos una sola vez, la Convención Constituyente omitió adrede incluir una cláusula transitoria que especificara cómo computar los mandatos previos, ejercidos bajo la vieja Carta Magna.

Ante este limbo legal, el oficialismo riojano se prepara para activar, de ser necesario, una interpretación judicial favorable en los tribunales locales. El argumento técnico que esgrimen cerca del Ejecutivo es que, al modificarse sustancialmente las condiciones del ejercicio del cargo bajo el nuevo texto constitucional, el período actual debe considerarse como el primero de una nueva era.

Fue precisamente este punto el que encendió las alarmas de la oposición durante las sesiones de la Convención, donde los bloques minoritarios intentaron sin éxito bloquear la rendija de la re-reelección. La mayoría automática del peronismo impidió cualquier blindaje. Así, mientras el enjambre de candidatos camina la provincia bajo el sol riojano, Quintela se asegura de que todos los caminos, formales e interpretativos, sigan conduciendo a su despacho.

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