El intendente riojano exhibe mejoras barriales e inaugura infraestructura propia como un dique de contención ante la crisis. El recurso de apelar a la matriz fundacional del quintelismo y el guiño a la prensa en una capital que vigila el gasto público.
LA RIOJA.– En el ajedrez político que se juega en el Norte Grande, cada movimiento en el territorio expone una necesidad. Obligado por el severo torniquete financiero que la macroeconomía impone sobre las provincias, el intendente de la capital riojana, Armando Molina, ensayó en las últimas horas una coreografía clásica de repliegue táctico: la hiperlocalización de la agenda.
Lejos de los grandes debates de la alta política y de los cruces discursivos que suelen caracterizar a la Casa de las Tejas, el jefe comunal eligió blindar su narrativa bajo el paraguas del «piso de cemento» urbano y la liturgia justicialista. El despliegue de operativos barriales en la Plaza La Huella, en el castigado Barrio San Martín, opera como un mensaje directo a una clase media-baja local cuyas demandas por servicios públicos básicos no admiten dilaciones.
«Priorizando la recuperación de los espacios verdes», deslizó el intendente. Detrás del eslogan de gestión se esconde una lectura pragmática: ante la escasez de recursos para megaproyectos de infraestructura, el reacondicionamiento del espacio público inmediato se convierte en el activo contracíclico por excelencia para contener el humor social.
El factor quintelista y la mística de los 20 años
El hito institucional de la semana, sin embargo, se trasladó al plano de los medios públicos locales. Tras dos décadas de postergaciones, la inauguración de la sede propia del Canal Municipal le permitió a Molina articular un relato que excede lo estrictamente administrativo para adentrarse en la construcción de poder interno.
Al remontar la génesis de la señal audiovisual a un «sueño» concebido hace veinte años por el actual gobernador Ricardo Quintela, el intendente no solo ratificó su verticalidad política, sino que activó un mecanismo de memoria selectiva indispensable para aceitar la maquinaria militante.
- Líneas de lealtad: El reconocimiento explícito a figuras del esquema comunicacional como Miguel Galeano –pieza clave del andamiaje provincial– y Marcelo Quiroga funciona como un reaseguro de cohesión interna en momentos donde los alineamientos se miran con lupa.
- La épica del empleo estatal: La ponderación de la «mano de obra municipal» como motor exclusivo de la obra pública busca dotar de épica a un sector del empleo estatal fuertemente esmerilado por el discurso libertario nacional. Es el modelo riojano exhibiendo su resistencia cultural.
Periodismo y gobernabilidad
El cuadro de situación se completó en la plaza institucional, con el izamiento de pabellones en vísperas del Día del Periodista. En un distrito donde la relación entre el poder político y las empresas periodísticas locales es un engranaje central para la gobernabilidad, la foto oficial portó una carga de pragmatismo. Molina entiende que la validación de sus «operativos integrales» requiere de la amplificación de los canales tradicionales si pretende perforar el escepticismo de la opinión pública capitalina.
Molina ensaya así una respuesta de manual peronista para tiempos de vacas flacas: proximidad vecinal, apelación al origen del proyecto político y un estricto control de daños en el principal bastión electoral de la provincia. La duda que persiste en los despachos de la gobernación es si el microclima de las plazas y las inauguraciones de nicho bastará para amortiguar el persistente reclamo de los sectores que demandan reformas estructurales.





