El ministro de Producción y Ambiente, Ernesto Pérez, lanzó una dura embestida contra el régimen de inversiones de Luis Caputo y Martín Menem. El trasfondo de una provincia que debate el costo de la apertura económica y la defensa del compre local.
LA RIOJA.– En el mapa de la resistencia peronista al modelo libertario, la provincia que conduce Ricardo Quintela ha decidido no ceder un solo milímetro de ventaja discursiva. En las últimas horas, el tablero político regional acusó el impacto de un nuevo y virulento cuestionamiento contra la nave insignia económica de la Casa Rosada. El encargado de dinamitar los puentes de diálogo fue el ministro de Producción y Ambiente riojano, Ernesto Pérez, quien apuntó directamente contra el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
«El RIGI de Luis Caputo y Martín Menem es basura. No le sirve a nadie», disparó el funcionario a través de sus canales oficiales. La vehemencia del planteo de Pérez —un hombre clave en la estructura de control de los recursos naturales y el desarrollo productivo provincial— no es un exabrupto aislado; configura una calculada declaración de guerra política hacia el corazón del equipo económico nacional y, en particular, hacia el riojano Martín Menem, principal alfil del oficialismo federal en el distrito.
Con esta definición, la Casa de las Tejas busca obturar cualquier intento de aproximación local a los beneficios del régimen, posicionando a La Rioja como el reverso exacto de la flexibilización tributaria y aduanera que promueve Balcarce 50.
La tensión entre el capital extranjero y el compre local
Detrás del trazo grueso de la descalificación ministerial, subyace una discusión estructural que desvela a los sectores productivos del Norte Grande. El Ministerio que conduce Pérez maneja indicadores sensibles respecto de la fragilidad del entramado de pequeñas y medianas empresas riojanas, fuertemente golpeadas por la parálisis de la obra pública y la caída del consumo interno.
Para el ala dura del quintelismo, el RIGI representa una amenaza directa a la soberanía económica provincial por tres factores centrales:
- Asimetría competitiva: La exención de derechos de importación para bienes de capital e insumos que otorga el régimen nacional es leída por la administración local como un certificado de defunción para metalúrgicas, constructoras y proveedoras logísticas vernáculas.
- El fantasma del enclave: En los despachos de la cartera de Producción predomina el temor de que las grandes inversiones —asociadas al litio, el cobre o la energía limpia— operen bajo una lógica de enclave extractivo, que exporta riqueza sin dejar valor agregado ni desarrollo industrial en el territorio.
- La disputa minera colindante: El posicionamiento de Pérez coincide con los primeros ruidos logísticos en la región vinculados a megaproyectos fronterizos (como el distrito minero Vicuña), donde los gremios ya advierten sobre la precarización de la cadena de proveedores locales en favor de corporaciones extranjeras.
El factor Menem y la interna por el relato riojano
La mención explícita al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, le imprime al conflicto un ineludible tinte doméstico. La Rioja se encamina hacia un escenario de fuerte polarización política, donde La Libertad Avanza intenta capitalizar el desgaste financiero de una provincia obligada a administrar la escasez tras el severo recorte de las transferencias no automáticas.
Al asociar el apellido Menem con un proyecto calificado de «basura», el ministro Pérez intenta reactivar la histórica fibra del nacionalismo económico peronista frente a la receta de desregulación de la década de los noventa, hoy reencarnada en el programa de Javier Milei. Es la estrategia de provincializar el debate: confrontar el modelo de subsidio y contención estatal que defiende Quintela contra la intemperie del mercado que propone la delegación libertaria local.
El desafío para la gestión de Quintela y su elenco de ministros será demostrar si la trinchera ideológica y el rechazo cerrado al RIGI bastan para sostener el empleo y la actividad económica en un invierno fiscal prolongado, o si la rigidez discursiva terminará por marginar a la provincia del flujo de divisas que sus vecinos de la región ya empiezan a disputar con pragmatismo.





